Francisco Ortiz vuelve a sorprendernos después de su estupenda novela Última noche en Granada. Y digo sorprendernos porque Almería 66, Ortiz ha encontrado a través de los 44 relatos que componen la obra, la encarnación perfecta de su propia visión sesgada e inquietante de la vida cotidiana de unos seres desarraigados, personajes que, en algunos casos, intentan comprender por qué le han correspondido semejante maldición. No son capaces de formularse a sí mismos sus propias miserias o sus propias confusiones. En consecuencia, estos relatos suscitan la nostalgia de una certeza moral y de cierta claridad de perspectiva frente a una cultura que se ha vuelto ilegible e impensable. Ese deseo habla de cierta inocencia incluso en medio de la depravación. En el fondo del agujero, no hay nada que te haga salir. Somos incapaces de medir las consecuencias de nuestras acciones. El clima de desesperanza y fracaso, la ignorancia y sus prejuicios. Son seres acostumbrados a resolver con violencia los problemas que se les plantean, faltos de un apoyo cultural y carentes de una madurez humana y mental que les permitiera una solución civilizada, su reacción ante las dificultades es primitiva, pero congruente con su postura vital. Personas que han perdido el norte, que se sienten desorientados, que se engañan y que no son capaces de encajar sus problemas.
Los modelos populares y el encanto se desvanecen rápidamente para revelar algo más sombrío, innoble e insondable. En el proceso, Francisco Ortiz, señala que el cliché de nuestra sociedad contemporánea, de esa tierra de benevolencia comunal exige una revisión. A lo largo de los 44 relatos acudimos a actos violentos que no pueden, necesariamente, explicarse ni racionalizarse. Es el signo de la habilidad de Ortiz, de nuestra identificación con sus relatos, animada por su narración. En algunos de sus cuentos existen escenas escabrosas y perturbadoras de violencia de género casi nunca reflejadas en la literatura de una manera tan sutíl exenta de cualquier maniqueo a la que estamos tan acostumbrados. Ortiz no se conforma con explicaciones fáciles. Muchos de sus personajes no están sencillamente locos; la "enfermedad" que los empujan a una cólera asesina tienen unas complejas historias familiares. De ahí también la enorme intensidad de sus relatos, el logro con maestría inigualable del suspense en todas sus páginas, e incluso en cada una de sus líneas. Ortiz sabe encarnar sus personajes, y lo hace con frecuencia, en padres de familia, en esposas y novias, en niños. Y las reacciones de sus protagonistas son tan reales y humanas, que sólo una penetración y unas experiencias muy próximas pueden haber captado y sabido expresar. La violencia está tan delicadamente entretejida en la textura de la vida contemporánea que ya no es posible de detectarla o describirla, ni sabe dónde termina el capitalismo y empieza el embrutecimiento. Ortiz propone que la enfermedad de muchos de sus personajes no es una manifestación de una disfunción individual, sino de los males de nuestra sociedad. Lo extremado de la violencia, y el modo impasible de describirla, confiere a la escritura una dimensión extraña y etérea, que es lo más aproximado a una ética, o a una estética, que puede permitirse estos relatos.
"Vivir es una aventura y echarle cojones", dice uno de los personajes de la obra. Escribir como lo hace Francisco Ortiz, también.
7 comentarios:
Yo soy un admirador de "Ultima noche en Granada" y ocupa un distinguido lugar en la biblioteca de mi casa. Le tengo mucho cariño a ese protagonista, vigilante nocturno, ex-policia. Esta sugerencia me la anoto en lugar privilegiado dentro de mis preferencias. Un abrazo Paco.
Me apunto los dos títulos para regalar ya que no soy muy fan de este tipo de historias, pero sí conozco a alguien muy especial para mí al que seguró le encatarán.
Y además viniendo de ti me fío en que no les faltará calidad literaria.
Un beso, Paco.
¿No te parece, Francisco, que el lector accede al interior de estos relatos como a través de una rendija abierta en la superficie de una de tantas noticias leídas para descubrirse de pronto en medio de la tragedia real, descarnada, entre los seres de carne y hueso que hay detrás de ella, peor aún, dentro de sus cerebros? Libro estremecedor, una terapia contra el adormecimiento de las conciencias.
Me apunto el autor y la obra: debo tener una buena lista ya confeccionada de recomendaciones de este blog. Sí, la guerra mundial de los zombis también.
Saludos.
Una noche en Granada es de esas novelas que recuerdas con el deleite de una buena lectura.
Buscaré este libro de relatos. No me lo pienso perder.
Un abrazo Paco.
Insisto, tus recomendaciones son tan buenas, tan bien escritas como los libros que recomiendas.
Lo que más aprecio de este valioso texto es que está hecho desde dentro del libro. Muchas gracias. Sigo aprendiendo de ti.
Emocionado como estoy por la dedicatoria del libro, ansío ponerme con él. Por la experiencia que tengo con la literatura de Ortiz, uno ya sabe que lo que le aguarda será maravilloso.
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