jueves 21 de abril de 2011

Las luces inesperadas




Siento que ya no me queda mucho por escribir. Siento que mis ideas se agotan y, aquí estoy, a altas horas de la noche sin saber qué decir. Sinceramente me aburre escribir reseñas literarias y cinematográficas. Me aburre tanto. Quisiera volver al placer del texto. Estoy harto de que escribir se parezca cada vez a hacer los deberes del colegio. Vuelvo simplemente al placer solitario de la lectura sin compromiso. ¿Por qué se leen libros? Hay algo que falta en la vida de las personas que leen, y esto es lo que se busca en un libro. El sentido es evidente, el sentido de la vida, de esa vida que para todo el mundo está mal hecha, mal vivida, explotada, alienada, engañada, mistificada, pero acerca de la cual, al mismo tiempo, quienes la viven saben que podría ser otra cosa. Leer nos proporciona satisfacciones que nada puede sustituir pero también limitaciones no menos duraderas. Un verdadero lector es un lisiado feliz. Y aquí me encuentro en mi pequeña celda enladrillada de libros. Los libros son el muro de la vergüenza que vamos alzando y engrosando contra las inversiones del exterior, contra los ollajes de la vida. Ya no me satisface las imágenes frescas del día de hoy, las luces inesperadas del ahora, que deberían ser más importantes que todos los libros. Lo que puedo imaginar ya no existe en otra escala, en otro tiempo, nítido y lejano, igual que en un sueño.



No, no estoy seguro de nada. No puedo decir que, por ejemplo, que el asunto de Dios sea más importante que el asunto del electricista, ni que la muerte merezca más consideración que una cancioncilla, ni que el más allá quede muy lejos de unos calzoncillos, ni que el psicoanálisis no pueda ser contemplado a la vez que la ensalada, ni que... es decir, no puedo decir nada. Eso es todo lo que puedo decir. Estoy haciendo tiempo para intentar escribir, para "actualizar" este blog y no repetirme. Me viene a la memoria lo que aprendí hace mucho tiempo del viejo Woody Allen, que ante los grandes asuntos, sólo cabe el silencio o, su equivalente: la paráfrasis chistosa. En este aspecto, creo que Woody es uno de los grandes pensadores de la posmodernidad, a la que anticipa y acompaña. Pensador que piensa para decir que nada puede ser pensado, ni dicho, en términos que arrojen certezas o convicciones de ningún tipo: ni religiosas, ni políticas, ni morales, ni de ninguna clase. Y si no podemos decir apenas nada, ¿qué podemos hacer? Todo va conectado. En Recuerdos (1980), dice un personaje: "¿Quieres de verdad ayudar a la humanidad? Haz chistes mejores". Creo que este planteamiento ha conectado extraordinariamente con el estado de ánimo y el universo de valores e ideas de la humanidad-tras la caída del marxismo y el hundimiento sostenido de las religiones-, con la encrucijada del hombre del último tercio del siglo XX. De ahí, al menos una, ni la mayor ni la menor, de las razones del gran éxito de Woody, el profeta y uno de los artífices-tras el surrealismo y el absurdo-del fin de las creencias y de las fes, cualquiera que éstas fuesen, de derechas o de izquierdas, religiosas o laicas. Desde Freud, no ha existido mejor psiquiatra que Woody. Él es quien psicoanaliza.


Woody reflexiona ante la estatua del Pensador de Rodin: "Se han escrito millones de libros sobre todos los temas inconcebibles por todos los grandes genios y al final, ninguno de ellos saben más que yo sobre las cuestiones trascendentales de la vida". También en el final de uno de sus monólogos decía con toda la amarga ironía que suele esconderse tras sus palabras, lo siguiente: "En suma, me gustaría tener algún tipo de mensaje positivo que dejarles. Pero no lo tengo. ¿Aceptarían dos mensajes negativos?". Pero, para llevarle la contraria a Woody y para demostrar que, como no podía ser de otro modo, Woody también lleva la contraria a Woody.


Hace mucho tiempo, cuando vi Hannah y sus hermanas (1986) sentí, al mismo tiempo, una enorme felicidad y un agradecimiento. Es la escena, casi al final, en la que Mickey, su personaje, después de haber sufrido tanto con su cáncer y con sus males de amores, entra en un cine y ve Sopa de ganso (1933). Los Hermanos Marx disparan maravillosamente en la pantalla en un alocado frenesí una alegría primaria e irrebatible. Mientras él contempla y nosotros contemplamos esas imágenes que nos inundan de ganas de vivir, Michey dice en off lo que sigue:


"...Y empecé a reflexionar. ¿Cómo es posible que pienses en matarte? Vamos, ¿no te parece estúpido? Vamos, fíjate en todos esos ahí en la pantalla. Vamos, tienen mucha gracia, y si lo peor es verdad, ¿qué importa? Y si no existe Dios y sólo vives una vez y se acabó, ¿qué importa? Vamos, ¿no quieres pasar por esta experiencia? Vamos, no todo es una porquería, qué demonios. Y he de pensar en mí mismo, diantre, no amargarse más la vida haciéndome preguntas que jamás podré contestar, he de disfrutarla mientras dure. Y...bueno..., después de todo, ¿quién sabe? Quiero decir, vamos, quizás exista algo. Nadie sabe con certeza. Ya sé, ya sé que la palabra, quizas, es una percha muy débil para colgar de ella tu vida entera, pero es lo mejor que tenemos...Y, entonces, me puse cómodo en la butaca, y empecé a divertirme de veras".


No sé si este post tiene sentido, pero me ha salvado la vida o, esta noche, que ya es mucho. Mañana ya veremos

Buenas noches.




10 comentarios:

Zim dijo...

A mí me gusta venir aquí a escuchar tus reflexiones, que casi siempre escucho en silencio. Me gustaría que siguieses disfrutando tú, para que podamos hacerlo nosotros contigo.
Yo no hallo certezas, al contrario, desbarato algunas que nunca debí tener, atisbo sombras que no imaginé ... pero también luces inesperadas y muy agradables. Gracias, Francisco.
Zim

Luzdeana (Diana H.) dijo...

Lo primero que apareció ante mis ojos mientras se cargaba la página en esta vieja computadora fue la imagen(la mía personal era mucho más moderna pero está liquidada, como corresponde a estos tiempos que dicta el consumo).
Vuelvo a la imagen: qué lugar más atractivo, pensé. Después vinieron tus palabras, y la satisfacción de sentirme tan identificada, que leyendo tus reflexiones ya es habitual. Entonces yo también me quedo sin palabras para aportar algo en el comentario. Parece que tenés la capacidad de robármelas todas.
Claro que leemos buscando siempre algo más. Y quizás ese algo sea el sentir que en esa búsqueda infinita no estamos tan solos.
Un abrazo.

Elèna Casero dijo...

he aquí una lisiada de la vida, una lisiada que busca en la lectura y en la escritura el sentido de muchas cosas de la vida.
La escritura me ha salvado muchos días, bastantes noches, como a ti este magnífico post que voy a volver a leer. Creo que es de los mejores que has escrito, o será el momento en que se lee, esa capacidad o discapacidad que tenemos las persnas para encontrar el sentido de lo que necesitamos en cada momento.

Un abrazo muy grande y, aunque te canses, quédate.

Tesa dijo...

Ya escribes algo más que reseñas, esta magnífica entrada lo demuestra.

Por si te sirve de consuelo, me siento así muchas veces, pero tiendo a desdramatizar, no entiendo la vida ni casi nada de lo que ocurre a mi alrededor, tal vez por eso leo sobre personajes solitarios, aislados y surrealistas en este momento.

La última reflexión de Woody me vale, hay que tratar de disfrutar de las pequeños placeres y dejar las grandes preguntas que nunca tienen respuesta para que se entretengan los filósofos.

Sentiría perder este espacio. Hay demasiada tontería, falta de talento y frivolidad en la red.

Besos, Paco.

Elvira dijo...

Muy interesante, querido Paco. Me quedo con la reflexión final, y solo decirte que para mí sí hay, de momento, una certeza: me gusta la honestidad. Las personas honestas, los defectos honestos (mil veces antes que los disfrazados de bondad), las alegrías sinceras y los tropezones reconocidos tal como son.

Muchos besos

Juan Herrezuelo dijo...

También convinimos con Woody Allen que la vida está llena de tristeza, de sufrimiento y de infelicidad, y pasa todo tan deprisa... Pero los libros nos salvan de todo aquello de lo que, según Hamlet, hubiera sido sencillo alejarse con tan solo un puñal: La lentitud de los tribunales, la insolencia de los empleados, las tropelías que recibe pacifico el mérito de los hombres más indgnos, etc, etc. Sin embargo, me reconozco, amigo, en esa sensación de que las ideas se agotan, de que dar constantemente tu opinión sobre las cosas es más duro cuanto más consciente va siendo uno de sus propias dudas.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Desvarías. Víctima de las lecturas. De los abusos. Intoxicado. Yo también he estado así. Lo estoy, en parte, en estos días. No tiene importancia. Son recaídas. Caídas. Das. Cojo. Tomamos. Bebemos. Sentimos. Somos. Leemos. Te leemos. Nos vemos. Un abrazo, amigo.

blanca dijo...

para mi Woody Allen es eso, un dios al que agarrarse, por eso me da tanto conford sus películas, sus palabras, su ironía, su todo. No sé que vamos a hacer cuando se vaya, porque a mi me ocurre como a ti, me aburre tanto hablar de películas, libros, a veces solo quiero verlos, leerlos y nada más.

39escalones dijo...

Venga esa percha... Groucho y compañía nunca fallan, amigo.
Abrazos.

Tomás Serrano dijo...

Woody Allen. Alguien que ha escrito las ingeniosas (y algo más) frases que mencionas y que luego ha soltado majaderías como "Scoop", "Vicky Cristina Barcelona" y otras, no tan malas malísimas, pero en ningún caso mínimo reflejo de sus grandes trabajos... ¿Tantos gastos tiene este hombre que parece tan espartano?