martes, 12 de abril de 2011

Trilogía de la crisis vista por un ratón de biblioteca (Punto y final)


"¡Así alcanzaremos las estrellas!"

Bernard Mudoff, al término de una reunión de accionistas

Recuerdo la película 2001, una odisea del espacio, dirigida por Stanley Kubrick y escrita por Arthur C. Clarke. El mundo al que tratamos de llegar se encuentra, no en las estrellas, sino en Júpiter. Para alcanzar ese objetivo, se ha construido una nave espacial controlada por un superordenador, HAL 9000, al que los cinco miembros de la tripulación llaman simplemente Hal y que ha sido programado para dirigir la nave a su destino. Hal, una máquina dotada de inteligencia artificial, es capaz de hablar e interactuar como un ser humano y hasta puede simular emociones. Sin embargo, a diferencia de los seres humanos, se supone que no puede cometer ningún error.

Al cabo de cierto tiempo, Hal anuncia que algo marcha mal en el sistema de comunicaciones de la nave. Uno de los tripulantes, Bowman, sale para reparar la avería, en la Tierra, los controladores deducen, asombrados, que el ordenador debe de haberse equivocado. Bowman y otro miembro de la tripulación deciden desconectarlo para evitar más problemas, pero, a pesar de sus precauciones, Hal descubre su plan, elimina al compañero de Bowman y corta el suministro de oxígeno a los otros tres miembros de la tripulación. Bowman, el único que puede ahora superar en ingenio al ordenador, se da cuenta que de el "error" de Hal era deliberado. Programado para hacer que la nave llegara a su destino "a toda costa", había llegado a la conclusión de que el mayor obstáculo para el cumplimiento de la misión era la falibilidad de la inteligencia humana, y, dado que los programadores no habían incluído en su mente la prohibición de matar a la tripulación, había decidido eliminar la fuente de todo posible error: los seres humanos.

Hal es una máquina a prueba de fallos, construida para alcanzar la meta deseada "a toda costa". La estructura mercantil que hemos creado como motor de nuestra sociedad es tan perfecta como esas construcciones imaginarias, y (como comprobamos durante la crisis) igualmente letal. Le hemos dado orden de alcanzar un objetivo, de producir un beneficio financiero a toda costa, y hemos olvidado grabar en su memoria esta advertencia: excepto a costa de nuestras vidas. Para la enorme maquinaria que controla todos los aspectos de nuestras sociedades. Hal estéticamente perfecto, nosotros somos los bárbaros. Ésa parece ser la identidad que nos aguarda.

En nuestra búsqueda de estructuras dentro de las cuales podamos convivir, quizá hayamos acabado por crear una sociedades de cuyos beneficios estamos destinados a ser excluidos. Hacer caso omiso del desprecio a los derechos humanos en beneficio de asociaciones económicas, permitir la devastación del planeta con la excusa de conseguir ganancias cada vez mayores, negarnos a adoptar soluciones científicas a causa de creencias supersticiosas: todas estas cosas permiten que esas asociaciones, esas ganancias o esas creencias sean consideradas más importantes que las responsabilidades que tenemos con respecto a los demás, con respecto a nosotros mismos y con respecto al mundo.


8 comentarios:

Raúl dijo...

Un acertadísimo paralelismo, el que has encotnrado, Paco.

Juan Herrezuelo dijo...

Uff, escalofriante descripción de una realidad irremediablemente tóxica. Añádele el factor aceleración a ese escenario de codicia: la nave en la que vamos embarcados viaja cada vez más rápido, como si hubiéramos programado no sólo un objetivo, sino un proceso de aceleración constante, propio no de un avance, no, desde luego, de un progreso, sino de una caída libre.

Marcos Callau dijo...

Excelente comparación, Paco. Realmente ese momento de "2001..." es tan desolador como el panorama actual que estamos viviendo. Un fuerte abrazo.

Celeste dijo...

Gracias por esto,que es maravilloso.Y como siempre que gran vision del panorama.
Saluda Celeste.

Daniela dijo...

Hola Francisco,genial "Triologia" te felicito,el punto y final esta tan acertado,nuevamente me saco el sombrero ante ti.Deberian darte un premio,por lo inteligente que eres.
La verdad te admiro,genio.
Te saluda cordialmente Daniela

39escalones dijo...

Yo diría aún más: todo eso engarza con "El amanecer del hombre", el primer segmento de la película (como digo en cierto libro, ojalá, de "próxima" publicación): la aparición del monolito coincide con el descubrimiento de ¿Dios? ¿La inteligencia? ¿La conciencia de uno mismo? No: con el nacimiento de la violencia, de la coacción, del asesinato. Así, cuando el primer homínido enarbola el primer hueso, cuando, tras llenarse la tripa con carne de tapir comete el primer asesinato por interés (hacerse con la charca de agua que previamente le han arrebatado), ya no hay vuelta a atrás. Las prioridades están claras. Así ha sido desde aquel instante, desde el primer imperio erigido en torno a una charca, y así será. El ser humano no tiene remedio, percisamente porque es humano.
Abrazos

Tomás Serrano dijo...

Muy interesante tu comparación. Me ha gustado mucho el texto. Saludos.

Tesa dijo...

Cuando el ser humano descubrió la propiedad, acotó algo y dijo "esto es mío" empezaron los problemas.

Ya no se conformaría con lo necesario para su existencia, cree que necesita poserlo todo para hallar la felicidad, y no le importa el precio que paga para conseguir su objetivo.

Paco, tu triología no sólo me ha encantado, sino que me ha hecho reflexionar.

Un beso,