
Viernes
Huxley lo predijo todo: la clonación, los niños-probeta, el totalitarismo, la globalización materialista, el nuevo fascismo de la felicidad artificial y obligatoria, la ideología light. La novela de Huxley es una distopía. Lee nuestro futuro, es decir, nuestro presente. Hoy, con las manipulaciones genéticas, la clonación de una oveja o de una vaca, la fecundación in vitro y la secuenciación del genoma humano, sabemos que la era de la poshumanidad se acerca. El libro se inicia con la visita guiada a un "Centro de incubación" en el que se producen bebés-probeta. El Estado Mundial fabrica humanos en cadena, siguiendo criterios de selección eugenistas (el esperma de los guapos se une a los óvulos de las guapas, el de los feos a los de las feas) antes de condicionarlos mediante hipnosis durante el sueño para el empleo que les ha sido asignado. Sobre la tierra, ya no hay ni familias, ni razas, ni países. La libertad sexual es absoluta (pero Shakespeare está prohibido). "La vida es una historia llena de ruido y furia contada por un idiota, que no significa nada." Quizá sea este mi caso. Todo el mundo se tira a todo el mundo o toma "soma", una droga gratuita muy enforizante. Qué mundo más maravilloso: ¡una orgía permanente de yonquis! Pues no, nada es tan bonito como parece. En Cándido de Voltaire, cuando Panglos repite: "Todo va bien en el mejor de los mundos posibles", no olvidemos que es tuerto y que sólo ve la mitad de la realidad. Al poder le interesa que los ciudadanos gocen lo más posible con tal que no piensen. El protagonista de la novela, Bernard Marx (¿Carlos Marx?), como consecuencia de un error de manipulación en el laboratorio, dispone de conciencia e incluso puede enamorarse de Lenina (¿Lenin?). Le seguimos en su intento de revuelta junto a John, un Salvaje, quien, a su vez, ha sido educado en una reserva primitiva, en Nuevo México, al margen del Mundo Feliz. No hace falta que desvele el desenlace, es fácil de adivinar que la rebelión acabará mal. Pobres indignados de las plazas. Pobre de mí. Novela de anticipación profética, fundamentada en un conocimiento científico y político muy realista. Un mundo feliz no ha envejecido nada, al contrario. Creo que Huxley tenía razón al tener tanto miedo. Lo sabremos si vivimos en los próximos años.
Sábado, nueve de la noche
Me preparo para salir a tomar unas copas. No sé en el fondo por qué las tomos, si para divertirme o por no descubrir que no me divierto nada. Tampoco conseguiré a la mujer que me trae de cabeza. Ella pertenece al esperma de las guapas y yo al de los feos. "El mundo se va a volver tremendamente imbécil. Durante los próximos años, la cosa va a resultar muy aburrida." Flaubert. "El futuro será aburrido." J.G.Ballard. ¡Dios, no debería leer tanto!
Domingo por la mañana
Resaca. No recuerdo nada. Café muy negro y espeso. Un cigarrillo y el libro de Orwell. Tengo todo el día para leerlo.
Domingo, medianoche
Vivimos en el mundo que describe Orwell: un mundo totalitario cuyos habitantes son vigilados por una pantalla vídeo-world. (Seguro que ya está colgada en la red mi imagen ridícula de ayer por la noche grabada con un móvil por un conocido ocasional y olvidado). En la sociedad de Orwell el pasado se reescribe constantemente. Los cerebros son sometidos a un lavado, en la que la vida sexual está reglamentada, en la que se oprime a los ciudadanos con la excusa del amor, de la paz y de la tolerancia. Todo está organizado para impedir que piensen. Pienso en la red, las webcams retransmitiendo el mundo entero la vida privada de personas; estamos fichados, pueden rastrear nuestros movimientos, localizarnos a través de las tarjetas de crédito, de los teléfonos, los satélites de espionaje y conducción. Tenga la sensació de que la mayor parte de la gente ya le horroriza palpar el tiempo y por eso lo tiene que llenar, por ejemplo, llamando por el móvil a ochocientas personas para decir que van por la calle Aragón, camino de Plaza Cataluña. ¿Qué importancia tiene esto y para qué llaman a nadie para contárselo? Pienso en el fenómeno facebook. La gente está conectada todo el día en su blackberry. Es como si la gente tuviera una especia de pavor a que no haya testigos de su cotidianidad, de su existencia. Por otra parte, la publicidad manipula nuestros deseos. Los revisionistas borran millones de muertes. El programa "Gran Hermano", de éxito mundial vigilan las veinticuatro horas del día la vida de diez candidatos recluidos en un apartamento trufado de cámaras. George Orwell no se equivocó: su novela premonitoria, por más influencia que tuviera de los totalitarismos de su época, nazismo y estalinismo, y de Un mundo feliz, no hacía sino describir con todo lujo de detalles la evolución del mundo Occidental del futuro. 1984 sigue leyéndose con temor y avidez. No son únicamente sus dotes de videncia lo que nos atenaza, sino también su visión del porvenir, que ha tenido una tremenda influencia sobre todas las artes, especialmente el cine y la literatura ciberpunk. Antes de Orwell, el futuro tenía mejor aspecto, era puro Flash Gordon, con sus marcianos y platillos volantes. Después de Orwell, el futuro no volverá a ser el mismo: un mundo penitenciario, angustiosamente sombrío: Brazil, Blade Runner, etc. Orwell creó esta estética; el futuro como un inmenso gulag del cual el protagonista, Winston Smith, nunca logrará escapar. De hecho, 1984 termina con esta frase: "Él amaba a El Gran Hermano." Smith, acaba de ser reeducado, está, como todos nosotros, sometido e intoxicado. El sistema sale victorioso cuando consigue que amemos nuestra prisión. Todo ser humano es un héroe al que la existencia le da plantón constantemente. Pobres indignados. Pobre de mí.
Lunes, seis de la mañana
Vuelvo al trabajo cabizbajo.
5 comentarios:
Golosa lectura que me ha hecho pensar en las mañanas de resaca y en las lecturas y en las escrituras cuando uno está en ese estado absolutamente salvaje. Bebe uno, pero ese peaje es a veces muy alto. Mezclar como mezclas letras y vida me ha encantado. Pruebo yo a copiarte en cuanto pueda. Un diario semanal. Lecturas. Cine. Salidas. Amigos. Impresiones. Voyeurismos. Lo que no habrá (no me temo, lo agradezco) son rescas. Esos fueron (ay) otros tiempos. Ahora son otros, sin embargo, los peajes. Salud, compañero.
Algún día editarán estas dos novelas en formato similar y con un estuche, porque creo que la mayoría las hemos leído consecutivamente –para crear una cierta tridimensionalidad yo metería en el estuche el Fahrenheit 451 de Ray Bradbury-. Los leí en 1984, precisamente, y entonces me pareció que la de Orwell se insinuaba en el horizonte y la de Huxley estaba más a lo lejos. Hoy, metidos sin darnos cuenta en Orwell, es Huxley quien nos pisa ya los talones. Totalitarismo, en definitiva, y es que por más prisa que tengamos en avanzar hacia el futuro, no ha habido un solo escritor lúcido que haya planteado ese futuro en términos de mayores libertades. ¿A qué tanta prisa, entonces? Un abrazo, amigo.
Menos mal que nos quedan Groucho y Woody...
Abrazos.
Menudas lecturas y menuda crónica la que nos has dejado. Nuestro presente cada vez se parece más a ese futuro. Aterra un poco. Espero que nuncan nos prohiban los libros, nuestros fieles compañeros de viaje... Por cierto, envidio la velocidad con que los devoras. Yo soy mucho más lento leyendo.
Un abrazo.
Aunque parezca lo contrario, al verte volver cabizbajo al trabajo...¿qué sería de nosotros sin las buenas lecturas que has elegido? Sigamos leyendo y tomando copas los fines de semana aunque no sepamos si realmente nos estamos divirtiendo. ¿Quién dijo que esto era divertido?. Saludos!
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