En uno de los capítulos de la novela de mi admirada Astrid Lindgren, Pippi Calzaslargas, Pippi inventa una palabra nueva: Spunk. Ahora sólo le falta saber qué es eso. Podría ser un caramelo o tal vez un aspirador, pero ¿y si es un monstruo? Por si acaso, con la ayuda de sus amigos Tommy y Annika, prepara una trampa al temible Spunk. Sin embargo, éste no parece dispuesto a dejarse ver. Así que los tres amigos recorren el pueblo buscándolo, aunque hay tantas cosas que podrían ser un Spunk. Me niego a revelar el final.
Humpty Dumpty: la más pura representación de la condición humana. ¿Qué es un huevo? Es lo que todavía no ha dado una paradoja, ¿no es cierto? Porque ¿cómo puede Humpty Dumpty estar vivo si no ha nacido? Y, sin embargo, está vivo. Lo sabemos porque puede hablar. Más aún, es un filósofo del lenguaje. "Cuando yo uso una palabra, dijo Humpty Dumpty en un tono bastante despectivo, significa exactamente lo que yo quiero que signifique, ni más ni menos. La cuestión es, dijo Alicia, si puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes. La cuestión es, dijo Humpty Dumpty, quién es el amo, eso es todo." Todos los seres humanos son huevos en cierto modo. Existimos, pero aún no hemos alcanzado la forma que es nuestro destino. Somos puro potencial, un ejemplo de lo porvenir. Porque el hombre es un ser caído, los sabemos por el Génesis. Humpty Dumpty también es un ser caído. Se cae del muro y nadie puede volver a juntar los pedazos, ni el rey, ni sus caballos, ni sus hombres.Nuestra civilización ha perdido reverencia y respeto por la magia de la palabra. El enorme esfuerzo de nuestra cultura por estructurar conceptualmente la realidad según unas leyes lógicas, universalmente definidas y aplicables, ha cortado de raíz el flujo mágico que tenía la realidad objetiva para el hombre primitivo. La causalidad lo explica todo, lo inventa si no existe bajo el principio estricto del raciocinio y del dominio de las pasiones. En su asombrosa voluntad de comprender y de construir, la civilización occidental ha cerrado sus ojos a las dimensiones incomprensibles de la realidad, condenadas al limbo-a veces inquietante- de lo inaceptable. Ha perdido su infancia. Sólo el arte ofrece al hombre civilizado la arcana intuición de su existencia y sólo en momentos de grave crisis surgen del fondo primitivo del hombre civilizado los ramalazos mágicos del mundo perdido, el terror de la noche, la angustia del infinito, el misterio del otro, la fuerza incontrolable, destructora y suicida de la emoción desatada.
Acabo de inventar la palabra Filitrastofosfonik. Ahora sólo me falta saber qué es eso. Esta misma noche me pongo a buscarlo.
7 comentarios:
Muy bueno, Paco. Cuando halles la respuesta ya me lo comentas... Por cierto, mi madre es aún hoy una admiradora de Pippi Calzaslargas. Un abrazo.
Muy bueno, Francisco. Genial texto. No se te ocurra buscar el significado de tu palabra en "gugel". Eso sólo se puede encontrar en el fondo de un vaso de whisky.
Y a tu conocida admiración por la obra de Carroll me atrevo a recomendarle un cómic que he leído recientemente: "Alice in Sunderland" de Bryan Talbot. Ese autor es otro fan, fijo.
Saludos.
Me recuerdas al personaje que interpreta Cela en "La colmena", el inventor de palabras...
De todos modos, las dudas sobre Spunk le surgieron a Pippi porque no existía IKEA; no hubiera tenido problema en llamar así a una estantería o un sofá-cama.
Abrazos.
Qué guay...Pipi, libertad, color, risas, imaginación...
¿Para qué saberlo? A veces es mejor sentirlo, sentir algunas palabras.
Hubo un tiempo en que si la realidad que las palabras expresan nos quedaba pequeña nacía el nonsense de Alicia o el gíglico de Cortázar. Los niños aún incurren gozosamente en esta rebeldía juguetona. Sin embargo, ciertos adultos parecen haber descubierto que es más rentable a sus intereses retorcer el significado de las palabras que ya existen, vaciarlas, quitarles todo valor, forzar un sentido múltiple, hacer que signifiquen una cosa y la contraria. Nace así el lenguaje político y la jerga comercial, donde toda precisión es ya innecesaria. Apoyo tu iniciativa: inventemos palabras, no corrompamos las que aprendimos para comunicarnos. Un abrazo fuerte.
He sentido dolor al leer tu entrada porque toca esa sensibilidad de quienes somos lectores y nos atrevemos -como yo- a balbucear palabras y escribirlas. A veces quisiera pedir disculpas por mi atrevimiento.
Borges ha escrito que Cervantes "leía (hasta) los papeles rotos de la calle". Hoy se comprueba que hasta los profesionales tienen un déficit de comprensión de lectura. Una llaga, tal vez cancerosa, de nuestra sociedad, que es bueno mostrarla como tú lo haces.
Abrazos.
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