martes 31 de mayo de 2011

Moscas

"Tú mira la mosca. Observa. Piensa".

Augusto Monterroso, Movimiento perpetuo

Leo un artículo en La Vanguardia de José Antonio Marina titulado Las moscas. Dice: "No me parece que las moscas sean un objeto de meditación interesante". Luego acaba escribiendo un artículo muy interesante sobre ellas. Augusto Monterroso en su obra Movimiento perpetuo, pone citas de autores diversos en cada uno de sus brillantes textos, haciendo referencia a las moscas. Salvador Dalí era un gran apasionado de este insecto díptero. Dice en Diario de un genio: "YO, DALÍ: Adoro las moscas. Sólo soy feliz tomando el sol y cubierto de moscas". Luis Buñuel hace una mención especial a ellas en Mi último suspiro: "Imaginariamente, la vida humana no tiene para mí más valor que la vida de una mosca. Prácticamente, respeto toda vida, incluso la de la mosca, animal tan enigmático y admirable como una hada". En La edad de oro (1930), Buñuel coloca unas cuantas moscas en el rostro de un individuo mientras suelta un discurso trascendental. Y para hablar de un ser menor como yo, nada identifica mejor las horas de estío y hastío que pasé en el colegio, que las moscas. Los profesores franquistas daban sus clases con odio y trascendencia hasta que una incordiante mosca venía a posarse sobre sus rostros. Todo se desmoronaba. Los profesores pasaban el odio que sentían hacia sus alumnos a la impertinente mosca que no se dejaba atrapar; persistente, anarquista y democrática a la vez. Las moscas hacían tabla rasa. Para ellas era lo mismo un excremento de perro que las naricillas fascistas de aquellos mediocres y energúmenos profesores.


Recuerdo un año que la profesora de ciencias naturales se puso enferma y la asignatura nos la tuvo que dar, durante seis meses, el director del colegio: enano, calvo, incompetente, frustrado y con mucha mala leche. Cada viernes a primera hora de la mañana iniciaba la clase de la misma manera. Todos sabíamos a lo que nos enfrentábamos; a la repetición eterna de lo mismo: "¿Qué és materia? Todo lo que ocupa y pesa un lugar en el espacio. ¿Una mosca, pesa?", nadie respondía, no porque desconocíamos la respuesta, sino por miedo. "No. Pero algo pesa". Todo esto tiene que ser visualizado en su contexto: clase vieja, mohosa, rancia, oscura y decorada con una foto de Franco y un crucifijo y una mosca revoloteando sobre la calva del director.


Por más que no queramos reconocerlo las moscas son una terrible metáfora de nuestras vidas, de nuestra ridícula existencia. Una mosca entra por las ventanas abiertas, y sale sin que nadie haya aprendido qué noticias nos traía. Debemos pensar que todo tiene una causa: es como la araña que teje la tela para apresar a la mosca. Lo hace aun antes de saber que en el mundo existen las moscas. Total para "muerta entre sus moscas muertas un soplo de aire acuna a la araña", Samuel Beckett. Existe una estupenda greguería de Ramón Gómez de la Serna que dice: "Hay momentos en que las moscas hacen gestos de quererse arrancar la cabeza como desesperadas de ser moscas". También me gusta mucho lo que dice Borges en Historia universal de la infamia: "Tanta soberbia el hombre, y no sirve más que para ajuntar moscas". ¿Qué escritor no le ha hablado a su mosca? ¿A quién no reconozco en su mosca? ¿Quién no tiene una mosca trapaleando para él?. Una mosca se pasa por la pantalla de mi ordenador, lee lo que estoy escribiendo y se va como despreciando lo que ha leído. ¡Es el más exigente crítico literario! Sigo mirando la mosca. Observando. Pensando, y, añadiría también; recordando, como bien recomendó el bueno de Augusto Monterroso. El aburrimiento de Dios sin nosotros, moscas.


Ay, mi querido don Antonio Machado...


5 comentarios:

Francisco Ortiz dijo...

Excelente, simplemente excelente.

Joselu dijo...

Odio las moscas. Una vez escribí sobre ellas. EL DOLOR. Quizás lo fascinante de ellas sea su cotidianidad, su vulgaridad, su permanencia, que todas las moscas son la misma mosca, y que nos han acompañado desde nuestra infancia hasta el día en que estamos, y el que moriremos. Ninguna mosca tiene historia particular. Todas tienen la misma historia, ninguna. No son singulares. Son una idea que nos acompaña y que está en cualquier lado del mundo. Su vulgaridad las hace universales y aptas para metáforas como bien has mostrado. Siento horror hacia las moscas pero a la vez me inspiran ternura y sentimientos encontrados. Podría escribir la historia de mi vida teniendo a las moscas como telón de fondo. Siempre han estado presentes, discretas, ubicuas, eternas, inequívocas... He matado miles de moscas, lo que no he hecho con ninguna otra especie. Hay algo que se conmueve en mí, cuando se trata de moscas. No sé si me gustaría el mundo sin moscas.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

La mosca

Te tendré que matar de nuevo.
Te maté tantas veces, en Casablanca, en Lima,
en Cristianía,
en Montparnasse, en una estancia del partido de Lobos,
en el burdel, en la cocina, sobre un peine,
en la oficina, en esta almohada
te tendré que matar de nuevo,
yo, con mi única vida.

Julio Cortázar. Papeles inesperados. Alfaguara, 2009.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Me obsesionaron un tiempo. Dar con un cuento no me libró de la obsesión. Todavía me aturde su presencia. Me sacan de las casillas ésas que dicen que tenemos. Más que nada.

http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2010/01/moscas.html

39escalones dijo...

Mucho me da que pensar tu texto; no puedo evitar recordar la predilección que tienen estos bichos por cohabitar con los excrementos de todo tipo... Quizá eso explique su querencia por el profesorado franquista.
Abrazos.