Infinidad de gentes han atravesado el puente de Golden Gate en aquellas noches en que la niebla lo cubría todo y las sirenas le ponían la banda sonora. Al hacerlo, algunas, quizá, habían pensado en imágenes de películas; otras, en un recuerdo de infancia, otras, quizá, veían una impresionante postal viva de San Francisco... No son Joe Gores.


Una noche de principios de los años 70, cuando Gores recorría el imponente puente con su agente literario, Henry Morrison, pensó en voz alta: "Esta es una noche Hammett". Morrinson, entonces, le dijo: "¿Qué pasaría si alguien intentara escribir una novela sobre él?". La conversación siguió por otros meandros, pero alguna cosa había pasado. Gores ya no podía quitarse la idea de la cabeza. En aquel puente, aquella noche se planteó el germen de Hammett, una novela publicada en 1975, donde Gores imaginó al autor de Cosecha roja y El hombre delgado volviendo a recorrer los barrios de San Francisco como en sus días el detective de la agencia Pinkerton.
Mucho después, Gore se embarcaba voluntariamente en la misión de dar un pasado a Sam Spade, A Miles e Iva Archer, a Effie Perine, a Sid Wise y a otros personajes a quien Hammett pobló en El halcón maltés. Su obra llevaría por título Spade & Archer. Ya en 1999 Gores-que, como Hammett, ejerció de detective privado durante doce años en San Francisco-escribió a Jo Marshall, única hija viva del escritor, proponiéndole escribir un libro. La respuesta inicial fue una negativa, no obstante, cuando Gores coincidió con Jo en una cita literaria, fue ella quien volvió a poner la propuesta sobre la mesa. Le dijo que no sabía por qué le había dicho anteriormente que no y que le encantaría que hicera una continuación de El halcón maltés. "Tuve que explicarle que no podía porque prácticamente todos los personajes de la novela acaban muertos". Lo que Gores quería era escribir el pasado de Spade, saber quién era, descifrar aquel icono del personaje de Hammett creó como arquetipo del detective privado en su libro y al que hizo imborrable Humphrey Bogart en la obra maestra de John Huston. Esta idea le rondaba tiempo atrás, cuando el profesor Richard Layman, posiblemente el mejor estudioso de Hammett, le definió El halcón maltés como la primera novela existencialista americana. San Spade tenía que venir de algún lugar, no salió de la cabeza de Zeus, tenía un pasado. Y cuando el profesor le dijo todo esto, Gores se dio cuenta de que era verdad. "No sabemos nada del personaje, solamente lo que dicen cuando lo encontramos en la página", y su idea era intentar descubrir de dónde venían, quiénes eran, cuáles eran sus relaciones antes de El halcón maltés.

Los retos eran muchos, pero Gores se enfrentó con ellos uno a uno. Alteró su propio estilo literario, más libre y resuelto que el de Hammett y emuló el de El halcón maltés, infectando las páginas de diálogos rápidos y ágiles, explayándose en las descripciones, como Hammett. Utilizó toda la documentación que realizó para su novela del 1975, pero también contó con la colaboración de bibliotecarios para que no se le escapara ningún detalle del San Francisco de los años 20. Incluso viajó a Spokane, estado de Washington, donde Hammett dijo una vez en una entrevista que vio una libreta en donde se basa físicamente el personaje de Iva (que el lector de Spade & Archer descubre que fue la novia de Spade hasta que se la robó su futuro socio mientras él luchaba en la primera guerra mundial. "No quería usar nada que no estuvira en toda la investigación que se ha realizado sobre Hammett", dijo Gores. El trabajo que llevó a término le da autoridad a Gores para sentenciar que Hammett era único: "Mucha gente habían escrito historias de detectives antes que él, pero eran escritores que intentaban recrear las vidas de los detectives privados, mientras que él era un detective que intentaba aprender cómo escribir". Escribía como un detective porque es lo que era. Muchas cosas no han cambiado tanto desde los años 20 y 30. Los detectives todavía tienen que escribir los informes, muy visuales, de lo que han visto, el mejor ejecicio para después trasladarlo a un folio en blanco, una forma de mirar y escribir. Se aprende a fuerza de ser observador. Pero hay otra cosa, una cosa que explica iconos como Sam Spade: "Cuando a las tres de la madrugada estás en un callejón oscuro intentando encontrar a alguno, entiendes al héroe de Hammett. Al final, en el negocio de los detectives la cuestión es o tú o yo, o el tipo que persigues triunfará, o él escapará o tú lo encontrarás". Spade no llevó nunca un arma. Gores, tampoco. Los detectives auténticos, dicen, no las llevan. No les hace falta.

El trabajo ha dado sus frutos, y cuando Gores piensa en la más agradable retribución que le ha dado Spade & Archer, recuerda lo que Jo Marshall le dijo al profesor Layman: "A veces olvido que Joe escribió esto y pienso que lo escribió mi padre". Hay piropos, sin ninguna duda, hechos con la materia con la que se construyen los sueños.

8 comentarios:
Pues habrá que echarle el guante a ese "pasado". Pinta muy bien el asunto. Gracias por la recomendación, Francisco.
Un abrazo.
PD: Estos días me encuentro releyendo algunas novelas de Chandler. Con "La ventana alta" estoy ahora mismo.
Kinezoe
La ventana alta,qué curioso.Yo tengo una edición que está traducida con el título La ventana siniestra,en la mítica colección Club del Misterio de la editorial Bruguera.Sí,es un buen libro el de Joe Gores.
Un abrazo por todo lo "alto",amigo.
Fui de los primeros en comprarse aquel "Hammett" apenas lo publicó en España una editorial llamada Jucar, en el 88. Lo repaso ahora y me doy cuenta de que tengo completamente olvidada la trama, y de que tampoco guardo excesivo recuerdo de la película de Wenders que produjo Coppola. Desde luego, Gores, nacido en el 31, debió de ser detective de la vieja escuela, o al menos de segunda generación. Su trabajo de investigación, para aquella novela, tuvo mucho de detectivesco: trató a Samuel Dashiell Hammett "como si fuera un hombre al que me habían encargado seguir, y usé las técnicas y fuentes del sabueso". Tu apasionante realto de cómo fue posible que llegara a existir esta "precuela" de "El halcón..." me ha reabierto el apetito de novela negra. Un abrazo sin soltar el cigarrillo, amigo.
Me uno a la caza de este libro a todas luces imprescindible.
Por cierto, qué ojazos los de Mary Astor, y qué historia la suya, con aquellos diarios suyos de alto contenido sexual publicados en la prensa... También merecería un libro.
Abrazos.
Juan Herrezuelo
Espera,dame fuego y hablamos también de Chandler,y de Ross MacDonald,y de James M.Cain,y de Fredrid Brown,y de Thompson...¿un whisky?
39escalones
Ay,Mari Astor.Me encantan las mujeres fatales,Alfredo,pero sólo para un ratito,y, a poder ser,en un motel de carretera en medio del desierto.¿Lo pillas?
Un abrazo a todos.
No sé si conoces un volumen recopilatorio de relatos breves de Hammet, "Sólo te ahorcan una vez", anterior a sus famosas novelas y a las que en cierto modo anticipa. Hammet en estado puro.
Un abrazo.
Resulta muy interesante dotar de pasado a Sam Spade. Espero poder leer esta obra, ya te contaré... Ay tanto que leer! Un fuerte abrazo.
Perdona, quise decir...¡hay tanto que leer!
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