martes, 21 de junio de 2011

Rincones oscuros

Llevo una semanita muy negra y lo único que se me ha ocurrido para ponerle remedio es leer la penúltima novela de James Ellroy, Sangre vagabunda. No tengo cura. Hago un inciso antes de comentar el libro.

"Bostezó. Se rascó el culo. Meó en una lata. El coche empezó a oler. Se le fue el chorro. Roció varias veces el salpicadero", Seis de los grandes. Esta breve descripción sirve de muestra del estilo de Ellroy: palabras como golpe de martillo, sintaxis estrellada, nulo sentido del pudor, la hostilidad como una inflexible forma de ética. Ellroy se vanagloria (y se vanagloria mucho: se considera un genio y menosprecia a aquellos que no están de acuerdo con su narcisista opinión) de haber revitalizado la literatura hardboiled, la de Mickey Spillane, Jim Thompson y Dashiell Hammett practicaron en la época gloriosa de la novela negra y que, ahora, parece un atrevimiento manierista. Y sí, Ellroy és un manierista: su capacidad de síntesis, quita conjunciones, preposiciones y adjetivos para recortar una de sus novelas más célebres, L. A. Confidencial, da juego a una narrativa prácticamente experimental, que quiere apartar de la literatura de género para construir un discurso abrupto y nihilista sobre la condición humana.


A Ellroy le preocupa dos cosas: su via y América. En Mis rincones oscuros se obstinaba a fondo para descubrir quién asesinó a su madre, que murió en manos de un violador en 1958, y aprovechaba la oportunidad para realizar una nada complaciente rediografía de su relación con ella, y de cómo aquel crimen le marcó para siempre su visión de las mujeres y su dedicación exclusiva a bucear en el lado más salvaje y miserable del ser humano. Este lado, por cierto, está tan asociado a la idea de América, que Ellroy ha trabajado en profundidad en su ejemplar Cuarteto de Los Ángeles, a la ya citada L. A. Confidencial, se suman La dalia negra, El gran desierto y Jazz blanco, y su trilogía sobre el submundo americano, American Tabloid, la primera obra de la saga definida como Underworld USA (traducida como el submundo norteamericano). Situada entre 1958 y 1963, la trama de la novela avanza en paralelo por los caminos asfaltados de hechos y personajes históricos de la época. Los hermanos Kennedy, J. Edgar Hoover (célebre director del FBI), Fidel Castro y Frank Sinatra integran el repertorio de Ellroy. La segunda entrega, Seis de los grandes, minutos después del asesinato del presidente Kennedy en 1963. El cierre se establece en 1968, justo cuando empieza Sangre vagabunda, situada en el periodo del 1969 a 1972 y toda la acción se desarrolla entre los asesinatos de Martin Luther King y Robert Kennedy, las turbulentas convenciones del 68 y el triunfo de Nixon, pasando por Haití, la República Dominicana, Vietnam, y, termiando antes del escándalo Watergate.



En Sangre vagabunda hay un renovado proceso estilístico, el autor rehace su obra y renuncia a engendrar un thriller de formato clásico, expandiendo la trama (en la precisión de Ellroy) en múltiples escenarios. Evitando, aparentemente, los atributos habituales de la literatura narrativa, la que aporta un bagaje histórico o ético al texto, construye un relato depurado de adornos, fraguado en la simplicidad: una novela que es casi un fogonazo, eso sí, en formato XL. Un titán de 131 capítulos. Al principio de esta monumental obra, Ellroy ensaya con la ruptura de la formalidad y obtiene un enorme croquis más que una exposición, succionado en un torbellino de hiriente profundidad. Y mientras, serpenteando por los puntales del encofrado que sustenta el libro, desfilan sus sorprendentes personajes. Forjados en los años feroces de la guerra fría, en la discreta historia del contubernio entre políticos y gánsters, los protagonistas resultan más actores que testimonios de una época. Son la escoria moral de la política internacionalista, la connivencia entre la ambición de las multinacionales, los manejos del FBI y el odio del Ku Kux Klan. Operando sobre crímenes reales y en una atmósfera alterada, pausadamente se despliegan y perfilan los objetivos: desactivar los movimientos negros, consolida el poder de la Mafia, acabar con los hermanos Kennedy y también con Martin Luther King. Tres ejecutores: un detective privado, un gángster y un ex policía, verán como sus vidas, distorsionadas, henchidas de prejuicio y de una profunda incertidumbre moral, se suceden y se superponen por todos los rincones de esta oscura crónica norteamericana. Una novela de grandes silencios e imposibles personajes.

Lo dicho; llevo una semanita muy negra. Mis amigos me recomiendan que tome ansiolíticos y no les hago ni puto caso. Me tomo una novela del perro diabólico de las letras estadounidenses, desde mi pequeño país impúdico, seco y hostíl.

6 comentarios:

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2011/05/james-ellroy-un-perro-rabioso.html
Ok, amigo. Bostezo, me rasco el culo, meo en la acera sin que me vean y hago burlas a las viejas.

Licantropunk dijo...

Por una vez, y ya es raro, puedo decirte que ya la había leído. Tengo devoción (literaria: cuando leo una entrevista al tipo... bueno, mejor no leerlas) por la obra de este gánster de las letras. Es muy bueno. Gran cierre para una trilogía brillante: "América" me dejó boquiabierto y el resto me cerró la boca: pero de una hostia de Pete Bondurant o de Dwight Holly. Fijo.
Saludos.

39escalones dijo...

Pues yo también llevo bastante negra la semana, aunque es una negrura que parte de la pantalla. Bueno, y también de las letras (cierto libraco venido de Barna lleno de fotografías fantásticas).
Tengo pendiente profundizar en Ellroy aunque, de entrada, los soberbios me tiran para atrás. Aunque su obra sea soberbia.
Abrazos.

Anónimo dijo...

De Ellroy sólo he leído LA Confidential y sí, su estilo, tan escarpado y áspero, tiene mucho de experimental; lo que no lo hace precisamente fácil de asimilar.
Al final, no obstante, el resultado es inmejorable.

Pd.- No sé si te comprometiste a ello, amigo, pero en su caso, sigo esperando una crónica de nuestra huida a los paraísos del norte. Sonrío.

Raúl.

Francisco Machuca dijo...

Emilio

He leído tu post sobre Ellroy.Solo este autor da para experiencias fuertes,aunque sea solamente por escrito en un post.

Licantropunk

Te entiendo.Sus entrevistas a mí me gustan.Tienen esa sinceridad tan poco habitual,tan políticamente incorrecta.

39escalones

Ya recuerdo cierto libro adquirido aquí y en tan grata compañía,amigo.Son esas cosas de combierten lo negro en gris,que ya es algo.

Raúl

Ay,tengo la crónica en el cuaderno.Tachones,digresiones,disertaciones,incluso un sueño que tuve en el hotel.Es tan maravilloso que me da mucha pereza ponerlo en órden y si lo publico tal y como está no se van a enterar ni de la misa la mitad.Vendrá,amigo,vendrá.

Un abrazo a todos.

Juan Herrezuelo dijo...

Sobre el asesinato de Kennedy creo que no se ha escrito una novela mejor que "Libra", de Don DeLillo, cuyo estilo parece estar en las atípodas de Ellroy (no he leído nada de él). Hammett es mucho Hammett, aunque quizá, quién sabe, hoy también le haría bostezar, rascarse el culo y mear en una lata a Sam Spade. No obstante, yo milito más en la prosa de Chandler y en el cinismo elaborado de Marlowe. Un abrazo.