domingo 24 de julio de 2011

El emperador está desnudo

El otro día unos amigos me invitaron a ver una exposición o, una performance. Ahora está muy de moda eso de la performance, aunque no se tenga ni idea de lo que es. El dadaísmo, el surrealismo, el Cabaret Voltaire, Tristan Tzara, y, si me apuran mucho, Andy Warhol, están más que muertos y enterrados. En esa exposición vi que el surrealismo o, la performance estaba más en el ambiente que en lo que se exponía: indescriptible.

Desde fines del siglo XIX, principios del XX hay en las entradas de los museos guardianes que determinan qué es arte, consideraron el gesto de Marcel Duchamp-que era necesario-de instalar un urinario en un museo y llamarlo "fuente" para que se convirtiera en obra de arte, como el gesto artístico por excelencia, como si el arte, desviándose de aquella idea de Duchamp, sólo fuera eso. Y como si se bastara a sí mismo, siempre y cuando los guardianes de los museos lo hayan decidido así. Un cuadro, una escultura, una forma artística nueva sólo tienen su sello de autenticidad si esos guardianes deciden que sea así. Lo esencial en el mundo del arte de hoy es un discurso teórico que acompaña a la obra o-peor-la precede.

El arte, hoy, parece haber sido secuestrado por los banqueros y los publicistas. Nadie se anima a decir que el emperador está desnudo, metáfora del cuento de Hans Christian Andersen El traje del emperador. Se nos acusa de ser demasiado esnobs o demasiado estúpidos para entender el valor de una obra como esos contenedores llenos de la mierda del artista expuestos en el Museo de Arte Moderno de Salzburgo o esa habitación vacía en la que se apaga y se enciende una luz, que hace unos años recibió el Inglaterra el Premio Turner. No tenemos derecho a decir: "Rechazo plegarme a sus instrucciones para reflexionar sobre esa habitación vacía o esos envases de mierda que no tienen ningún valor artístico. Y ustedes no pueden convencerme, con sus larguísimos textos, del valor simbólico, filosófico, ético de lo que presentan. Es una metáfora vacía en la que ustedes creyeron al punto de volverla concreta. Y ese gesto es de una arrogancia tal que me aterra. Cualquiera de nosotros es capaz de lanzar, alrededor de una mesa de café, cuarenta ideas así por minuto." Esas ideas pueden ser más o menos divertidas, pero a la mayoría de nosotros no se nos ocurriría ponerlas en práctica.


Cuando Damien Hirst decide exponer un cráneo al que le ha adosado diamantes por un valor de varios millones de libras esterlinas y lo pone a la venta aclarando que el precio de la obra forma parte de la obra, ilustra bien lo que acabo de decir: que "valor" quiere decir "valor comercial". Pero llegar al punto de hacerse esa obra para que un millonario pueda comprarla me parece una obscenidad extrema y condenable. En una sociedad sana, lo meterían en la cárcel por crímenes contra la inteligencia humana. Pero ya no tenemos derecho a decir esa clase de cosas. Decir que el emperador se pasea totalmente desnudo. Si mencionamos al emperador se nos acusaría de reaccionarios y conservadores. Es la defensa de esos teóricos. "Si no me sigue, usted está en contra de mí y, por lo tanto, en contra de la libertad artística." Permitimos que esa personas-los galeristas, los conservadores, los críticos de arte, los coleccionistas y artistas de moda-ocuparan libremente el espacio dominante de la creación artística. Y, para tener la palabra en esos foros, hoy en día hay que usar ese mismo lenguaje y formar parte de la misma camarilla. Si uno dice algo como Tom Stoppard, el gran dramaturgo, que habló de la estupidez del Premio Turner, todos esos críticos de arte oficiales se te vuelve en contra. "Es un populista-dicen-, es alguien que no tiene respeto por la verdadera creación; el arte nunca es reconocido de inmediato." Me espanta comprobar que alguien como la artista Sophie Calle logre engañar al mundo entero con chiquilinadas que a uno le parecerían estúpidas hasta en un niño. Y la eligieron para representar a Francia en la Bienal de Venecia. Instalar un teléfono público que emite la voz de Sophie Calle... O pedirles a mujeres conocidas que comenten una carta de ruptura amorosa... Todo eso me parece una estafa.
Por supuesto, hay grandes artistas que hacen obras valiosas con esos nuevos medios: Andy Goldsworthy o Constanza Piaggio, por citar sólo dos ejemplos. O uno de los más grandes artístas contemporáneos, a mi juicio, Miquel Barceló. Pero la mayoría son simples estafas contra los que no se alza ninguna voz. No significan estrictamente nada. Ni siquiera son interesantes. No son, por decirlo así, más interesantes que una conversación de café. "¿Qué harías si te dejara tu mujer?". "Ah, bueno, yo haría tal o cual cosa, esto o aquello." Perfecto, en la mesa hablemos de eso. Pero desplazarse a escuchar una voz de Sophie Calle en el teléfono... La vida es demasiado corta para perder el tiempo en algo así. Ni siquiera es para reírse. Forma parte de cierta moda infantil que se nos quiere imponer, la de hacernos creer que sólo podemos entretenernos o sentir placer manipulando juguetes y haciendo estupideces. Y es así que nos dan para jugar teléfonos móviles con pantalla de tamaño de una estampilla, para que veamos cómo se mueven unas figuritas o cómo suenan unos refranes musicales imbéciles, o videojuegos que nos convierten en adictos a una actividad estéril desde todo punto de vista, haciéndonos perder el tiempo como si fuéramos inmortales con toda la eternidad por delante. No señor; el emperador está desnudo.

12 comentarios:

Licantropunk dijo...

Muy complicado separar arte de mercado. Dalí era capaz de producir sonrojo en cuanto a su voluntad comercial: al final la firma vale más que el cuadro: de hecho la firma jode el cuadro. Millonarios compran obras de arte para guardarlas en una cámara acorazada e inflar su valor: el artefacto especulado. Y sin embargo sigue siendo una maravillosa obra de arte de Van Gogh, de Monet, de Matisse, qué sé yo: ver "Midnight in Paris".
Como de costumbre, si hay dinero por medio el arte pasa a segundo término.
Saludos.

Elvira dijo...

Hay mucha tontería en el llamado arte moderno. Pero en cuanto pasan unas décadas, yo creo que las cosas se ponen en su sitio, afortunadamente. Pues sí, muchas veces el emperador está desnudo. Pero en ese cuento aceptaron la frase porque provenía de un niño, si lo hubiésemos dicho tú o yo, se nos habrían echado encima.

Besos

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

El mercado es una bestia sanguinaria. Somos clientes, somos usuarios registrados, personal convencible, no conmovible. Yo quiero que me conmuevan, que me hagan sentirme cómplice, no inversor de un producto, obrero de la causa financiera que la crea. En lo demás, en performances y en cierto tipo de arte escénico, soy un absoluto ignorante. A veces pienso que me pierdo algo, pero me dura poco la duda. Encantado de volver por aquí, buen amigo.

39escalones dijo...

Ay, Paco, que te cabreas...
Mira, un compañero de trabajo mío de hace algunos años era además escultor. Se quejaba amargamente de que no había un solo crítico en España que hiciera comentarios de obras artísticas sin conocer previamente el nombre del autor; de este modo no se arriesgaba a tachar de genial a un desconocido e igualmente a despreciar la obra de alguien consagrado.
Yo siempre me acuerdo de Woody Allen en "Todo lo demás" (2003), cuando dice eso de que si alguien sale al escenario del Carnegie Hall y vomita ante el público siempre habrá alguien que diga que es genial, o que es arte.
Abrazos.

kuto dijo...

En la penúltima edición de Arco, que es el lugar de España en donde se muestra lo últimisimo del mundo del arte, hemos podido encontrar todo tipo de “objetos  artísticos”. La vez que yo fui no había un urinario a lo Duchamp; pero había una preciosa sandia cortada en forma de cubo (con pepitas y todo); un tabique destartalado (seguramente rescatado de una demolición y del "ataque entrópico del tiempo");  Cajones de verduras apilados y convertidos en arte una vez pintados de colores; Cuadros "llenos de libertad y espontaneidad  realizados por toda clase de monos (chimpancés, Orangutanes y Homo Sapiens). Fotos con perspectivas nuevas tomadas por fotógrafos ciegos y   muchas guarrerías mas, que coleccionistas de cuello y corbata compraron encantados. Fue tanta la basura exhibida, que  mucha  gente se confundió y tiró  sus desperdicios dentro de las esculturas creyendo que eran papeleras. Lo mas divertido se produjo  cuando un  erudito del arte -un guía, marchante o galerista- le explicaba a la chusma  lo que un “artista conceptual” había querido decir con una obra consistente en una escoba y una pala llena de basura; Justo cuando les decía “que la economía de libre mercado exige eliminar  una parte del consumo para mantener la espiral de producción”  apareció la  señora de la limpieza y se llevó el motivo del discurso (“la escultura” digo) … ¡Es que en Arco cualquiera puede confundirse, amigo/as!.
Saludos.

Juan Herrezuelo dijo...

Sí se alzan voces, pero los “sastres” que están enriqueciéndose a costa de este emperador lanzan a sus perros mediáticos para tratar de anular su opinión. Así pasó con quien osó censurar la imperial estupidez de aquella escultura de oro macizo con que un tal Marc Quinn inmortalizó a una tal Kate Moss: cuarenta y cinco kilos, dos millones de euros. Podían haber hecho una escultura de cocaína, que está más cotizada y hubiera sido más alusiva. La cosa se expuso en el British Museum , y al razonable censor no tardaron en llamarle… Sí, efectivamente: ¡reaccionario! Las artes y las letras se ahogan en un océano de mediocridad y, como bien dices, de estafa, pero ahora los necios no son ya los que confunden valor y precio, sino quienes nos negamos a confundirlo. Al menos tú has gritado la desnudez del emperador: tú has dejado claro que a otro perro con ese hueso. Un abrazo.

Juanjo dijo...

No sé. A mí jugar nunca me ha parecido una pérdida de tiempo. Deberíamos jugar bastante más.

Pero en el resto coincido contigo. Cualquier forma de expresión no debería necesitar otra para explicarse. Si un cuadro no es capaz de explicarse por sí mismo y necesita un texto que lo haga, me parece un fracaso.

Mita dijo...

Esto me ha encantado, Fran.
Besos

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Tengo problemas para publicar comentarios en tu página.

Tesa dijo...

Por qué no, si el emperador está desnudo lo digo.

No sé porque me gusta una determinada obra, pero sí sé lo que no me gusta, ni me emociona y me parece una tomadura de pelo. O me repugna como un premio que dieron a un tipo que ató a un perro moribundo para que la gente asistiera a su muerte en directo.

Otra cosa distinta es que un artista necesite experimentar, el juego para llegar a lo que necesita expresar.

Hay mucha cretinez suelta, Paco.

Me encanta Barceló como artista también y encima me gusta como persona.

Un beso,

Marcos Callau dijo...

Algo que he leído me ha aterrorizado: cuando la concepción de obra artística precede a la propia obra. Realmente vivimos un tiempo de estafa. Un abrazo, amigo

Kinezoe dijo...

Qué bien lo expresaste, Francisco. Permíteme ser vulgar (y directo): si una mierda enlatada puede considerarse arte, entonces, yo, me cago en el arte. Supongo que tengo derecho a participar de él, ¿no?... ;-) Qué gran mal el esnobismo.

Un fuerte abrazo.