viernes, 15 de julio de 2011

Pasión de gangster (punto final)

Al año siguiente, Machine Gun Kelly (1958), de Roger Corman, fue todavía más lejos, centrándose casi exclusivamente en la relación amorosa entre el gangster y su amiguita. Se trata de dos personajes esencialmente malvados, y no existe la menor referencia a las presiones socio-económicas que puedan haber conformado su carácter o explicar su conducta. Tampoco se pone demasiado énfasis en el intento de situarles en un contexto histórico concreto: parece existir por un mundo formado por destartalados hoteles, gasolineras abandonadas y sucios bares. Kelly (Charles Bronson) es un asesino con complejo de inferioridad y con una morbosa superstición sobre todo lo relacionado con la muerte. Por ejemplo, en un momento determinado, el atraco a un banco fracasa cuando se queda petrificado ante la vista de un ataúd. El personaje más dominante de los dos es su amiguita Flo (Susan Cabot), que no sólo controla a Kelly, sino que utiliza su atractivo sexual más que Baby Face Nelson. Machine Gun Kelly utiliza los elementos tradicionales del cine de gángsters para crear su propio universo en el que las cuestiones morales no sólo están ausentes, sino que son consideradas como inútiles o innecesarias.



A modo de contraste, la protagonista de The Bonnie Parker Story (1958), de William Witney, no está tan firmemente delienada. La película es sí es mediocre, y se acoge a la vieja fórmula del cine semi-documental, especificando en todo momento las fechas, momentos y lugares en los que ocurre la acción. No obstante, el personaje de Bonnie Parker se verá vengado diez años después, gracias a la película de gángsters más conocida e influyente de la década de los 60, Bonnie y Clyde (1967), de Arthur Penn.

A finales de la década de los 50 hicieron aparición dos películas que contribuyeron a abrir nuevos caminos. Al Capone (1959), de Richard Wilson, fue la primera biografía cinematográfica de uno de los personajes míticos del mundo del crimen, cuya representación había sido anteriormente tabú. Contiene una excelente interpretación de Rod Steiger; pero, aparte de eso, se limita a seguir monótonamente la trayectoria de la obra maestra Sacarface hasta convertirse en una de las figuras míticas del gansterismo americano y concede demasiada importancia a su supuesto romance con la viuda de una de sus primeras víctimas.


La década terminó con una película igualmente convencional y no demasiado lograda, La ley del hampa (1960), de Budd Boetticher, que se limitaba a narrar lo que anuncia ya su título. El guión, de Joseph Landon, se concentra en la ética de los gángsters, y su relación con la política; sin embargo, pone el acento en el aburrimiento, la inseguridad y la muerte, como los rasgos más pronunciados de la vida de los delincuentes, con lo que evitó verse acusada de ensalzarles. Aunque fue la primera biografía sobre un gangster distribuida por un estudio importante (Warner Brohers), resulta paradójico que no se pareciese en nada a las primitivas películas de gángsters producidas por este estudio, y que caracterizaban por la concisión, el ritmo y la estilización. No está del todo claro por qué los grandes estudios se decidieron finalmente a superar la aversión a estos temas, que durante tanto tiempo fue ignorado, pero resulta indudable que se vieron influenciados por el enorme éxito de la serie televisiva Los intocables. Las aventuras semanales del agente Eliot Ness y sus continuas luchas contra los delincuentes de Chicago de los años 20 estimularon la realización de películas para la gran pantalla. Brian de Palma realizó en 1987 con enorme éxito Los intocables de Eliot Ness. F.B.I. contra el imperio del crimen (1959), dirigida por Mervyn LeRoy, como homenaje a la figura de J. Edgar Hoover. En la película, Dillinger "Babi Face" Nelson y Ma Baker efectuaron su última aparición cinematográfica durante la década de los 50, pero sólo para recibir su merecido en manos de los famosos agentes de Hoover.

Fue triste final para una década que había parecido tan prometedora. Y lo que resulta todavía más lamentable es que pasara casi otra, antes de que Hollywood decidiese tirar por la borda sus anteriores precauciones y abordar nuevamente el cine de gangster. Entonces, los dilemas sociales y morales y las incertidumbres de los 50 se convirtieron en lejanos sueños en blanco y negro, al igual que las propias películas de gángsters, viéndose reemplazadas y enterradas por nuevas pesadillas en Tecnicolor.

4 comentarios:

Marcos Callau dijo...

No he visto ninguna, Paco. Pero por lo que he leído creo que "Machine Gun Kelly" me gustaría y "Scarface" también resulta interesante, por Rod Steiger, aunque sea un admiorador rotundo de la "Scarface" de 1932. Los años treinta y cuarenta fueron brillantes para el cine de gángsters pero el brillo se fue diluyendo con las décadas de manera galopante. Eso sí, hoy en día solo hay recuerdo. Un abrazo.

39escalones dijo...

Pues lo dicho, el cine de gangsters terminó siendo carne de Roger Corman, "La matanza del día de San Valentín" y demás, que si bien está entre lo mejor de su director, no resiste la comparación con las grandes películas del periodo 1930-35.
Abrazos.

Juan Herrezuelo dijo...

Monumental recorrido por el hampa de celuloide. Yo estuve una larga temporada fascinado por estos personajes, por el tableteo de las Thompson, los largos abrigos, los sombreros, los rostros hieráticos en el acto de acribillar a balazos. Como decían en una película de Garci, mi favorito era Dillinger, porque lo mataron a la salida de un cine. Más allá de las bandas organizadas que se repartían distritos o ciudades enteras, y que de vez en cuando entraban en guerra, el gansterismo en su versión puramente autóctona y rural (Bonnie & Clyde como referente –excelente tu balada de la chica triste-) es como una prolongación de los Billy de Kid o Jesse James, pero con un Ford de los años 30 en lugar de caballo. Esa pasión por las armas, los versículos y la velocidad… Un abrazo humeante. (Por cierto: de la matanza de San Valentín, me quedo con la versión Billy Wilder)

Kinezoe dijo...

Interesantísimo recorrido por la historia de un género que siempre me fascinó. Mi preferido junto al western, los géneros americanos por antonomasia. Realmente buena esta serie de tres artículos.

Un abrazo.