lunes 29 de agosto de 2011

Cuadernos venecianos (fragmentos)

Salgo del aeropuesto de Venecia y cojo un autobús que me conducirá a la Plaza de Roma. Estos autobuses tienen las ventanas cubiertas de propaganda turística que impiden ver durante el recorrido el paisaje y la entrada a una de las ciudades más bellas del mundo.


Llegada a la Plaza de Roma


Enorme caos. Me espanto. Aglomeración de autobuses en un desorden colosal con sus motores a ralentí. Los tubos de escape hace que sea el aire irrespirable. Turistas de todo el mundo campan por doquier; desorientados como yo. Bolsas, maletas, cochecitos de niños, niños llorando, ancianos en sillas de ruedas, grupos de japoneses fotografiando todo. Me imagino por unos momentos que toda Venecia será esto. Anticipo en breves segundos toda mi estancia en la ciudad. Me produce una angustia que debo dejarla de inmediato. Aligero el paso y huyo de todo aquello. Doy con los vaporettos y me subo a uno de ellos. El recorrido por el Gran Canal hacia Santa Elena, última parada del arrabal paradisíaco donde me espera una humilde habitación, es una experiencia que no se olvida nunca.


El Gran Canal


Bajo el sol brillante se me ponen los ojos como platos, comienzo a temblar ligeramente y siento una emoción y un desasosiego físico ante tanta belleza, una exaltación que es una especie de miedo. Venecia es mágica, la ciudad más maravillosa del mundo, porque ha engrandecido sus islas con palacios, edificios e iglesias. Está hecha por el hombre, pero es obra de un genio, rutilante en su propia laguna, flotando sobre su maravilloso reflejo, con los puentes más hermosos y la última y perfecta línea del cielo en la tierra: solo cúpulas, agujas y tejados. Tiene un solo color, el de la piedra más suave. No hay señales de tierra, ninguna en absoluto: tan solo tráfico acuático y canales. Todo el mundo lo sabe, y sin embargo nadie está preparado para esto, y por eso su encanto te abruma. El temor que uno siente es el temor a quedar embrujado e indefenso. Cuesta creer que unas piedras tan sucias despidan tanto esplendor. Las palabras no le hacen justicia a Venecia y nada puede desmerecer su belleza.


El Lido


La palabra Lido quiere decir "playa". El mar está picado y bate contra la playa el elegante Hôtel des Bains, donde Von Aschenbach lanzaba miradas lascivas al encantador Tadzio y meditaba sobre el sentido de la vida en Muerte en Venecia, de Thomas Mann, la suprema narrativa de la temporada baja. Aunque tal vez esta obra maestra debió titularse Muerte en el Lido, teniendo en cuenta que esta isla larga y estrecha no tiene nada que ver con Venecia.


Caminando por Venecia


Mal día para expresar los sentimientos. Me puede faltar lucidez para interpretar correctamente qué pasa. Evito ejercicios precipitados. Lo que más se siente es lo que menos se ve. Aceptamos unos hechos inexistentes en defensa de lo que no queremos ver. Los hechos no dejan de existir porque lo ignoremos. Viajar consiste en buscarse en alguna encrucijada secreta. Morir sólo es haberse encontrado.


El Adriático no es azul como el Mediterráneo. Sus aguas de alabastro se distingue del cielo demarcando la línea del horizonte en un perfil que secuestra la mirada hacia sus aguas con destellos de millones de joyas. El ojo sumiso a la resignación del bípedo siempre soñador, siempre cautivo en su triste condición de eterna penitencia de lejanía y de corto vuelo.



El turista no para de fotografiarlo todo. Mira la ciudad a través del objetivo de la cámara. No quiere perderse nada perdiéndolo todo. Esos niños que viajan con sus padres no recordarán los lugares visitados. A lo sumo, quedarán en sus memorias relámpagos de impresiones que no pueden registrar el objetivo de las cámaras de sus padres.


En Venecia no existe mejor metáfora que esa botella de cerveza vacía que navega por un canal; botella vacía de un náufrago que olvidó introducir su grito de socorro. Estas botellas solitarias arrojadas, quizá, por un europeo en busca de una respuesta a su propia decadencia que no encontrará nunca; una botella vacía que no será jamás recogida y que seguirá su rumbo hacia el Adriático por donde antaño pasaron embarcaciones que hicieron de esta ciudad, desde el siglo V, el núcleo del comercio y el turismo. Somos el desperdicio de siglos enteros, el desperdicio de la nada que ha medrado.


Vida de terraza


Lo que tiene la vida de terraza es que no hay vida de terraza. Las parejas no hablan y los grupos se entretienen cada uno en mirar a través de sus cámaras las fotografías que han realizado durante el día. Pido un café y una botella de agua: 12 euros.


Gondoleros


El gondolero ha perdido por completo la compostura. Su silueta silente perfilada en el cielo crepuscular, su perfil de tinta china por los canales, ha dejado de existir. Hay aglomeración de góndolas. El exceso produce atascos, que vistos desde cualquier puente, produce risa. El gondolero actual vocea sus servicios descaradamente, ávido por capturar al turista. 25 minutos de paseo en góndola: 85 euros. He visto a gondoleros en medio del Gran Canal adoptando poses ridículas para hacer la fotografía que le ha exigido su obesa tripulación americana.


Venecia se inunda a menudo; sus mármoles están estropeados, las pinturas se pudren, hay rincones que huelen mal: Los canales están verdes, hay partes que parecen envenenados, está llena de basura, está repleta de ratas y no pueden con ellas ni siquiera el ejército de gatos venecianos. Su hundimiento no es debido a un aumento del nivel del mar ni a los cambios en las placas tectónicas ni a la presión de los edificios sobre los sedimentos blandos. Es el desgate que el oleaje produce en los edificios por el aumento de tráfico de embarcaciones de motor. Las olas que originan erosionan los cimientos de los edificios de las orillas, y, evidentemente, por el peso turístico. Me gustaría saber cuántas toneladas de pizzas se comen en Venecia en un día.


El Gran Canal


El Gran Canal visto desde el Puente de Rialto (es una suerte encontrar un hueco), es una carretera infernal de un tráfico constante de todo tipo de embarcación. He visto a gondoleros sortear peligrosamente a los vaporettos que bajan y suben por el canal atestados de turistas comprimidos como sardinas en lata. Los obesos que estaban en la góndola se lo tomaron como una atracción divertida.

¿Venecia romántica?


Venecia no es romántica. La masificación de turistas impide todo romance durante el día, y la soledad nocturna de la ciudad es más bien para el paseante solitario que se cruza constantemente con los figurantes de la ciudad que vuelven tras una larga y agotadora jornada (ya sea un gondolero, o, un camarero de terraza, o, un vigilante de museo) a sus casas con el disfraz puesto, que no les queda tan bien al verlos fuera de contexto. Durante el día Venecia huele a pizza y a sudor de multitudes y rara vez se ve a una pareja besarse sobre los puentes abarrotados o en los rincones más solitarios repletos de basura. Venecia es cara para los amantes pobres. He visto a muchas parejas comiendo trozos de pizza sentados en escalones muy transitados. Por otro lado, Venecia es un perfecto decorado para los amantes millonarios y envejecidos. He visto a estas parejas descorchar botellas de champaña sobre una góndola. Otras con guitarristas tocando temas como El padrino, Sole mío y Volaré y atascados en un canal por otras góndolas repletas de americanos realizándoles fotografías y bebiendo coca cola en lata, al mismo tiempo que cruzan por los puentes parejas con mochilas pesadísimas sobre sus espaldas. Creo que la patología de la cámara digital ha suplantado al romanticismo. Las parejas caminan por la ciudad separadas en busca de la foto.


Último día en Venecia




Hoy abandono Venecia. Escribo estas notas a las siete de la mañana en la habitación que me acoge. El día ha despuntado fresco con un cielo de nubes que se dispersan plácidamente. Veo las ventanas de los edificios que me rodean con balcones de geranios. Un barrendero barre la última brisa y una paloma alza el vuelo en un batir de alas esporádico desde un lugar incierto. Un hombre en camiseta riega el alba. Todo parece plácido, concreto en su orden natural. Esta mañana es una mañana atemporal. Suena unas campanas a lo lejos. Unos pasos de tacones realza la piedra milenaria de esta magnífica ciudad mil veces caminada y mil veces soñada que nos acoge y despide como una infiel amante que nunca llegamos a conocer del todo. Venecia ya es un recuerdo antes de dejarla. Venecia ya no es la ciudad turística sino el olvido de lo que ha sido y la memoria de lo que és; una ciudad donde van a parar todos nuestros sueños de piedra y agua que desemboca en cualquier canal a medianoche; el palacio de la imaginación abandonado; la máscara carnavalesca de nuestros sentimientos; las iglesias cerradas de nuestras creencias; las paredes viejas y húmedas de nuestra alma; el gondolero convertido en Caronte que nos transporta por las aguas de la Estigia; las callejuelas laberínticas de nuestra psicología; el anhelo fútil por descubrir un recoveco para reposar nuestros cansados huesos; el delta de toda esperanza acribillado de embarcaciones repletas de sombras en un éxodo sin destino y universal.

Me despierta la voz impersonal del piloto para informarnos que ya sobrevolamos el cielo de Barcelona.


13 comentarios:

Elvira dijo...

Ooooohhh! ¡Qué maravilla, querido Paco! Es mi asignatura pendiente. Y lo explicas muy bien. Pero cuando vaya pienso hacer millllllloooones de fotos con mi cámara digital. :-)

Besos

Anónimo dijo...

Buenos fragmentos.

Yo he estado en disttintas épocas del año dos veces en Venecia..., y me encanta.

La he visto tranquila.

Me he perdido por sus callejones.

He visitado alguno de sus palacetes decadentes.

Recuerdo una noche especial con dos de mis hermanos y unos amigos en la plaza de San Marcos..., estaba cansada y feliz, así que ni corta ni perezosa me descalcé y aunduve contenta.

Por cierto por fin he podido recuperar casi todo mi blog. Tan sólo he perdido unos meses de este año... pero tengo los textos así que procuraré ir restituyéndolos mientras incorporo los nuevos. De paso le he dado una nueva apariencia..., bueno y a además por fin funcionan un montón de cosas que en la anterior plantilla nunca pude poner en marcha.

La nueva dirección www.hildyjohnson.es

Besos

Hildy

axis dijo...

Si me preguntaras querido Fran en dónde pasé mis tres mejores días de viaje, te contestaré sin dudarlo: Venecia!

Incluye alegría asombrosa, spritz (aperitivo muy típico de allí), romance con un veneciano, volver a un estado puro, calles estrechas en la oscuridad, bares fuera del circuito puramente turístico, amistad, un rissoto casero, y muucha muuucha emoción :)

Besos!!!!

39escalones dijo...

Bonita crónica veneciana (hay que ver qué bien se montan algunos las vacaciones...): Ah, Venecia... La única ciudad en la que, según el gran Gila, el precio de los inmuebles se tasa por litros cuadrados...
Abrazos.

Raúl dijo...

¡Bravo!
Tras esto, uno puede cometer el despropósito de pensar que vale más la pena leer tu viaje que volver a Venecia.

Kinezoe dijo...

Ciudad de contrastes. Los turistas, cada vez más, comienzan a transformar los lugares... Ya veo que tú tienes más de viajero que de turista. Espléndida crónica la que nos has dejado. Muy rica en detalles.

Un abrazo, amigo.

Francisco Machuca dijo...

ELVIRA:Es lo que tienen los lugares de ensueño,da para realizar muchas fotografías.No obstante,creo que algo se pierde cuando el objetivo de la cámara se impone.No estoy en desacuerdo con realizar fotografías,pero me parece que se ha convertido en una obsesión tan extrema que la gente ha dejado de mirar,simplemente mirar.
Un beso,guapa.

HILDY: Tomo nota de tu nuevo espacio. Venecia tiene sus temporadas y es evidente que Agosto no es un buen momento,desde luego.
Besos.

AXIS: No te creas ni la mitad de lo que he escrito.Los verdaderos romances se dan en cualquier lugar.Cuando se está enamorado no se ve absolutamente nada o,se mira de otra manera.
Besos,guapa.

39ESCALONES:Estuve mirando en varias inmobiliarias situadas en los canales,ya sabes,para saber cómo estaba allí el asunto de la vivienda.Me enfurecí,de verdad,porque está igual que aquí,en donde habito.Y claro,no hay color.Pagar por pagar,yo me voy a Venecia.Acabo de mandar un currículum vitae a la asociación de gondoleros.Espero respueta.
Un abrazo,amigo.

RAÚL:Creo que vale la pena visitarla.Aquí he puesto las partes más irónicas de mi cuaderno de viajes,ya me conoces,pero he disfrutado mucho su arquitectura y su arte.No hablo en este blog sobre mis visitas a los museos y los magníficos cuadros que he podido apreciar.El Palacio Ducal y su magnífica colección de arte.Venecia es una ciudad única para apreciarla en su justa medida.
Un abrazo,machote.

KINEZOE:Los turistas son una verdadera plaga.No critico,ni mucho menos,a la gente que viaja y quiere conocer y ver mundo,pero la calidad del turismo de masas deja mucho que desear,y,lamentablemente,las ciudades se adaptan a ellos y yo esto no lo puedo tolerar.Es lo mismo que ocurre en Barcelona. Su transformación ha llegado a un límite de horterismo y mala calidad que abruma.Existen ciudades europeas que no han consentido esta permisividad.
Un abrazo.

Mita dijo...

Te sienta bien la luz veneciana :)
He estado varias veces, el viaje más bonito fue desde los lagos del norte de Italia (Cuomo) hasta Venecia. Tuve algunas experiencias divertidas, me gustan mucho las tiendas que hay en las callejuelas donde venden o alquilan los trajes de carnaval, me probé sombreros de todas las épocas :) Y un Sr. me vio tan entusiasmada que me vistió por completo con un traje de carnaval de raso azul y dorados, máscaras y plumas...Buscaré la foto para enviártela, me dejó salir por los canales para hacerme fostos...Una ciudad demasiado cargada de historia y cultura, demasiado para vivir...
Besitos desde Wiesbaden

Francisco Machuca dijo...

MITA:No está nada mal la experiencia,amiga.Ya me hubiera gustado verte subida a una góndola con un disfraz.Por otra parte,Venecia es un portento arquitectónico inigualable,también cargadas de historias empezando por Casanova y terminando por Ezra Pound,al cual visité en el cementerio veneciano.
Respecto a lo me me dices de lo bien que me sienta la luz veneciana,debo decirte que sufrí unos días de calor insoportable.Llegué incluso a quemarme.
Besos y te escribo por vía papel.

venecia dijo...

te envidio, yo nunca he estado ahí, a pesar de ser homónima... pero he ido un poco siguiendo tus líneas. una maravilla de viaje. gracias.

Marcos Callau dijo...

Muchas gracias por trasladarnos a Venecia, aunque no sea como antes...

Francisco Machuca dijo...

VENECIA:Me gusta mucho tu nombre.Si decides ir te recomiendo que no toques la temporada alta.
Besos.

MARCOS CALLAU:Nada es lo que fue.Tópico,ya lo sé.Pero merece la pena intentarlo.Lo único que nos salva es la imaginación.
Un fuerte abrazo,amigo.

Tesa dijo...

Venecia, octubre 2004: me llamó la atención que se oyen los pasos, los roces, los suspiros, el murmullo de la conversación ante la usencia de tráfico. Es algo extraño, pero qué felicidad sin coches.


Viajo siempre que puedo fuera de temporada, busco un hotel pequeño alejado de la locura, esa vez fue detrás de la Academia.

Nada más llegar me di el lujo de tomar un espresso en el Caffè Florian, el café más antiguo y caro de Venecia, pero servido por un camarero que parecía salir de una película de Visconti, mientras el acqua alta hacia de espejo a San Marcos y alrededores. Muy recomendable.


Demasiados turistas, aunque sólo tienes que salir de lo trillado, ir al ghetto o al Castello para sentirte un poco veneciano.

Venecia es muy caro, y de noche la ciudad está poco iluminada y todo cierra muy pronto, como te descuides te quedas sin cenar, al menos en octubre.

A veces, me daba la sensación de un decorado.

Florencia ha sido mi lugar mágico de Italia, tanto que no quiero volver para no romper ese recuerdo.


Hay tanto Arte en tan poco espacio que sufrí sin remedio el síndrome de Stendhal.


Y pensé que si tuviera que retroceder algún lugar de la Historia sería allí en el momento que vivió Miguel Ángel, por poner sólo uno de mis favoritos.


Paco, estás muy guapo. Por un momento creí ver y escuchar a Corto Maltés sin gorra tomando el pulso a su ciudad volviendo de alguna de sus aventuras. .


Besos,


Ah, Aznavour lo más!