De Bob Dylan se ha escrito mucho y se ha dicho muchas cosas. Camaleónico, esquivo, antipático, místico e introvertido. Dylan es el músico más influyente del siglo XX. En los sesenta abandonó el folk y electrificó su música con un nuevo sonido de mercurio. Le llamaron "Judas", y, por aquella época de cambios convulsos, D.A.Pennebaker realizó un magnífico documental, Don't Look Back (1966), que retrató fielmente a un Dylan diferente, psicodélico, agotado y criticado. Después tuvo un accidente de moto y desapareció de la escena durante ocho años. Dylan tuvo el tiempo suficiente para reflexionar y grabó el disco Autorretrato. Aquí empieza realmente el meollo. Cambios y registros; más máscaras, más laberintos. En los setenta se pintaba la cara de blanco en sus conciertos. Los medios de comunicación y sus fans no sabían cómo coger al genio de Duluth, Minesota, un muchacho de una provincia gris, que había revolucionado la música y de cuyo nombre verdadero es Robert Allen Zimmerman. Judío, se convirtió al cristianismo y cantó ante el Papa. Dirigió una película, Renaldo y Clara (1978). Actor esporádico. Pat Garrett y Billy The Kid (1973), con banda sonora inclusive y muy buena, por cierto. Dos documentales de Martin Scorsese: The Last Waltz (1978), y, No Direction Home (1975). Corazones de fuego (1987), y, Anónimos (2003). Temazo para la película Jóvenes prodigiosos (2000). Y la lista se me escapa. No puedo atraparle. No hay manera de abarcar su monumental trabajo como colaborador en innumerables proyectos para otros cantantes y grupos famosos. El Dylan actual adquiere un nuevo look obsequiándonos con un ínfimo bigote estilo Willy DeVille que aparece y desaparece, y una vestimenta tanto dentro como fuera de los escenarios plenamente country, incluidas las botas de rigor y el típico sombrero Stetson destinado a los cowboys. Su último sobresaliente trabajo se titula Together Through Life.
Este post se me hace difícil, se me escapa. Llevo escuchando a Bob Dylan treinta y dos años. He asistido a muchos de sus conciertos. He leído todo lo que se ha publicado sobre él. He leído su Crónicas (Vol.1), y no hay manera de descifrarlo. Me doy por vencido, pero sigo gozando de sus canciones. Dylan es un prodigio como compositor. Sus canciones son, posiblemente, las más bellas jamás compuestas. Dylan contradictorio. Canción protesta. Enemigo del establishment, de la American way of life. No lo hemos visto nunca en ningún programa de televisión ni que se pase un día firmando su nueva entrega discográfica en un centro comercial, pero nos sorprende una vez más con el tema de los anuncios televisivos. Eso sí es nuevo. El genio cede su voz e imagen actual para un spot de Victoria's Secret (lencería femenina) compartiendo minutaje con la modelo Adriana Lima al tiempo que suena Love Sick de su apabullante obra maestra Time out of Mind. Protagoniza él solo un clip de promoción del modelo Escalade de Cadillac, una especie de 4x4 de la marca yankee en el que podemos verle conduciendo el vehículo como destino a la libertad del desierto. Ipod también tiene su parte del pastel para su anuncio, Dylan toca la guitarra y canta Someday Baby (quinto corte de otro disco digno de su historia, Modern times) entre penumbra mientras que una chica con ambición de Gogó baila escuchando un artilugio de la marca. Pero lo que es difícil de digerir es que el genio ceda imagen, la suya en el periodo 1965-66, para un anuncio de Pepsi destinado a la Superbowl, el acontecimiento deportivo que paraliza USA cada año.
No esperaba, ni mucho menos, de I'm not There (2007), de Todd Haynes, el texto definitivo de la vida de Dylan. Por cierto, esta película ha llegado con tres años de retraso a nuestro país. Este filme huye radicalmente el biopic, sin embargo, paradójicamente, consigue establecer toda una serie de relaciones dialécticas entre el mundo real y el de ficción que aportan nuevos matices sobre cómo Dylan se nutrió de la cultura americana, y, a la vez, cómo fue adsorbido por ella. Son estos procesos recíprocos la que la vincula. I'm not There no es solo un Dylan sino de unos cuantos Dylans. Actores como Heath Ledger, Christian Bale, Richard Gere y Cate Blanchett se reparten el trabajo de dar vida al genio en algunas de muchas facetas vitales. Es evidente que no refleja fielmente, no podía de otro modo, la idiosincrasia del personaje, aún queda lejos de mi percepción de Dylan. Sin embargo, valoro positivamente las aproximaciones que protagonizan especialmente Ledger y Gere, que sin buscar cuadrar una fase específica de la vida del músico, sí que evolucionan por momentos recordando ademanes y actitudes. Las escenas de Richard Gere como un simple hobo viajando de polizón en un tren son muy remarcables.
El objetivo de Todd Haynes no es reconstruir el mito. Como sus películas previas, Velvet Goldmine (1998) y Lejos del cielo (2002), I'm not There es, entonces, un ejercicio semiótico disfrazado de cine de época. Manipula vestuario, música y un torrente caleidoscópico de referencias y estilos para capturar las personalidades no de un hombre, sino de una idea. Cada personalidad tiene su propia línea narrativa y juntas conforman una estructura genética mutante. Todas las encarnaciones de Dylan huyen de alguna cosa. De la fama, la prensa, el amor, la ley. De sí mismo. I'm not There. No estoy. Yo no soy éstos. Esta película es una reivindicación de la imposibilidad de capturar ninguna vida en una narración. ¿Cómo se puede definir, entonces, el trabajo más ambicioso de Haynes? ¿Como un antibiopic? ¿Un poema ensayo? ¿Un docudrama impresionista? Yo más bien lo veo como una visión cubista. Es un espectáculo único que sorprende y confunde y que, para los detractores o profanos de la materia, puede llegar a ser visto como 135 minutos de bromas privadas, como un ejercicio formal que no llega a extrapolar el simbolismo de la vida de Dylan. Pero es que Dylan no es un símbolo sino de sí mismo. I'm not There, nos da una lección de piezas de puzzle pensadas para descifrarla,pero sabe que no hay manera de hacerlo.
Dylan, con setenta años, sigue hoy cuestionando controversias al mismo tiempo que el viejo rugido de león se niega a claudicar. Cuando la mayoría de sus cohetáneos han dejado de existir y los que todavía están entre nosotros apenas se dejan sentir, Dylan sigue volcando en remachar su presencia en el día a día. Dylan sigue dando conciertos por todo el mundo y no presenta sus giras, simplemente lo tienes en la carretera. No Direction Home. Como Montaigne que nos dejó para siempre a la intemperie, porque escribió: "Nunca estamos en casa".
6 comentarios:
A escuchar como un loco a Dylan. Abrazo, sr.
Lúcida y transversal tu visión dylaniana (en la que, paradójicamente, no se te escapa nada). En el calor de la noche (tan cinematográficamente sugerente) del verano de Córdoba, traduje a mi lengua el efecto Bob Dylan:
Bebo el agua de la noche
en las fuentes de tu sueño.
Me deslizo en tu interior
como un ladrón de seda
a la hora en que la luna
huye de los murciélagos.
Bob Dylan canta a la lechuza
del verano su salmodia de estrellas.
Luego, escapo por la escalera de caracol
de tu misterio desvelado
en mitad de la noche:
Blowing in the wind
Blowing in the wind
*La noche que vimos a Bob Dylan
Córdoba, 12 de julio de 2004
Un abrazo, maestro.
Excelente repaso amigo Machuca para un tipo que se ha pasado la vida reinventándose, difícil labor y sin embargo imprescindible apra un cantante que ocupa esa posición que nunca nadie más ocupará. Bobo Dylan es único. Un abrazo.
Me gustó I'm not there. Y sí estoy de acuerdo, es un retrato cubista de Dylan..., un intento de atrapar todas las facetas posibles de un ser humano..., todos nuestros desdoblamientos...
Siempre es un placer escuchar una buena canción. Y esa voz peculiar.
También es interesante sus relaciones con el cine. Hay cantantes que tienen una intesa relación..., me vienen de pronto a la cabeza Tom Waits o aquí el más desconocido (en su faceta como cantante) Kris Kristofferson. A este último le tengo mucha estima como creador de Me and Bobby McGee... que se la oi cantar por primera vez a Janis Joplin... Pero vamos mis conocimientos de música son mínimos y super contradictorios y mezclados (vamos que lo mismo disfruto con un bolero que lloro escuchando una canción de Victor Jara u otra de un grupo de heavy metal..., o me pongo a bailar una conga..., contradictoria a tope, vamos)
Besos veraniegos
Perdona por el rollo que me he marcado...
Hildy Johnson
Ha caído en mis manos el DVD de "I'm not there" así que cuando la vea te cuento.
Saludos.
"I'm not there" me parece una disección fría, aséptica, casi de laboratorio. Magnífica en su concepto, pero algo distante, quizá porque, en efecto, apenas nada puede atraparse del personaje. Uno de los principales papeles de Los Beatles en el panorama mundial fue suplantar a Dylan en la atracción colectiva de la gente, en tapar al outsider incómodo con el pelo cortado a tazón de cuatro muchachotes iletrados que apenas sabían hablar, pero que sirvieron para personificar el grupo, la colectividad, la masa cerril y complaciente con los dictados de las modas. Dylan cantaba que "Los tiempos están cambiando", amenazando y advirtiendo a los inmovilistas. Y los tiempos cambiaron sí, pero han sido mejores para ellos. Tanto, que él mismo se convirtió en uno de ellos. No puedo olvidar su "actuación" ante el Papa. Dylan bien hubiera hecho retirándose a tiempo.
Abrazos.
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