Como todos sabemos, hoy ocupan su puesto los "imagólogos", que es como denomina Milan Kundera a los manipuladores de la opinión pública, en la convicción de que sólo existe aquello que los medios de comunicación de masas, la televisión, el cine, la radio y la prensa, ofrecen al público. En el mundo de la "imagología" no existe el ser en sí sino, únicamente, la imagen del ser, mil veces retocada, recortada, deformada, simplificadora en eslóganes publicitarios, pero a cambio difundida en millones de ejemplares. Vivir para la inmortalidad significa ocuparse de la propia imagen, del propio aspecto ante los ojos del público. El deseo de dejar impresa la propia imagen en la conciencia de las generaciones venideras conduce paradójicamente a la pérdida de la autenticidad del ser humano, que vive exclusivamente para la mirada de los otros.
Federico Fellini realizó en 1985 un eslógan que retrata muy bien todo lo dicho. Hay que mirarlo con atención.
La colocación de la botella delante de monumentos antiguos claramente italianos, fetiches ellos también, es una fábula moderna, un emblema de la modernidad, presentado en su marco: el de la televisión, que, irónicamente, en un mundo en ruinas sería lo único que vendría a satisfacer imaginariamente la necesidad fantasmal de colmar el vacío . Y ésta es la sensación que queda: la fascinación y el guiño como aperturas a la incredulidad, la necesidad del fetichismo y de los objetos de deseo y de consumo imaginarios creados por la publicidad televisiva, y la verdad del desierto y del aburrimiento actual, del devenir resto arqueológico de lo real, un paisaje frío y desolado, una mineralización lunar. Ruinas y desiertos, imágenes de la nada moderna.
2 comentarios:
Aguarda un segundo, voy a mirar por la ventana, a ver qué ponen hoy en mi barrio...
Fellini era Fellini en todo momento.
Abrazos.
Ese afán de cultivar una imagen muy atractiva es lógico que conduzca directamente a la pérdida de autenticidad. Y esto último es lo único que vale la pena. Pero la autenticidad está muy infravalorada.
Besos, querido Paco!
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