martes, 27 de septiembre de 2011

Arena y estrellas

El piloto tuvo un aterrizaje forzoso en el corazón del Sahara por motivos de una avería en uno de los motores de su avión. El lugar del aterrizaje no era precisamente el más idóneo para estos casos, y él, lo sabía. Allí se encontró perdido en pleno desierto. Ante semejante desesperación no tuvo otro remedio que enfrentarse con la perspectiva de vida o muerte. Se planteó la pregunta más honda en cuantas se hacen en la vida, que no es otra cosa que una fábula: la pregunta por la propia vida y por cómo plantearla. Es entonces cuando se produce el encuentro del adulto con el ser de su propia infancia sobre el telón de fondo de la emergencia humana, y su naturaleza se formula como un cuestionamiento apremiante, la inimitable manera de preguntar de un niño, el Principito, que plantea cantidad de preguntas a su mentor adulto. El diálogo entre el piloto y el niño es una forma de apelación a uno mismo: el adulto se compromete con el ser de su propia infancia a través de las imágenes libres de trabas y las exigencias de un niño pequeño. El Principito y el piloto inician este proceso a través del dibujo, cuando aquel plantea su primera exigencia: "Dibújame una oveja, por favor." La fábula de la vida es surrealista, en el sentido de que desafía las convenciones de la realidad y entra en un paisaje onírico, en el que la imaginación puede desbordarse. Poco a poco el piloto se ve reconducido al descubrimiento de su capacidad de imaginación. Y así es cómo los papeles se invierten y el niño guía al adulto por el sagrado arte de la admiración. Todo un manifiesto acerca de cómo puede y debería ser vivida la existencia del adulto. Todos tenemos una herida secreta y combatimos para redimirla contra el contagio humillante del tiempo y el flagelo de la realidad adulta. El aviador, en este caso, se salvó por primera vez.



El piloto tras esta aventura no dejará de volar. Con el tiempo los adultos le dicen que ya no es apto para pilotar aviones, debido a sus feas heridas ocasionadas por varios accidentes. Pero el aviador persiste en su empeño. Es el mejor piloto de todos los tiempos. Es matemático, sabio, prestidigitador, visionario, marinero, el que considera no haber vuelto a vivir después de la infancia. El que escribió: "Todas las personas han empezado siendo niños pero pocas lo recuerdan." Principito nostálgico de un pasado perdido, el que fuera a la vez nómada, aventurero narrador infatigable, humanista, el que domestica, el hombre responsable, el que nos enseña el camino. El que ha escrito una de las más grandes obras literarias del siglo XX. Nadie es capaz de comprender que el piloto necesita escribir, volar, para contar sus viajes y después volver a volar con miras de conseguir inspiraciones para sus escritos, y como resultado, que escribe para tener ocasión de seguir volando. Todos se lo advierten: "Deja de volar".

El piloto va a emprender otro vuelo. Es 30 de julio de 1944. Por la noche deja dos cartas en la mesa de su cuarto. En una de ellas dice: "Si me derriban, no lamentaré absolutamente nada. El futuro me espanta. Y aborrezco esas virtudes de robots. Yo nací para ser jardinero." Al día siguiente sobrevuela el Mediterráneo a lo largo de las costas provenzales. Un par de cazas alemanes van tras él empecinadamente. Ellos no saben que no pueden ganar. El piloto no se deja amedrentar y de súbito cobra conciencia y deja de abrumarle el futuro. Siempre hay un momento en la infancia en el que se abre una puerta y deja entrar el porvenir. No es el último vuelo. No es el último sueño. El reino de la infancia y cuyo soberano, el Principito, lleva su nombre.


13 comentarios:

Elvira dijo...

"el sagrado arte de la admiración..." Que no perdamos nunca la capacidad de asombro, de sorpresa, de maravillarnos.

Un beso, Paco!

Luzdeana (Diana H.) dijo...

Este post me toca especialmente de cerca. La ciudad donde vivo, Concordia, en Entre Ríos, tiene una historia que asegura que nuestro legendario Castillo de San Carlos (ahora en ruinas), en el parque que visitamos muchos cada semana, sirvió de inspiración a Saint-Exupery y su maravilloso libro, cuando hizo un aterrizaje forzado en uno de sus vuelos correo por la Argentina. Te dejo este link por si te interesa conocer los detalles:

http://antoine.saintexupery.com.ar/pagina_nueva_5.htm

Un abrazo muy fuerte.

Emilio Calvo de Mora dijo...

Asombro, asombro, asombro, Paco. Sin él no hay arte, pero tampoco vida.
Hace años, muchos, que leí El principito. Ya está en mi mesita de noche. Abrazo.

jimarino dijo...

Querido Francisco;
A estas horas de la mañana, encontrarme con tu magnífico texto sobre Saint-Exupery y el principito me ha hecho sonreír con esa ilusión del niño que todavía cree. Saldré a la calle dentro de unos minutos con una expresión beatífica. Hermoso de cojones compañero, y completamente de acuerdo, es uno de los libros más fascinantes y misteriosos de la literatura del siglo XX. Me encanta tu versión de ese Saint-Exupery en el aire, en su último vuelo, pensando en que el porvenir fue una invención que entró en su vida de niño, convertido de nuevo en entusiasmo y en nube, a punto de desaparecer, porque en verdad, tal vez, así lo había decidido.
Un abrazo muy fuerte.

39escalones dijo...

Mi querido amigo, te recomiendo el corto de la zaragozana Laura Sipán titulado "El talento de las moscas".
Abrazos.

Halcón Peregrino dijo...

Hermoso ensayo. Inspirador. Para seguir volando, descubriendo imaginando. El niño latiendo.

Saludos.

axis dijo...

Estoy leyéndote desde mi trabajo, mi jefe me mira y me pregunta qué me pasa, yo le contesto, nada, es que me emocioné. Y así fué mi querido Fran, de alguna manera, hay personas o situaciones que te llevan inmediatamente al recuerdo de alguien querido en este caso a mi padre, con el que anoche soñe que lo abrazaba con mucha fuerza.
Él tenía en su biblioteca libros de Saint-Exupéry y yo sabiendo de su gusto e interés por él le había regalado unas estampillas (que si las encuentro las escaneo y te las mando)
Tu relato una vez más, excelente :)

Besos!!

mindinmungui dijo...

Hermoso de cojones, como han dicho por allá arriba, no se me ocurre otra forma mejor de decirlo, me lo sé de memoria, era mi libro de texto de pequeña en francés, todavía riendo con tu "A la mierda".
Besazos,

Anónimo dijo...

... El Principito.
Qué recuerdos.
El aviador.
El niño.
Y unos dibujos que abren un mundo de imaginación sin límites.
Como cuando vuelas.
En un avión.
En la fantasía de un niño.
En la imaginación de un adulto que no ha perdido de vista la infancia...
Bonito texto.
Besos
Hildy

Marcela dijo...

Durante algún tiempo, después de leer el Principito, me era imposible mirar las estrellas o la arena, y no pensar en esa historia. Después lo olvidé y la arena y las estrellas volvieron a estar solitarias. ¿Será porque crecí?
Un beso.

Mita dijo...

Es una gran pregunta la de cómo plantear la vida, no solo como parte de una reflexión -callada o escrita- sino como una revolución diaria. A veces es el niño quien se impone tan fácilmente que resulta casi vergonzoso ante los demás. Esa puerta se abre y el aire pasa en dos direcciones.
Un gran beso

Tesa dijo...

Qué post tan maravilloso, Paco, adoro el Principito, es uno de esos libros que siempre acarreo en mis mudanzas cuando me desprendo de casi todo.

Por suerte sigo conversando con la niña que fui, nos cuidamos mutuamente y, así, juntas mantenemos el equilibrio.

"Los hombres –dijo el principito- se encierran en los rápidos, pero no saben lo que buscan. Entonces se agitan y dan vueltas. Y agrego:
-No vale la pena…"

Este fragmento especialmente para ti con un abrazo,

Juan Herrezuelo dijo...

A pesar de ser un niño que devoraba libros, mi interés por las historias de intriga me impidió leer en su momento El Principito. Tuvo que ser ya cumplidos los cuarenta cuando empecé a leérselo a mi hija, y confieso que apenas terminé la dedicatoria (A León Werth….) tuve que detenerme emocionado hasta casi unas lágrimas que me avergonzaba mostrarle a la niña: supe que iba a descubrir al fin aquel libro que me perdí “cuando era niño”. Luego, pasaje a pasaje, me vi abrumado. Era una de mis "heridas secretas" e iba al fin a "redimirla del contagio humillante del tiempo". Nunca es tarde si el trono es tan merecido. Precioso texto, Francisco. Un abrazo encaramado a mi baobab.