Estimado amigo:
Como ya te he escrito en otras cartas, sigo agradeciéndote tus aventuras y tu moral incorruptible que tanto han contribuido a lo largo de mi vida. Quizá me repita pero poco puedo añadir que tú ya no sepas. Sinceramente me siento un poco mal y sólo puedo recurrir a tus historias, y a las de Stevenson, Conrad, Melville, Kipling, London, Verne, Salgari, etc. Mi tiempo; el que me ha tocado malvivir es una lucha constante contra lo individual, elemento al que cada vez se le está quitando terreno. No sé qué va a quedar con todos nosotros cuando se termine de racionalizar la vida. Quizá nada, pero puede ser que, una vez descartada la falsa interpretación que damos ahora a la personalidad, nos enfrentemos entonces con otra, con la más entretenida aventura.
Como ya te he escrito en otras ocasiones, este siglo se niega a reconocer a la gente el derecho a no estar de acuerdo con el mundo. No veas cómo te ponen cuando empiezas a cuestionar las cosas, pero tú me entiendes, amigo. La generación a la que pertenezco, y, que poco tengo que ver con ella, todo sea dicho, no tiene tiempo de construirse un drama interior; ha encontrado el drama exterior perfectamente construido. Somos una generación de quiere un empleo, una nómina segura, una familia y una vida tranquila. Los partidarios del sobre a fin de mes...
... es más intensa la nostalgia de la individualidad perdida, de la intimidad avasallada, del yo violado. Cada vez nos parecemos más a lo que no queremos ser. Creo, mi queridísimo colega, que para llegar a ser lo que uno debería ser, hay que renunciar a lo que soy. Solamente cuando nos perdemos por los musicales senderos de la selva panida podemos oír los pasos y evocar la sombra del desconocido que va con nosotros. En cierto modo hemos perdido el privilegio de ser "distintos": es una lástima. Cualquier ser humano es un espejo del mundo entero, y la sociedad reposa sobre un crimen del que todos somos responsables. Conquistar la individualidad en medio de las fuerzas atenuantes que se desbordan es el principio de la inteligencia. Sí, amigo, el hombre es un ser incompleto. Apenas nace y se fuga de sí mismo.
El otro día, leyendo una de tus aventuras por quincuagésima vez, leí que decías: "No creo en los dogmas ni en las banderas". Estamos rodeados por un mutismo siempre creciente de lo abstracto, aunque el hombre, expulsado a la nada, expulsado del yo, sea presa de la más fría de las violencias, lo que azota el mundo es el aliento de lo absoluto.
Vivo, como ya sabes, en un mundo en el que la presión de las circunstancias concretas, las relaciones sociales enajenadas y los códigos anónimos es tan fuerte que priva al individualismo de la libre elección de sus actos, disuelve su individualidad e impide en embrión sus intentos de comprender a los demás y comprenderse a sí mismo. Es un contrasentido confundir individualismo y egoísmo: el segundo es un rasgo eterno de la naturaleza humana, el primero una formación más o menos reciente en la historia de las culturas...

... allí donde el número triunfa, la moral capitula. En el mundo administrativo y organizado a escala planetaria, la aventura y el misterio del viaje parecen acabados. Quizá el siglo XVIII fue el último siglo europeo en el que la aventura era posible, el XIX tiene la inquieta conciencia de su precariedad. En tus aventuras de principios del XX hay un cierto estado de ánimo que te lleva siempre a tomarte las cosas con filosofía. Estás de vuelta de todo y no pierdes la ocasión de encender un cigarrillo, ya sea tumbado en una hamaca a orillas de una isla remota, o en una callejuela donde desembocan todos los sueños frustrados de una civilización marchita. A veces caes del cielo y a veces hablas con los gatos o las cosas inertes. Los seres humanos no son nunca claros. Eres un marinero en tierra firme, pero siempre con un ojo mirando hacia la mar, tu verdadera patria. La pasión es la exaltación de la individualidad. Hay travesías de cuyo destino eres tú. La nuestra: levantarse, vestirse, alimentarse, ir al trabajo: para llevar a cabo estos sencillos gestos hace falta un valor sobre humano. Vivimos de principios, somos menesterosos de principios, de orígenes, de amaneceres, de deslumbrantes comienzos. Somos unos primitivos con ordenador. Cada amanecer tiene algo de rectificación de toda la historia anterior de la humanidad y del planeta. Pero luego nada. La pesadilla de la sociedad moderna, prisionera de sí misma, que finalmente expresa tan sólo su necesidad de dormir.
El hombre verdadero, amigo, es sólo aquel que cuando se encuentra suscita la necesidad de buscar otro aún más verdadero, y así sucesivamente. Es una suerte, por mi parte, que pueda contar con tu amistad, porque en mi tiempo una persona interesante es muy difícil de encontrar. "Bien pocos seres que admirar me quedan", decía un poeta. "Lo que los demás rechazan de ti, eso eres tú. Cultívalo", decía otro. La impostura empieza cuando se considera al individuo como algo hecho cuando todavía está por hacer. Tú me enseñaste que no se puede salir de la sombra, ni siquiera un poco, sin exaltar el odio de muchos.
Te mando un fuerte abrazo.
Te mando un fuerte abrazo.
PD: No te olvides de enviarme un cartón de esos cigarrillos que fumas. Tomo una copa a tu salud, Corto Maltés. Nos vemos en El mar de oro.
"En el mundo donde todo es electrónico, donde todo se encuentra calculado e industrializado, no hay lugar para un tipo como Corto Maltés".
Hugo Pratt
Hugo Pratt
Las dos primeras imágenes han sido dibujadas por Francisco Machuca
A la memoria de Hugo Pratt


10 comentarios:
Te he leido despacio al mismo tiempo que tú pasabas de puntillas por mi apartamento..:-)
¡ Gracias por dejar el rastro de tu persona por alli !
¡Hermosas palabras para Hugo-Maltés!
Las imágenes y ese tango me han encantado..Hugo Pratt..¡ Qué trazo el suyo !
Otro abrazo para ti amigo mio.
Buenooo, ¡¡artistazo!! Resulta curioso cómo el hombre, tras vaciar la caja de Pandora, no ha buscado otra cosa en el último siglo que encerrarse dentro. Creo que el punto de inflexión es la carrera exploradora de finales del XIX y principios del XX, el hambre de conocerlo y disfrutarlo todo. Las estrellas nos siguen quedando lejos, y la mayor aventura del hombre, saltar la cerca de la propiedad de nuestro vecino, ha sido liquidada por la dictadura del miedo: del que salta y del que nos ve saltar hacia su casa. La caverna pisa con fuerza, y vuelve a nuestras vidas cada vez más oscura.
En fin, supongo que intento decir lo mismo que tú, pero yo me quedo en ser corto, sin el "maltés".
Abrazos, amigo.
“Lo que los demás rechazan de ti, eso eres tú.”
Desde luego un pensamiento crudo y demoledoramente real. Como los pensamientos que nos expones en tu post y con los que no puedo estar más de acuerdo. Coincido contigo en lo de que ya no tenemos tiempo para echar un vistazo a nuestro interior en busca de nuestros propios dramas y realidades. Preferimos que nos los sirvan ya convenientemente preparados para su consumo inmediato. Si hoy en día podemos comprar de todo. ¿Por que no una ración de dudas o sentimientos? Una visita muy interesante, hasta pronto. Nos leemos.
No es que ya no queden aventuras por realizar, expediciones o logros por conquistar. Es que ya no quedan aventureros. Se extinguieron al ritmo de una bachata.
Él me enseñó a creer en los héroes... cuando ya había dejado de creer en los hombres...¿Se puede alguien enamorar de un dibujo?
Besos.
Estás hecho un historietista consumado, ¡vaya viñetas que te gastas! Una carta para imprimir (ay, primitivos con ordenador) y guardar. Enhorabuena.
Saludos.
Un texto con mucha hondura, como todos los tuyos, donde la figura de Corto Maltés, con ser debidamente encomiada, es una escusa para hablar de cosas de mucha enjundia. Tampoco yo veo pecado en un individualismo bien entendido, como el de aquel Howard Roark que encarnó Gary Cooper en El manantial. Defendamos el derecho a disentir de la mayoría, a crear a partir de lo que tenemos dentro, no de lo que nos imponen desde fuera. Del amigo Corto no leí nada en su momento y luego, por alguna razón, me convencí de que se me había hecho tarde. Cuando hace años leí la novela de Susana Fortes, Querido Corto Maltés, hojeé alguna historia, pero sigue siendo una deuda con la aventura. Un gran abrazo.
(Leo al final que las primeras viñetas son tuyas... ¡Colosales!)
El ser humano imita los modelos sociales impuestos con la finalidad de ser aceptado y que lo quieran. Pero esa conducta no elegida choca con sus propios deseos y entonces es muy infeliz.
Estoy acostumbrada a ser la “rara” de mi entorno. Ya desde niña mi madre me lo repetía y así ha sido hasta hoy.
Pero desde que descubrí que ser raro sólo es un concepto estadístico y no una maldición ni una tara ni nada que te incapacite para vivir, a los que veo raros es a los demás, pero con simpatía, eh.
Y de paso he descubierto también que lo peor es querer imitar a alguien en vez de concentrar mis energías en averiguar qué es lo que hago mejor que nadie, porque cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles, para bien y para mal, y si nos aceptamos con ternura y humor nos importará un comino ser raros.
Entonces pasas de raro a excéntrico, pero es más literario y te ríes más.
Paco, es una carta maravillosa. Seguro que Corto y tú tendrías muchas cosas en común.
Corto Maltés siempre fue el héroe de mi hijo, aun le ronda por ahí con 32 años, así lo descubrí.
“Porque el sueño más real es aquel más distante de la realidad, aquel que vuela solo, sin necesidad de velas ni de viento”
Sueña y sé tú mismo.
Ah, y también dibujas muy bien, ¡eres un hombre del Renacimiento!
genial ! me cayó oportunamente,,,
saludos
Carta, viñetas, música... Una gozada de entrada, amigo.
Un abrazo.
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