En manos de Michelangelo Antonioni, la historia original de Mark Peploe dejó de ser sólo un retrato de una crisis de identidad, el estudio sobre la alienación tan de moda en los años 70 y que la lectura de su sinopsis sugiere, y se convirtió en una interrogación sobre todo el proceso de la representación cinematográfica. Para mí El reportero (1975) es un documental sobre la naturaleza del medio cinematográfico. De hecho, Antonioni había iniciado ya su investigación sobre la forma fílmica en Blow-Up; pero, en El reportero lleva las cosas todavía más lejos, convirtiendo ese proceso autoreferencial en la propia estructura de la película. En ella, el fluir lineal de la acción, propio de los thrillers convencionales, se ve constantemente interrumpido. La narrativa es deliberadamente ambigua y desorientante y el espectador se ve constantemente obligado a reasimilar, revaluar y reinterpretar lo que se le muestra en la pantalla. En un momento determinado, el cansado Locke (Jack Nicholson) se queja de que "siempre traducimos nuestras experiencias a los mismos códigos viejos". No obstante, la crisis de Locke no es la del propio Antonioni, pues el director intenta claramente transformar los códigos narrativos dentro de los que trabaja, volverlos en contra de sí mismos. Resulta por tanto imposible ver El reportero de la forma tradicionalmente lineal en la que los espectadores suelen contemplar las películas. Incluso el comienzo del filme es ya misterioso, oblicuo y elíptico, pues pasan varios minutos antes de que las imágenes empiecen a adquirir una cierta coherencia y de que el espectador comprenda que es lo que está ocurriendo. A lo largo de toda la película, la cámara parece funcionar de forma autónoma, moviéndose en direcciones que aparentemente no tienen nada que ver con la acción que está teniendo lugar en la pantalla o con el punto de vista de los personajes. Y con frecuencia su colocación es deliberadamente inadecuada, al menos en lo que se refiere a la mejor forma de contar la trama, mientras que el protagonista se ve muchas veces negado por los movimientos y encuadres de la cámara. En el famoso plano final, de siete minutos de duración, en el que la cámara empieza mostrando a Locke en su cama y luego recorre la habitación, sale por la ventana, explora la desértica plaza del pueblo y vuelve finalmente a él para mostrarlo muerto, el sujeto no es Locke, ni el objetivo buscando el hacer avanzar la narrativa, sino más bien el propio acto de ver, de mirar algo, que es a lo que Antonioni concede mayor importancia en toda la película.
De hecho, ése es su tema implícito. Locke se gana la vida gracias a su capacidad de observación, pero en realidad no puede ver nada, pues no comprende el mundo que le rodea. En lugar de ello, se oculta tras una capa de supuesta objetividad e imparcialidad. Como le dice su mujer: "Te metes en situaciones comprometidas, pero no sabes nada de ellas." Por otro lado, Antonioni no sólo analiza las situaciones ideológicas en las que se encuentran sus personajes, sino que demuestra poseer una gran conciencia de su propia práctica cinematográfica. El reportero plantea explícitamente numerosas cuestiones sobre el cine y la realidad, sobre todo en la escena en la que Locke entrevista sin intentar siquiera comprenderla a un hechicero que finalmente le dice: "Sus preguntas revelan más sobre usted que mis respuestas sobre mí mismo." Luego aparta la cámara de él y la gira hasta ponerla enfrente de Locke, que se queda confundido y sólo acierta a desenchufarla, mostrándose así incapaz de hacer frente a las cuestiones planteadas.
Como ahora ando con incongruentes y gentes perdidas, nos vemos en la próxima entrada en París con la Maria Schneider bailando el último tango de la contemporaneidad, con El grito de Munch incluido.
¡Voilà!

5 comentarios:
Partir de la distancia para observar. No involucrarse en la medida en que involucrarse es contaminar lo observado. Ver sin saber que se està viendo. Todo en este plan dispersito de sábado con sueño.
Busco la peli
Me la recomendaron hace demasiado
Pues esta no la he visto, pero la obra de Antonioni me parece esencial. Hace poco hablaste del estado actual del cine italiano: quién sería capaz de recoger un testigo como el que dejó este director. Imposible.
Por cierto, estoy leyendo "El tiempo ganado" en la hora extra de "a las tres serán las dos": tiempo ganado por partida doble, ¿qué te parece?
Saludos.
Te quedó fascinante la entrada, que curioso personaje. Espero poder ver la película, si la encuentro. ¡Feliz halloween! Un abrazo.
En el sentido de todo lo que comentas, me parece capital que la película termine además como empieza: en un desierto.
Abrazos
Pues no la conocía. De hecho, de Antonioni he visto muy poco. Otra más para la lista de pendientes ;-)
Un abrazo y buena semana, Francisco.
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