jueves 27 de octubre de 2011

De incongruencias y hombres perdidos

A Ramón Gómez de la Serna, pontífice del vanguardismo español, se le debe un arte de novelar subversivo en el que el argumento pierde su importancia para cederla al tema, alrededor del cual se teje un texto atomizado y plagado de chispeantes greguerías. El incongruente es la primera que plantea con claridad y humor el tema de la inconsistencia y sinsentido de la vida, que será el de las futuras y sombrías "novelas nebulosas": El novelista, ¡Rebeca! y El hombre perdido.

En El incongruente, Gustavo se ve infectado por "el mal de siglo, la incongruencia", desde su nacimiento en una función de ópera hasta una serie de descabelladas peripecias, muchas de ellas eróticas. La imagen descompuesta e ilógica de la realidad parece emparentada tanto con el universo opresivo de Kafka como con la vindicación surrealista del subconsciente, el sueño y el azar, si bien Ramón se anticipa algunos años a estas manifestaciones. De hecho, la novela refleja un extendido sentimiento de inseguridad e incertidumbre, de disolución de las doctrinas y concepciones del mundo que habían estado vigentes hasta los albores del siglo XX. A la experimentación formal con técnicas como el collage o el desmenuzamiento del discurso en breves unidades textuales, se añade la causticidad en la crítica de las convenciones, la exaltación del juego y el deseo y un empleo incisivo y grave de humorismo. Además, la novela está prologada por Julio Cortázar; un cronopio que nunca quiso ser fama y mucho menos una esperanza.

Lo primero que sorprende de El hombre perdido es el lenguaje, y lo segundo es la forma de narrar, que es una forma abstracta, escasa de argumentos, y que hace difícil catalogar a este libro como novela. El hombre perdido es una larga reflexión poética sobre la tristeza, sobre la insatisfacción y sobre la inanidad de la vida, es decir, sobre todo eso que constituye "la nebulosa" ramoniana.

En todo ello se ve una intención existencial; un existencialismo que se traslada a la novela desde un lenguaje surrealista. No sería tampoco descabellado ver en esta pseudonovela la influencia honda del mundo del absurdo. La atemporalidad del relato acerca El hombre perdido a los códigos de la poesía en prosa. El espacio sufre una idealización arriesgada: solo intuimos vagamente un lugar urbano, que no acaba de ser una realidad novelesca. También los asuntos amorosos del protagonista caminan hacia la abstracción, haca la evocación lírica, si bien la búsqueda del ideal amoroso es uno de los centros argumentativos del libro. La presencia de los vagabundos sirve a Gómez de la Serna para dibujar una alegoría de la libertad, en la medida en que los vagabundos son seres a quienes no alcanza la reglamentación de la realidad; reglamentación contra la que lucha este hombre perdido, que tiene también, en los aspectos poéticos, una carga autobiográfica. Pero es quizá el pensamiento errante, el pensamiento incongruente, el gran protagonista de este neurótico amontonamiento de ingenios verbales. Unas lecturas más que recomendables para estos tiempos que nos ha tocado vivir.

3 comentarios:

V dijo...

No he leido "el incongruente" pero estoy totalmente de acuerdo respecto del hombre perdido, la cual leí hace algún tiempo. Es verdad, es perfecta para estos tiempos difusos que transitamos. Y en cuanto al estilo narrativo coincido plenamente. Es tan abstracto que a uno le cuesta definirlo, a parte de dar un curioso tono de extrañeza a la novela. La otra me la apunto ya. Un saludo

Raúl dijo...

Ni idea de la existencia de estos dos libros, lo que indica muy a las claras mi nivel de carencia.

Kinezoe dijo...

Pues parece interesante. Me encantan estas reseñas tuyas sobre libros: me das muchos a conocer.

Un abrazo.