miércoles 19 de octubre de 2011

La inutilidad del heroísmo




"Es triste pudrirse vivo ¿sabes?"
Joe, El salario del miedo



El salario del miedo (1953), de Henri-Georges Clouzot es uno de los ejemplos más claros de las películas bien hechas que dominaron la cinematografía francesa de la postguerra hasta bien avanzada la década de los 50. Su guión detallado y cuidadosamente basado en la novela de Georges Arnaut, y, recientemente publicada en nuestro país por primera vez. Su lectura ha sido uno de mis últimos grandes placeres. La película obtuvo un enorme éxito financiero y alcanzó pronto la categoría de clásico del cine de suspense. Era inevitable que se comparase a su director con Hitchcock, pero mientras que su forma de enfocar las historias, su ironía y su dirección de actores son bastante similares. Clouzot no comparte el ingenio refinado y civilizado que caracteriza al maestro inglés: por debajo de la escalofriante tensión del peligroso viaje en el filme se encuentra una visión extremadamente sombría del mundo.




Ya en sus anteriores títulos, como Le Corbeau (1943), En legítima defensa (1947), Clouzot había revelado una gran fascinación por los aspectos más violentos y turbios de la vida, pero en esta película aparecen expresados con una crudeza y una ferocidad que muchos de los críticos de la época encontraron escandalizantes. Incluso en un mundo tan violento como el de hoy en día, la conducta de los personajes resulta increíblemente despiadada y cruel, y determinadas imágenes provocan verdadera náusea, como la de un hombre vomitando violentamente o la de una pierna aplastada por la rueda de un camión. Las secuencias y planos más rudos de El salario del miedo ocurren en los últimos noventa minutos de esta larga película (156 minutos), pero el tono cínico y pesimista está ya presente en sus primeros planos y se intensifica en la prolongada exposición del conflicto. Primero vemos un plano detalle de insectos que se mueven por una tierra reseca y agrietada; entonces aparece una mano con una pajita y se pone a jugar con ellos; la cámara retrocede y nos muestra a un niño semidesnudo en la única calle del perdido pueblo de Las Piedras, el lugar en el que transcurre la siguiente hora de proyección. Esto me hace recordar al mejor Buñuel y al mejor Pekinpah. Esta primera parte del filme (que no existe en la novela) cuenta las vidas de un grupo de aventureros internacionales incapaces de pagarse el viaje para salir de esa pequeña población de América del Sur. Al igual que los insectos de la secuencia inicial, esos hombres no son dueños de su propio destino, sino que están a merced del azar que, como la mano que sostiene la pajita, interviene luego para lanzar a cuatro de ellos a un viaje que terminará con su muerte.

Mostrando detalladamente la desesperación y embrutecimiento de esos hombres atrapados, Clouzot consigue que resulte convincente su decisión de arriesgar la vida transportando nitroglicerina para una compañía petrolífera norteamericana. Al mismo tiempo nos va revelando la creciente tensión existente entre tres de los cuatro que jugará luego con la mujer: el joven corso, Mario, su amigo italiano, Luigi, y el rudo y maduro Joe, recién llegado de París, que consigue enfrentar a los dos amigos. La película contiene implicaciones homosexuales para llenar un tren. El cuarto hombre, Bimba, que da a entender en una observación casual sobre las mujeres que es de hecho homosexual, se mantiene al margen de los conflictos de sus tres futuros compañeros. No obstante, en El salario del miedo, Clouzot no pretendía abordar a fondo un tema tabú en aquella época, disfrazándolo de thriller. Lo que realmente cuenta en la relación entre Mario, Luigi y Joe es el juego dramático de las pasiones humanas. Las respuestas de los personajes son vigorosas y nada sutiles, lo que le permite al director ilustrar en términos sencillos y contundentes las nociones opuestas de lealtad y traición, de valor y cobardía, que desembocan finalmente en una dramática situación de vida o muerte.





En El salario del miedo abundan los contrastes tanto visuales como rítmicos y temáticos. La intención manifiesta de Clouzot era la de alternar las zonas neutrales con momentos álgicos, modificando así continuamente el ritmo narrativo, recurso que utilizó sobre todo para contar el largo y accidentado transporte de nitroglicerina. En él apenas hay movimientos de cámara y el director prefirió emplear lo que él mismo denominaba su "montaje clásico" y crear efectos sorprendentes y de suspense yuxtaponiendo planos de dimensiones claramente diferentes. El propio Clouzot reconoció que este tratamiento podía considerarse bastante simplista, pero señaló que había recurrido deliberadamente a la simplificación, tanto en el argumento como en la caracterización de los personajes, para acentuar los contrastes. El mundo creado por Clouzot y también del novelista Arnaut, revela simplemente lo absurdo, la inutilidad del heroísmo y el sometimiento del hombre a los caprichos del destino.

9 comentarios:

Mita dijo...

Pues yo creo que no voy a verla.
No soporto ni el cinismo ni el regocijo en el pesimismo.
El azar puede ser caprichoso, pero ¿el destino lo es?
Besos

Emilio Calvo de Mora dijo...

Sí he vIsto la película, al menos un par de buenas veces, ah y una mala, terrible, que no viene al caso glosar aquí a beneficio de mi (escaso) orgullo, pero no le he hincado el ojo a la novela. Es fantática, me parece una obgra maestra y ganancon el tiempo, el ganado, ése. Hoy paso por mi taquilla doméstica y hago la 4...
Abrazo, amigo

Francisco Ortiz dijo...

Yo veo las películas en una pantalla y vuelvo a verlas leyéndote. De verdad.

Licantropunk dijo...

Una obra maestra absoluta, como lo será después "Las diabólicas". El viaje, por supuesto, es una experiencia visual agotadora (hasta la nausea, como bien dices), plena de tensión, de emoción. Pero el comienzo en ese rincón perdido del mundo que nos transporta a una especie de dimensión desconocida, a un agujero negro de aventureros, de buscafortunas atrapados en la miseria más patética y humillante es una puesta en escena como pocas que yo haya visto.
Muy bueno tu artículo, tocayo, ja, ja.
La novela, si hay ocasión, habrá que leerla.
Saludos.

V dijo...

Pues yo tampoco tenía idea de tu tu sustanciosa página, de modo que el descubrimiento es mutuo. Por lo que a mi respecta, decirte que el comentario sobre la película de Cluzot me parece sobresaliente. Creo que has captado la atmósfera, la tensión y el suspense de esta gran película de forma modélica. No te perderé de vista.Un saludo

39escalones dijo...

Una película escalofriante, metáfora punzante y desesperanzada de la vida del ser humano moderno, de su pérdida y desorientación, de su loca y desesperada carrera hacia ninguna parte. Tan lúcida que hasta duele.
Ah, y cuyo "remake" fue la tumba de William Friedkin, si mal no recuerdo.
Abrazos, amigo.

Raúl dijo...

A mí la película de Clouzot (el cine de Clouzot) me encanta.
El día que retome la costumbre de escribir desde el cine, es una de las que están pendientes.

Anónimo dijo...

Me impresionó muchísimo EL SALARIO DEL MIEDO...
Es de esas películas que dejan al espectador clavado en el asiento y que muestra el mundo sombrío y oscuro... terriblemente humano.
Es de esas películas que te dejan triste. Donde se sienten a personajes que nacen estrellados... Pero a la vez muestra la habilidad de la narración cinematográfica bien contada que no te deja respiro...
... La novela, y sobre todo tu parecer, me hace querer hundirme en sus páginas.

Besos
Hildy

Marcos Callau dijo...

Apuntado queda, Paco, tanto el film como la novela. Después de leer tu experiencia en su lectura tengo ganas de leerla primero y después ver la película. Un abrazo!