martes 25 de octubre de 2011

Una tontería



A veces recuerdo cuando Ray Bradbury viajó a Irlanda para trabajar con John Huston en el guión de Moby Dick, sabía, en el fondo de su alma, que era un hombre condenado a muerte. De la mejor de las novelas, de la mejor de las historias, sólo podía salir una película menor. Al fin y al cabo, en una botella de cristal, por grande que sea, sólo se puede introducir un barco muy pequeño. Y ninguna ballena de cartón puede alcanzar el tamaño imposible de una leyenda. Esto lo entendió Ingmar Bergman a la primera, al darse cuenta de que el territorio natural del cine era el rostro. Y John Ford, que supo siempre que los espectaculares paisajes sólo tendrían sentido enfrentados al tamaño de un hombre, encerrados en el marco de una puerta o divisados desde una pequeña ventana. También lo entendió el propio John Huston, que se despidió de este mundo y del otro con una de las mejores adaptaciones literarias que se hayan hecho nunca en cine. Al tomar un perfecto relato de James Joyce y convertirlo, mediante un delicado proceso de expansión, que no de reducción, en una película perfecta. En Dublineses está todo lo que el cine es capaz de hacer por la gente y sus pequeñas historias. Y es también la prueba de que el cine es mejor cuando habla de cosas que no se ven, pero que existen. Habría que dejar la vida tranquila, la realidad se basta sola, no necesita que la reproduzcan, sino que la incomoden.


Por favor, no me hagan caso. El corazón tiene razones que la razón no entiende. No hay peor infierno para un escritor que el mundo real. Lo que creo vencido se levanta, lo que creo pasado aún no ha llegado en realidad, el miedo se produce, cada vez se sabe menos, y no me queda más remedio que vivir, y no hay aspiración más noble que de salir de este mundo, de este infierno, desnudo, con la frente muy alta y los pies por delante.

9 comentarios:

chanclas dijo...

Lo grande y lo pequeño. Todo es siempre relativo.
Relativo a, comparado con...
Pero, definitivamente, en una botella de cristal solo cabe un barco pequeño.
Saludos, maestro

Mita dijo...

Cómo me ha gustado este último párrafo, Fran. No sabes cuánto...
Besos

Juan Herrezuelo dijo...

Desde luego, en el "Moby Dick" de Houston prevalece el histrionismo frente al peso legendario del Leviatán. Estupendas referencias a Bergman y a Ford: rostro y paisaje, ambos espacios, ambas distancias, admiten el silencio, más aún, lo reclaman. Al otro lado, el mundo real, que acaso tenga para el escritor más de purgatorio que de infierno (¿seguía existiendo el purgatorio o lo cerraron?). Un abrazo.

Anónimo dijo...

"Habría que dejar la vida tranquila, la realidad se basta sola, no necesita que la reproduzcan, sino que la incomoden...".

Sin palabras. Qué frase, Francisco, qué frase...

Y el cine como medio de expresión de lo que 'no se ve pero existe'.

Cuánta riqueza en sólo unas cuentas líneas y otras cuantas evocaciones...

Bendita tontería

Besos
Hildy

39escalones dijo...

Una "tontería" muy sombría, amigo. Por cierto, lo de la ballena era por "Moby Dick" o por Orson Welles en plan fondón subido al púlpito...?
Abrazos

Raúl dijo...

Muy acertado. El cine casa mal con la representación faraónica de una historia faraónica. Hay otros medios, menos "explícitos", para esas cosas. El cine -mi cine- es elipsis e intimidad.

Marcos Callau dijo...

Creo que el cine existe (o existió) está para mejorar la realidad. Muy bueno, Paco.

Francisco Ortiz dijo...

Reflejar la realidad es lo más difícil, lo más difícil, amigo, porque mentimos hasta cuando hablamos de nosotros mismos.

Kinezoe dijo...

Jajaja... ¡qué buena tu reflexión! Me encanta la frase con que cierras el primer párrafo.

Un abrazo.