lunes, 21 de noviembre de 2011

El cine y la vida (un recuerdo)



A la muchacha guapa con cara de ángel que no volví a ver nunca más


Lo que más me gusta de Fallen Angel (1945), y renuncio desde ya al estúpido título de la versión doblada, ¿Ángel o diablo?, es, como en todo el cine negro, su inconfundible vaharada a plató, esa mezcla de arcos eléctricos, pintura reciente y cafés de madrugada que tan plásticamente suelen reflejar las fotografías de rodaje cuando el encuadre descubre un rincón del decorado junto a la maquinaria mágica que lo retrata y los actores que están de visita. Fallen Angel es una película con clase, personal, a ratos poderosa, siempre convincente, que huele a plató, como a mí me gusta, digo, y a cine de sesión continua, y a invierno de los últimos años setenta, y a chica guapa con cara de ángel. Así está grabada en mi memoria.


Fallen Angel comienza de noche, como es de rigor. Los faros de un coche que avanza iluminando la oscuridad de la carretera y va descubriendo sucesivas señales de tráfico que en realidad son los títulos de crédito de la película, un trucaje magnífico para la época, y aún hoy. Eric Stanton (Dana Andrews), que viaja en autobús, se finge dormido para ir más allá de límite de su billete, pero el conductor descubre la artimaña y le apea en Walton, una ciudad cualquiera a 150 millas de San Francisco. Ya tenemos al antihéroe de pulp caminando desorientado por una calle solitaria hasta dar con Pop's, un mínimo snack-bar que será el decorado esencial, exterior e interior, de la película. Allí conocerá a Stella (Linda Darnell), cuya aparición tras un sugestivo diálogo en el que sólo se habla de ella (campanilla en off de la puerta, entra una mujer joven que viste falda y pamela negras en contraste con su blusa blanca y que se ha detenido un instante, la pierna derecha adelantada, como en pose, antes de entrar) es digna de una estrella y se suma al pasivo de June Mills (Alice Faye), pues es ésta y no aquélla quien encabeza el reparto. A June Mills, en cambio, se la presenta a plena luz del día y junto a su hermana Clara (Anne Revere, una actriz colosal y una mujer de excepción) en una escena familiar que termina en un primer plano de ella, el único, sirviendo café para ambas y que encadena con otro primer plano de Stella, arrebatadora, sirviendo igualmente café en Pop's. Es evidente de parte de quién estaba el director Otto Preminger. (A estas alturas de la película el abrigo de la chica guapa con cara de ángel cubre sus piernas y las mías). A partir de aquí mis recuerdos se confunden. Eric Stanton ha conseguido bailar con Stella. Cuando ambos están en plano medio la besa con ahínco, buscando su boca, incluso girando la cabeza para acoplarse con soltura, y se aleja luego con ella, asida torpemente del talle, casi empujándola, hasta la puerta del fondo, que da, claro, a otro decorado, esta vez exterior, una playa en penumbra con rumor a olas batientes. Allí la besa de nuevo y la cosa con ardores de ángel caído que se sabe perdedor. (La chica guapa con cara de ángel y yo nos exploramos mutuamente bajo el abrigo). Luego, sin duda más por un lapsus mío que por fallo de la narración, Eric Stanton se casa con June Mills y alguien, una mano criminal, maldita sea, asesina a la hermosa Stella durante la noche de boda de los primeros. (La chica guapa con cara de ángel me pregunta entonces que qué ha pasado entretanto y yo le contesto que Linda Darnell ha muerto; cosa que era cierta, pues la actriz no hacía mucho tiempo falleció, prematuramente, víctima de un incendio mientras veía por televisión Star Dust (1940), una de sus primeras películas).

El cine y la vida forman una memoria tan compacta en mis recuerdos que durante años he evocado a aquella chica guapa con cara de ángel de los últimos años setenta con la imagen esplendorosa de Linda Darnell. (Iba a decir no sé por qué).


Al final Eric Stanton, sospechoso principal del asesinato, desenmascara en una elipsis que engulle toda su investigación sobre el caso, a Mr. Judd (Charles Bickford), el ex policía de Nueva York que tortura con mano enguantada, y Pop (Percy Kilbride), el anciano dueño del snack-bar, enamorado platónicamente de Stella, su única camarera, se arriesga a quitarle el revólver con el que pretendía abrirse paso hasta la puerta. Como en cualquier relato del género negro nadie ha entendido del todo la solución del enigma, pero el espectador queda satisfecho (yo no, ¡oh Linda Darnell!) al comprobar que Eric Stanton se dirige al coupé descapotable de June, su legítima esposa, que está esperándole en el exterior de Pop's. "¿Adónde vamos?", pregunta ella. "A casa", responde él, y el automóvil sale de campo para que la imagen encuadre el decorado completo con los luminosos del snack-bar a la izquierda, una transparencia playera a la derecha y una farola solitaria en el centro mientras se escucha el Slowly que los clientes solían elegir en la juke box de Pop's para complacer a Stella.


"¿Adónde vamos?", me pregunta la chica guapa con cara de ángel cuando ya estamos en la calle. Llueve. "A casa", respondo. Y nos echamos a reír. Porque nuestra única casa era por aquel entonces el cine.

4 comentarios:

39escalones dijo...

Bonita casa, pero un poquita corta de ducha, y no digamos ya el perenne menú de palomitas...

Gran película. Yo pertenezco ya a una generación que se ha perdido todos esos recuerdos ligados al cine. En mi ciudad la sesión continua dejó de estilarse antes de hacerme mayor, y los recuerdos que poseo del cine, de ir al cine, ligados a la vida, tienen más que ver con las primeras emancipaciones adolescentes y la carta blanca para relajarse y hacer un poco el gamberro que con la fila de los mancos. Ahora el cine, en un noventa por ciento de las veces, significa ir solo. Sí, tendré cuidado con los snack bar a la salida, no vaya a ser que me tope con Linda o sus sucedáneos...
Abrazos

V dijo...

Esta es de esas películsas tan impresindibles que yo las dejo reposar tres o cuatro años para que alvolver a verlas estén más frescasque una lechuga.
Está fantásticamente explicado. Dana Andrews da el tipo perfecto del hombre corriente que tiene poco de corriente y se acabará,más pronto que tarde metiendo en problemas. Lo lleva escrito. De ellas tu lo has explicado tan evocadoramente que no voy a añadir nada. Muy buen texto sobre un film que no envejece.

Kinezoe dijo...

A Preminger le iban los ángeles, jeje... Esta hace tiempo que no la veo. Me gustó recordarla con esta bonita entrada.

Un abrazo.

Marcos Callau dijo...

¿Acaso hay mejor casa que el cine? Paco esta e suna de mis películas favoritas de uno de mis actores, Dana Andrews y uno de mis directores, Otto Preminger. Me encanta le ambiente que se respira desde los primeros títulos de crédito, que muy acertadamente destacas, hasta la aparición en el bar de la incomparable y tremendamente bella aquí, Linda Darnell. Brindemos por una sesión continua con títulos como este. UIn fuerte abrazo, amigo.