jueves, 3 de noviembre de 2011

Los pequeños placeres, de Miguel Sanfeliu



Miguel Sanfeliu es un escritor dotado de talento para el relato corto. En Los pequeños placeres (Paréntesis Editorial, 2011), es posiblemente su mejor libro hasta la fecha, y vuelve tras su magnífico Anónimos a demostrar su ingenio, y, por qué no decirlo: Sanfeliu es un hombre pacífico con un extraordinario talento criminal. Pero bromas aparte. Los pequeños placeres es una colección de ventiún relatos, es decir, veintiuna reflexiones sobre la pérdida como manera lúcida de intensificar la vida, de interpretar nuestra asombrada fugacidad. De nuevo, el celebrado y ultramoderno tema de la fragmentación del ser humano contemporáneo ante las nuevas realidades. Todos estos relatos tienen en común una particular combinación de esperanza y promesa de felicidad junto a una cierta amargura y desconfianza ante las posibilidades finales de éxito del ser humano. Algunos personajes salen mejor parados que otros en su batalla contra lo impredecible. La realidad se muestra continuamente cambiante, no sólo sometida a los vaivenes del azar, sino a la propia fortaleza mental de los personajes. En "Dolor", uno de los relatos más duros y sugestivos del volumen, se muestra el contraste brutal entre la crueldad más desoladora, y, la realidad más subjetiva. Las historias de los personajes de Sanfeliu comparten una base común; la premisa fundamental de esta manera de revelar aspectos cruciales de su propia naturaleza. La inmersión profunda en las aguas pantanosas del comportamiento y la psicología humanas, siempre pendiente de problemas que se ven sucesivamente inmersos en su enigma de orden superior. Los relatos consigue dirigir la atención hacia complicadas reacciones humanas y casi imperceptibles alternativas morales circunscritas en dilemas mayores, cualquier parte de las cuales, si las encontráramos en nuestra compleja y precipitada vida con los demás, probablemente pasaría inadvertidas incluso a la observación más sutil.

En algunos de sus relatos palpita agazapada la sombra de lo soñado y entrevisto, de lo que pudo haber sido y no fue, de lo que tal vez sucedió sin que nos diéramos cuenta. Sí, la vida que Sanfeliu se afana por recuperar literariamente se presenta en casi todos estos cuentos (véase el conmovedor relato que el autor dedica a su padre, "Remordimiento"), y los baldíos conatos por armar el rompecabezas suele acabar con la penosa constatación de que las piezas no coinciden, como no coincide la noción de felicidad fugazmente vislumbrada con los precarios y discutibles logros que el hombre ha ido alcanzando en su edad adulta. Magnífico ejemplo es el cuento "Tanto tiempo". Los protagonistas de los cuentos de Sanfeliu, anclados en la impotencia y en el rechazo, son seres perplejos y solitarios que se resignan a apearse en sus sueños y que imaginan, sin demasiada convicción, con la tenacidad con que se agarra el náufrago a un único asidero, que la vida debe estar orientada hacia algo o hacia alguien, cuyos perfiles se desvanecen engañosamente.

Naturalmente, no existe el relato "típico" de Sanfeliu, una circunstancia que en sí misma debería complacernos, ya que, si bien muchos relatos en los que la vida cotidiana ofrece una apariencia carente de interés y estéril desde el punto de vista dramático-excepto por el hecho de que Sanfeliu la convierta en objeto de una intensa investigación narrativa cuyo resultado es, digamos, el descubrimiento de una inesperada cobardía emocional o una dolorosa indecisión moral (tal es el caso del relato "Dolor"), hay otros casos de un dramatismo incuestionablemente elevado, e incluso fulminante, que hace temblar las ventanas ("La muerta"), nos alarma o encoleriza, nos provoca el llanto, y luego avanzan de manera desenfrenada hacia sus desenlaces fijados como trenes de carga.

Con Sanfeliu, compartimos la franqueza de la inalienable existencia de la vida; compartimos la convicción de hasta qué punto resultaría beneficioso que una mayor cantidad de sensación humana pudiera elevarse a un lenguaje claro y expresivo; compartimos la concepción de que la vida (en particular la vida con los demás) es una superficie bajo la cual debemos esforzarnos por construir un trasfondo convincente, a fin de que sea posible aferrarse a más cosas con menos desesperación, y compartimos una esperanzada intuición de que algo más de nosotros mismos - en especial esas partes que creemos que solo nosotros conocemos - puede ser susceptible de exponerse de manera clara y útil.


Los pequeños placeres es una colección de ejemplares relatos que constituyen un acierto sin paliativos por el que debemos felicitarnos los amantes de la buena literatura. En ellos nos sumergimos sin mayor dilación en estas epopeyas contemporáneas de las gentes sencillas, en estos caracteres trazados con vigor y autenticidad en unas breves páginas, en estas historias mínimas que nos conmueven.


Lectura recomendada en el blog "Los pasadizos del Loser", de Juan Herrezuelo.

9 comentarios:

Raúl dijo...

Una reseña perfecta, Paco.
Estoy zambullido en el libro. Yo no soy tan rápido como tú, ni tan glotón desde el punto de vista literario, pero ya he empezado a disfrutar de los relatos del amigo Miguel.
Si me sorprendió tan positivamente "Anónimos", opino sin embargo como tú, que "Los pequeños placeres" es un libro mucho más acabado. El tratamiento tan dramático de esa "aparente nada", el uso brillante (tan difícil en otros) de los diálogos, la reflexión final,... un muy buen libro. Sí señor.

Miguel Sanfeliu dijo...

Gracias por dedicar una entrada de este siempre interesante blog a mi libro. Tomo nota de todo lo que apuntas.
Raúl, me alegra que también a ti te esté gustando.
Un abrazo.

Juan Herrezuelo dijo...

Una de las mayores virtudes del libro es lograr esa inmersión profunda en los personajes, a la que acertadamente te refieres, mediante elementos descriptivos aparentemente sencillos, sutiles, como bien dices. Tu lectura enriquece la que ya hice: cada lector reinterpreta el texto. Espero poder contar algún día con la firma de Miguel en una de las primeras páginas, como ya cuenta tu ejemplar. Su firma acompañará además a la de dos buenos amigos, que aceptaron dejar allí su huella para celebrar la especial ocasión en que “Los pequeños placeres” llegaron a mis manos. Un placentero abrazo, amigo.

Elena Casero dijo...

Ahora voy yo con mi reseña, que no será tan completa como la tuya pero que anima a la lectura de este libro.

Lo terminé ayer y creo, como tú, que es magnífico.

Miguel es un gran escritor.

Un abrazo

39escalones dijo...

Yo lo tengo en préstamo a cierta persona, pero con ganas de que vuelva a mis manos para deglutirlo.
Abrazos sendos.

PD: Ahora mismo, al otro lado de los ventanales, rachas de cierzo de más de 100 km. por hora; ni Poe hubiera imaginado una noche así...

Francisco Ortiz dijo...

Difícilmente superable tu reseña, Paco.

Licantropunk dijo...

Tan buena entrada no puede señalar sino a un buen libro. A apuntar.
Saludos.

Mario dijo...

Segunda reseña que veo de éste libro, será motivo para tenerlo en en cuenta ya que no conocía a éste escritor y se ve que tiene talento según leo el entusiasmo que evoca sus letras. Suena bastante bien que articule historias minimas resaltando el alma en ellas y que esas personas busquen salvar el barco en alguna dirección, ver esas salidas. Se ve interesante tu bitácora, veo que te gusta el cine además, si gustas te invito a la mía. Saludos.

Mario.

mi nombre es alma dijo...

Leyéndolo estoy.