"Intento devolver al cine algo de lo mucho que me ha dado. Sé muy bien lo que es, y a lo que me obliga."
Víctor Erice
Víctor Erice
Tras El espíritu de la colmena (1973), vendría para Víctor Erice dos desilusiones, por no decir de la casi imposibilidad, de encadenamiento. La primera es El sur (1983), adaptación de una pequeña joya de Adelaida García Morales en tres partes, de la que Erice sólo rodará las dos primeras por culpa de una discrepancia con el productor Elían Querejeta. La otra es una adaptación de la novela de Juan Marsé, El embrujo de Shanghai, en la que Erice trabajó largamente hasta terminar un guión completo, La promesa de Shanghai, proyecto adjudicado finalmente a Fernando Trueba con resultado fallido. Estas dolorosas interrupciones constituyen a su pesar a la leyenda del cineasta. Erice ha rodado tres largometrajes en treinta años. Es poco, pero son obras maestras absolutas. Todo esto define la ceguera del cine español.

Ahora tenemos en formato dvd los dos últimos trabajos del cineasta: La morte rouge y Alumbramiento, seguido de una larga entrevista con el autor. En La morte rouge Erice ha representado en una instalación su decisivo encuentro infantil con el cine: un lugar inquietante y mágico, un casino cerrado, y una película con Sherlock Holmes, La garra escarlata (1944), de Roy William Neal, "la primera película que recuerdo haber visto jamás". En aquel momento lo llevó a plantearse, sin obtener respuesta, algunas preguntas esenciales sobre su relación con el mundo, los adultos, la muerte y los actores, es decir, sobre la relación entre la pantalla y la vida. La voz en off (Erice) compone una suerte de soliloquio, sobre las experiencias de un niño como espectador ante su primera película vista en un cine, hoy desaparecido. Cuarenta y tantos años más tarde de aquella experiencia fundacional y primordial, Erice dialoga de nuevo con las luces y sombras de La garra escarlata, que relata con vívida precisión su experiencia como espectador fascinado y aterrado a un tiempo, y rememora minuciosamente pasajes y secuencias de aquel filme sobre unos misteriosos asesinatos que transcurrían en un remoto e imaginario pueblo canadiense llamado La morte rouge. Queda claro que el cine para la gente de su generación era el lugar de la revelación. Era una ventana abierta al mundo en una época en que España era un país siniestro y cerrado. La morte rouge es un prodigio de imágenes necesarias, que nos definen y conforman una especie de destino que nos espera, un conocimiento inquietante puesto que va por delante de nosotros, marcadas por un cincel irremediable que nos permite saber que se refieren a nosotros, aunque no entendamos por qué. Los niños de El espíritu de la colmena y El sur, también descubren el mundo como un enigma cuya clave se encuentra contenida y a la vez oculta en lo visible. Son en primer lugar niños videntes y silenciosos a los cuales Erice trata de recuperar la infancia de su arte y una visión primitiva y mágica de los misterios del mundo, la de los niños que él fue. Caracterizado por la observación minuciosa, la paciencia y la atención a las pequeñas cosas, su cine profundamente poético va inexorablemente unido a la infancia, a la erosión del tiempo y a la memoria. En la película vemos a Erice camiando descalzo por una playa. En el horizonte irrumpe un feo edificio impersonal, lugar donde antaño se encontraba el antiguo casino convertido en cine y donde se produjo el encuentro del niño por primera vez con la pantalla. "Me pregunto que habrá sido de aquellos fantasmas que más de uno creímos ver alguna vez en la noche, vagando por los alrededores del casino", (voz en off de Erice). Es cuando recordamos el final de El espíritu de la colmena, cuando Ana cae enferma. La niña continúa, pero en su pensamiento enigmático e inquieto de aquella historia que vivió habrá servido para comprender que como el cine, las fantasías siempre tienen un fin.

Alumbramiento se abre sobre todo a la contemplación y a la evocación. Hay, sí, numerosos ejes temáticos reconocibles en el filme: la sombra de muerte, las relaciones materno filiales, los ritmos tradicionales de la vida en el campo, etc., pero ninguno se impone de manera determinante, como no sea esa constatación tan ericeana de "la única máscara es la del tiempo". Al fin y al cabo, Ten Minutes Older (2002), el proyecto colectivo en el que el filme se inscribe, debía versar sobre el paso del tiempo, sus distintos efectos y muestras de diferentes percepciones. Erice construye primorosamente su pieza fiel a los planteamientos de esa "poética del vacío". Personalmente considero Alumbramiento en sus once minutos de duración, su definitiva obra, explorando aquí de manera particularmente sistemática los recursos, característicos del lenguaje poético, de la reiteración y la contigüidad. Pero también del gran potencial de ese fuera de campo interrogativo que se ha convertido, a lo largo de su filmografía, en una de sus más personales y reconocibles marcas de autor. Y, en este caso más que nunca, lo que se nos impone como magnética y determinante presencia fuera de campo es nada menos que la Historia.

La guerra ronda en el transfondo de un idílico paisaje y la sangre tiñe la blanca pureza de las sábanas mientras nosotros dormimos sin advertirlo. La dimensión de Alumbramiento es una innegable clave autobiográfica de la llamativa, y decisiva presencia de un abandonado periódico de la Falange que con fecha de 28 de junio de 1940 (esto es, dos días antes del nacimiento del cineasta) anuncia el avance de las tropas alemanas hacia los Pirineos. La cruz gamada en Hendaya, como reza el titular del mismo, dista mucho de ser una inocente referencia a una burda estrategia para así datar el alumbramiento que describe el filme. Erice reenvía a sus espectadores a un momento esencial de nuestra historia contemporánea, el final de la guerra civil y la posguerra, más allá de que marque también la fecha de su nacimiento: su llegada al mundo coincide con el advenimiento de una "nueva España". La nueva España es, no por casualidad, el título del mencionado diario, en la que él, como tantos otros, no se reconocerán. En Alumbramiento, Erice ofrece una postrera posibilidad de evocar las heridas de la guerra y el vacío de la posguerra, ahí están, sin necesidad de apelar a la mancha que se extiende por el periódico, la pierna amputada del joven campesino, el casco republicano adornando la cabeza del espantapájaros, la fuerte estratificación social de la vida en el caserío, etc., donde en este caso, la optimista perspectiva de una promesa, la promesa del mundo, La promesa de Shanghai, con la que el cineasta aúna temporalidad histórica y tiempo mítico.
Alumbramiento no renuncia en modo alguno a esa función de autodescubrimiento que su autor asigna al arte, ni tampoco a la aspiración de hacer brotar la verdad entre los requisitos de sus imágenes. Pero tampoco olvida las coordenadas de la Historia y las exigencias de la Memoria, por más que ahora, con el poeta, Erice quiere suplicar:
"Que no se quiebre todavía el hilo
sin fin de la esperanza y la memoria dure
bajo la luz tendida de la tarde
(...)
Que no detenga aún
su incorruptible curso del tiempo
y transcurran las aguas,
las mismas aguas que nos llevan,
luminosas y amargas,
mientras dure mi canto."
José Ángel Valente, Que no se quiebre todavía el hilo.

5 comentarios:
es inquietante
Magistral, Paco, qué buen texto. El hecho de que Erice lleve siglos en el paro habla por sí mismo del deterioro de concepto y de calidad de este cine español de habas, en el que conviven capítulos alargados hasta el largometraje de series de televisión cutres, feas, tontas y ridículas, con el fenómeno imitador de los géneros de terror y comedia barata agotados ya hace décadas en USA. Y qué buen trabajo es "Alumbramiento"; hace tiempo escribí un texto minucioso sobre ello, no sé si podré localizarlo.
Abrazos, amigo.
El aunto de Erice es de los que me ponen los pelos como escarpias. Absolutamente sangrante lo que se ha hecho y no se ha permitido hacer a este hombre. El capitulo de lo sucedido con el embrujo resulta absolutamente penoso,máxime cuando lo que al final hizo Trueba resulta claramente fallido. Ahora bien, no me extrañaría que alguno dentro de nuestro cine todavía tuviese la desfachatez de tributarle un homenaje (o dos) a una carrera truncada y amputada como pocas.
No he visto la garra escarlata ni este primerizo film de Erice. Pero cuanta razón tienes al apuntar que en ciertos momentos, el celuloide se convertía en auténtica revelación. Gran texto. Un saludo
Excelente, una vez más, tu entrada.
Erice.... su humildad tras la cámara es lo que le hace grande... INMENSO.
Me intriga la cinta el espíritu de la colmena que hasta vi un pequeño video en que él hablaba de su influencia para hacer ese filme que en resumidas cuentas era el Frankestein de Whale que por referencias se que sale en el filme. He visto que no ha corrido tanta suerte su carrera cinematográfica pero espero ver la cinta en mención de éste director de culto, ya la busco para disfrutarla, después quizás los cortos que has mencionado o sus otros tres largometrajes. Muy bien escrito. Saludos.
Mario.
Publicar un comentario en la entrada