¡Quince hombres en el cofre del muerto,

yo-jo-jó, y una botella de ron!
¡La bebida y el diablo acabaron con el resto,
yo-jo-jó, y una botella de ron!
Canción del pirata, La isla del tesoro
Estoy en una pequeña terraza apartada y soleada frente al mar, agradable y tranquila; un espacio perfecto para tomar un café y leer esos libros que nos acompañan siempre. Estoy aquí con mi libro de cabecera, La isla del tesoro, de R.L.Stevenson. El mar y las gaviotas ponen la banda sonora de este momento. Sinceramente, leer historias de piratas delante del mar es uno de mis mayores placeres. Pues bien, estoy leyendo. De vez en cuando, levanto la mirada del libro y contemplo el mar que juega con los hombres al olvido entre sus olas de Homero; esos sueños de infancia con cañaverales, calas, olor a algas, es decir, todo eso que se llama mediterráneo que no es más que un sueño de juventud, de adolescencia o de niñez, puridad y pereza. Vuelvo a la Hispaniola que navega con viento favorable y a la entrañable y compleja amistad entre el niño Jim Hawkins y el pirata de todos los piratas: John Silver. Jim es un niño que quiere ser pirata, y, Silver, el niño que es Jim... De súbito, una sombra que asocio de inmediato a una nube pasajera, viene a ceñirse sobre la página que estoy leyendo. Hola, Paco, ¿que haces aquí? Es un indeseable conocido. Su presencia contamina mi lectura y mis ensueños. Se sienta a mi lado seguido de un vientecillo impetuoso de malos augurios. La interrupción detiene la armonía de las olas. Las gaviotas, cuyo vientre blanco brillaba en el azul del cielo, han desaparecido misteriosamente, y, la Hispaniola naufraga en el ancho mar de los Sargazos. ¿Cómo te va? Cierra su chaqueta hasta el cuello con la cremallera y mira hacia el horizonte con el ceño fruncido. Ahora sopla otro viento más fuerte: es el viento del mar, creo que este viento lo atormenta. He tenido que pasar por aquí para hacer unos recados. ¿Sabes que voy a ser padre de nuevo?. A cualquier hora llega el momento de zarpar, creo estar listo. Y los piratas me esperan. Sí, y, además, he encontrado una nueva casa. Ya sabes que andábamos buscando una casita con jardín.

Y los piratas no esperan. Se van sin nosotros, con la cangreja del palo mayor desplegada y también escandalosa del trinquete, mientras el bauprés en erección marca el rumbo sobre las olas desconcertadas. Es inútil gritar desde la orilla porque ya no volverán. Creo estar preparado y no quiero perder la última marea propicia. Por cierto, ¿cómo te fue tu última entrevista de trabajo? Los piratas van de isla en isla, pero hace mucho que dejaron de buscar tesoros. Ahora ya sé que ellos son el tesoro, que su barco es el cofre que guarda todas las maravillas, que no hay más riqueza que ser libre para navegar. ¿Sabes que me han vuelto a renovar el contrato por dos meses más? Las islas me saludan a lo lejos, resoplando como ballenas que asoman a la superficie para respirar el viento de los cielos. No hay tesoros en las islas, sólo los esqueletos de los que imprudentemente bajaron de un barco para buscarlos. ¡Adiós, adiós! Arriad los botes, no echéis nunca el ancla, cuidado con los arrecifes. No veas, chico, el problema que he tenido con el Banco para que me concedan una nueva hipoteca. Llevamos el tesoro con nosotros, porque nunca es joya lo que puede enterrarse bajo dos palmeras, sólo esqueleto. De la órbita vacía de la calavera sale un escarabajo dorado que resbala torpemente por donde hubo mejilla y ya no hay nada. Nunca suelo venir por aquí. No me gusta este viento, Paco, y, además, no puedo perder más tiempo. Ya sabes; el trabajo, los niños, y ahora, el endemoniado asunto del Banco. Tendrías que ver la casita. Sin patria, sin amo, sin tesoro. Libres por fin se fueron los piratas. Quiero llamarlos de lejos, pero no volverán. En el fondo saben que seguimos sin estar preparados para irnos con ellos. Espero que con el nuevo gobierno las cosas mejoren, Paco. El viento trae retazos entrecortados de sus canciones; ¡seguro que están bebiendo ron a modo, a morro! Y nosotros aquí, en la orilla, sin ellos, sin marea propicia. Sopla el viento. ¡Me cago en la leche! No me gusta este lugar. Me voy, tío. Tengo cosas que hacer. El viento del mar arremete contra él, le está atormentando. Adiós, Paco. Nos vemos. Pido otro café con un chorrito de ron y sigo leyendo: "Allí estaba Silver, sentado detrás, casi fuera del resplandor del fuego, pero comiendo con fiero apetito, solícito para acudir cuando algo faltaba y hasta participando, discretamente, de nuestras risas; el mismo suave, cortés y obsequioso marinero de nuestra primera travesía."



17 comentarios:
Ese momento frente al mar y con libro incluido es de los que me producen muchisima envidia..
Saludos con afecto :-D
P.D.No hay piratas suficientes que nos libren de los 'plastas' :-P
¡¡Maldito marinero de agua dulce!! ¡¡Qué inoportuno!! Merece ser pasado por la quilla. O peor, ser incluido en el reparto de "Piratas" de Polanski (y no digo ya en "Piratas" de Telecinco porque creo que la Convención de Ginebra prohibe a los seres humanos ser mezclados en semejante basura).
Guardo un doblón de a ocho para convidaros a ron cuando arriméis a mi puerto.
Abrazos, amigo.
... qué placentero, el mar, un buen libro, un cafetito calentito, y que la imaginación vuele, vuele, vuele... Esos son los momentos impagables que ofrece la vida.
Por cierto... en tu recreación, buenísima, hasta coges cariño al 'indeseable conocido', a esa 'sombra' que interrumpe el santuario de los sueños..., una sombra que finalmente sientes triste.
Porque es infinatamente mejor surcar los mares en compañía de piratas libres...
Uff, qué se me ha ido la cabeza o quizá acabo de hundirme en imaginaciones a través de tu texto...
Besos
Hildy
abril en parís
Tienes razón,amiga.La gente pululan por todas partes.Siempre nos queda la imaginación que hace abstracción.
39escalones
Eso está hecho,amigo.Me gusta el ron,sobre todo,quemado.Es maravilloso ver cómo prende fuego y es el único fuego que uno puede devorar.
Hildy
A mí también me da pena.Lo he vuelto a ver y me ha dicho que al final el banco no le ha concedido la hipoteca,y que a su mujer le han hecho unas pruebas y lleva mellizos.Me espetó:¡Me cago en la má salá!
Gracias,amigos.
Qué manera de reinar, querido Paco! Magistral
Un petó
¡Qué bonito! . Si me das tu permiso, me gustaría poder compartirlo con mis "piratas virtuales".
Sandra
Me complace verte por aquí de nuevo,mi querida amiga.Se fueron los piratas pero has vuelto.
Petons també per tu.
Loba Azul
Descubro un blog magnífico sumergido bajo las aguas de la blogosfera.Impresionante.
¡¡Fantástico!!
Alberto Q.
http://traslaspuertas.wordpress.com
No hace falta ni mencionarlo pero lo diré igualmente... ¡Qué gran libro de cabecera! Y encima lo puedes REdisfrutar mirando al mar... Lucky you, Francisco!!!
:)
Sin mar, privado del hechizo del mar. Así leí un par de veces, antaño, La isla del tesoro. La primera, joven, no me causó revuelo alguno. Increíblemente fue así. La terceraq, a la vera del mar, recién casado, creo, la volví a leer. No tiene nada que ver el matrimonio. Sí la edad, la idea de que el niño que no disfrutó pedía una segunda oportunidad. La tuve, la aproveché. Es el libro favorito de mi mujer, añado ahora. Uno de los míos. Abrazos, amigo.
Raúl
Gracias,ya sabes las cosas que suelo imaginar junto al mar.Nuestro primer encuentro fue en Voramar y pasaron cosas.
Alberto
Bueno,también se puede disfrutas en Madrid en una terraza del Retiro.Ese lago repleto de patos puede convertirse en el Océano Pacífico.
Emilio
A veces necesitamos el tiempo necesario.Y no sólo para leer un libro.
Gracias,amigos.
Chico, se me acaban los calificativos cuando te leo. Magistral.
La insurrección absoluta sólo anida en un mazo de papel cosido y con tapas. La literatura siempre será mejor que cualquier realidad, tú y yo lo sabemos.
Saludos.
Sencillamente maravilloso,si no fuesepor que introduces esa sombra permanente que nos impide en ocasiones soñar como es debido.
No sela razón de que esta maravillosanovela siga siendo considerada como literatura juvenil,cuando estamos ante uno delos relatosmás profundos y liberadores que conozco. Una pieza magistral, que deseas que te acompañe de por vida. Muy lúcido tu texto. Enhorabuena.
Licantropunk
Siempre nos quedará la imaginación o,los libros,amigo.
V
Gracias.La isla del tesoro encierra muchas cosas más allá del susodicho tesoro.
Gracias,amigos.
Acabo de perder el comentario que te dejaba, grrh!!... ò_ó
Te decía que me da mucha envidia la situación que nos describes. Y que el viento se alió contigo en esa terracita para quitarte de encima a ese pesao, jeje... ;-)
Hace poco volví a ver "El mundo en sus manos". Menuda gozada de película, con esos barcos, aquellos aventureros de otros tiempos y el mar, la mar... De lo que ya va siendo hora quizá es de releer el viejo clásico de Stevenson. Aunque veo difícil que pueda contar con el mismo marco de fondo que tú...
Muy buena entrada, Francisco. Un fuerte abrazo.
Kinezoe
Se lo habrá llevado los piratas,jeje.No importa el marco de fondo,amigo.La lectura está entre el libro y tú.Y sí,muy buena El mundo en sus manos.En un mundo como el nuestro;cerrado,virtual,alienado,sin espacios abiertos y cargado de facturas en el buzón uno no hace otra cosa que llamar a los otros piratas,a los verdaderos,desde nuestra orilla cotidiana y gris.
Un abrazo,amigo.
de niño en la isla del tesoro solo vi piratas y tesoros ocultos en lejanas islas, ahora con mas de cuarenta años veo la isla del tesoro en ese efimero momento presente que esconde el verdadero tesoro que es la vida misma, lo unico real en un mar de ilusiones, pero el tesoro esta oculto en lo mas profundo de nosotros mismos, y pocos logran llegar alli.
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