
En 1971, el más grande de los cineastas japoneses, Akira Kurosawa, se cortó las muñecas con una navaja, desesperado al parecer por el derrumbe de su carrera y el fracaso en conseguir respaldo comercial para sus futuras películas. El intento de suicidio de Kurosawa-una manera de escapar de los problemas que él nunca concedió a su héroes samurais. Puede que el suicidio sea un acto perfeccionado por los japoneses, pero cuesta imaginarse a Billy Wilder metiéndose estoicamente en el mar y dejando atrás la playa de Malibu tras el fracaso de Fedora. Por aguda y brillante que sea una película, como en el caso de Wilder, no vale la pena mojarse los pies por ella.
François Truf
faut, en el libro de conversaciones con Alfred Hitchcock, lo felicitaba por su tino en marcharse a Hollywood, y hace el comentario de que hay algo inherente a Inglaterra que es anticinematográfico. Truffaut menciona la naturaleza antidramática de la vida inglesa; de rutina imperturbable y modales apagados, y hasta su clima, afirma Truffaut, son anticinematográficos. A primera vista, estas restricciones se aplicarían aún más a la noción de un cine japonés (sobre todo la lluvia, que ciertamente empapa muchos de los filmes de Kurosawa). Dada la rigidez glaciar de la vida en el Japón de la preguerra, la deferencia absoluta a la autoridad y al consenso social, y la supresión del menor destello de individualismo, es simplemente un milagro que haya surgido un cine japonés, ni que decir de un talento inconformista como el de Kurosawa.Kurosawa sólo pudo encontrar la libertad para hacer su personalísimo cine gracias a la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial. La población, que con el ánimo destrozado contemplaba las ciudades bombardeadas como un paisaje lunar, se dio cuenta de adónde le habían llevado el consenso y la obediencia, y ella la predispuso a encontrar algún tipo de alternativa. Desde el inicio de su carrera, mientras hacía películas de propaganda bélica, Kurosawa creyó en el poder del cine para promover una regeneración nacional, y estaba convencido de que los japos hallarían la salvación si se consideraban a sí mismos ante todo como individuos. En 1950 produjo Rashomon, una obra maestra de la subjetividad en la que la muerte de un guerrero y la violación de su mujer se ven desde cuatro puntos de vista contrapuestos. La mayor atracción de Rashomon consiste en su negativa a convalidar ninguna de las versiones de los testigos como la historia verdadera. En un mundo de absoluta relatividad, no hay manera de saber quién dice la verdad. Esta misma ambigüedad subsiste en los filmes de Kurosawa con escenarios contemporáneos-Diunken Angel y El perro rabioso-, sombrías visiones de la criminalidad de posguerra que partieron de las mismas fuentes del cine neorrealista italiano, y que transmiten la inequívoca impresión de que los japos, más que ningún otro pueblo, disfrutan al deprimirse.
A pesar de
contar ya con una larga serie de películas reconocidas, la carrera de Kurosawa empezó a correr peligro en los años sesenta. Con el triunfo de la televisión, la audiencia cinematográfica japonesa no salía de casa y veía epopeyas de samurais estereotipadas producidas con una mínima fracción de los fastuosos presupuestos de Kurosawa. Además, con el ascenso de un Japón industrializado, había surgido un nuevo modo de pensar uniformado y una nueva obediencia corporativa. La victoria global de Sony, Datsun y Matsushita Electric no daba cabida a la torturada duda existencial ni a la relatividad moral. El cine japonés se fragmentó en las industrias del porno ligero y el entretenimiento de masas, dejando a un reducido grupo de directores de filmes de arte que aborrecían las epopeyas universales de Kurosawa y lo que ellos veían como relatos "hollywoodenses".A veces m
e pregunto: ¿qué pensaría hoy Kurosawa sobre un síndrome que asola Japón llamado Hikikonori, que significa el aislamiento que sufre mayoritariamente los jóvenes que se encierran en una habitación de la casa de sus padres durante periodos de tiempo prolongados, generalmente años. Sienten tristeza y apenas tienen amigos, y la gran mayoría duermen o se tumban a lo largo del día, y ven la televisión o se concentran en el ordenador durante la noche?Menuda epopeya, mi querido Kurosawa. Aquí también llueve.
3 comentarios:
Esta gente ha cambiado la ventana de la casa por la ventana-pantalla del ordenador. El mayor de los pecados actuales es sustituir la realidad virtual por la verdad física. Kurosawa jamás hubiera caído en algo así; cayó en mostrarnos sus sueños, que son grandiosos, majestuosos, coloristas, tenebrosos.
¿Y qué me dices de esos japoneses que se visten de Manga o de colegialas calentorras y quedan en los centros comerciales a alternar y lo que surja? Ahí sí que a Kurosawa le hubiera dado un yuyu...
Abrazos, amigo
Pues no, yo tampoco me imagino a Wilder, o a Ford o a Houston deprimidos y al borde del suicidio por un fracaso profesional. Cosa distinta, en cuanto a estos dos últimos al menos, es que la causa fuera la instauración de una nueva Ley Seca.
En "2012" prometiste que el siguiente estaría lleno de esperanzas y buenos deseos... Bueno, no importa: fantástico texto, ¡viva el cine del gran Kurosawa!
Saludos.
Publicar un comentario en la entrada