miércoles, 28 de diciembre de 2011

La cultura del cómic


Otro regalo inesperado: Enciclopedia del cómic. Gracias colega. Pero no sé qué te ha hecho pensar que a mí me gusta el cómic. De todas maneras ha sido una lectura grata, placentera y muy interesante. Es más me ha hecho reflexionar sobre muchas cosas. Ya sabes, amigo, que mi imaginación me hace volar por otros lares. Verás.
Los impresos invisibles proliferan a nuestro alrededor: faxes y correos electrónicos, comunicados de prensa y memorándums de oficina, oscuras ficciones de género envueltas en cubiertas metálicas que apenas notamos camino de la tienda libre de impuestos. Un día, en el futuro cercano, cuando se haya tirado abajo la última central corporativa y todos nos ganemos la vida en el terminal doméstico, las antologías de memos de oficina de nuestro siglo serán un tesoro tan valioso como la correspondencia entre Virginia Woolf y T.S.Eliot. Si esto parece improbable, convendría anotar que los originales de los libros de cómics de diez centavos que se publicaban en los años treinta ahora valen miles de dólares, lo cual excede en mucho el valor de las primeras ediciones de la mayor parte de los escritores de ese periodo. La separación entre cultura alta y popular ahora es prácticamente total, probablemente en detrimento de la primera.

En estos últimos cincuenta años, tan sólo Dalí, Magritte y Warhol han podido competir con los pintores anónimos que llenaban de tinta sus viñetas en el "redi" del King Feactures Syndicate, creando así las imágenes de una cultura popular que van del traje Príncipe Valiente con que Elvis Presley enamoraba a las matronas de Las Vegas o los clones de Superman que venden una batería de automóvil o un producto de limpieza para el baño. Sin embargo, tratándose de una forma aún raramente admitida en sociedad, la tira cómica tuvo un origen asombrosamente con clase. Comic Magazine, publicaba por primera vez, como corresponde, el 1 de abril de 1796, incluía un grabado de Hogarth en cada número mensual, reunidos en la serie "Industria y pereza", que puede ser considerda como la primera forma de tira cómica. Durante el siglo XIX, especialmente en Gran Bretaña y Estados Unidos, se publicó un gran número de revistas de caricaturas y hojas cómicas, aunque el primer personaje recurrente en su propia tira sólo apareció en 1895. La competencia entre los magnates de la prensa norteamericana, y los avances tecnológicos de la impresión en color, llevaron a William Randolph Hearst a introducir los primeros suplementos de tiras cómicas en la edición dominical de sus periódicos. El humor era aún un tema dominante a ambos lados del Atlántico, y una gran variedad de personajes excéntricos y atolondrados empezó a dar forma a la cultura popular del siglo XX, desde la pequeña huérfana Annie hasta Popeye. Entre todos ayudaron a crear un mundo genuinamente raro y barroco que desde entonces no ha tenido paragón.



En la década de los treinta, quizá como reacción a los años de la Depresión, se habían establecido las tiras policiales y de crimenes, cuyo máximo exponente era el Dick Tracy de Chester Gould, y ahora en Estados Unidos el cómic apuntaba abiertamente a un público adulto. Indudablemente, la mayor influencia en la evolución del cómic y en la cultura popular en general fue la ciencia ficción. Buck Rogers y Flash Gordon emprendieron aventuras interplanetarias que aún parecían creíbles, pero pronto dieron lugar a un ejército de superhéroes, encabezado por Superman y Batman, que permanecían en la Tierra combatiendo el crimen, el terrorismo internacional y la amenaza nazi. Ambos tenían un yo cotidiano con el que los lectores podían identificarse, el de un reportero de periódico y el de un atento playboy. Los superhéroes que los siguieron, el capitán Maravilla y el capitán América, iban más allá de las restricciones del tiempo y espacio para defender a la nación en guerra. En la década de los sesenta, de la inmensa confianza que tenía Estados Unidos en sí mismo y la frondosa imaginación de los artistas de cómics Maravilla surgió una raza de figuras divinas que tan sólo existían en el plano astral. Entre ellas estaban el Increíble Hulk, el Hombre Araña y, el más curioso de todos, el Sulfista de Plata, un emisario de las estrellas enviado para advertir a los habitantes de la Tierra de su inminente perdición, una figura noble y trágica que quedó atrapada en nuestra atmósfera. Proclive a despliegues morales angustiosos y poéticos, fue uno de los pocos en romper la regla según la cual, cuanto más avanzada fuera la superciencia que rodeaba al héroe, éste sería menos inteligente.

Ninguno de estos cómics, debo admitir, ejerció su encanto sobre mí, y dejo con gusto a otros la psicología profunda del universo del cómic. Sólo existe una excepcción: Corto Maltés. Admiro profundamente a Hugo Pratt.

Para bien o para mal, la inmensa energía visual de los artistas de cómics, con los ángulos de enfoque en zoom, los repentinos primeros planos y las tomas de grúa han influenciado en el cine contemporáneo (el videojuego también bebe de él), estructurados con las mismas fantasías compensatorias y una visión paranoica del mundo.
Es aún más deprimente pensar que prácticamente toda la población estadounidense, entre otras, lee los cómics norteamericanos hasta bien entrada la adultez, y que éstos han sido probablemente la fuerza dominante en la conformación de la imaginación americana, entre otras. La influencia del cómic no sólo se ve en el cine sino en la novela actual, con su constante búsqueda de acción, su rechazo de la voz pasiva y su aversión a toda explicación, su relato equivalente a un clímax visual cada cuatro viñetas y un diálogo que quedaría mejor en letras de imprenta y dentro de un bocadillo.
Nos guste o no, las curvas de nivel de nuestra cultura han esquivado hace tiempo a Bloomsbury y la Rive Gauche, para volver a la carrera a esas oficinas anónimas de Manhattan y Los Ángeles donde un signo de exclamación ya es una sutileza.

A ver si alguien me regala uno de esos libros caros sobre John Ford.

12 comentarios:

Miguel Sanfeliu dijo...

Yo sí soy amante del cómic. Me encantaban los superhéroes y, aún hoy, me apresuro a adquirir aquellos cómics que encuentro interesantes, como los de Adrian Tomine o Paco Roca.
Me gusta el nuevo look de tu blog. Tal vez debería animarme a actualizar el mío...
Te deseo mucha felicidad, amigo, y te envío un abrazo.

Francisco Machuca dijo...

Lo mismo te digo Miguel.
Un fuerte abrazo.

Alex Machuca dijo...

Era y soy amante de los cómics de mi superhéroe, Son Goku. Los tengo como mi tesoro y, cuantos más años pasan más valor tienen. En ellos están todos mis recuerdos e infancia.

Por cierto, me encanta el nuevo look!!

Un abrazo

Francisco Machuca dijo...

Y a mí me lo dices.Te los compré y casi me arruínas.También recuerdo cuando veíamos juntos esas historias de ese chico despeinado,comilón y subido sobre una nube.Ay,yo tadavía sigo subido en ella.

Muchos besos,campeón.

Raúl dijo...

¡Hostia!¡Qué cambio estético más drástico, don Francisco!
Yo también fui (en pretérito, pues hace muchísimo tiempo que no leo o releo algunas de sus historias) amante de Corto Maltés...

Licantropunk dijo...

Le doy al cómic y estoy pendiente de las novedades. Licantropunk es eso, un cómic: un nombre prestado de una creación de Max, el de Peter Pank. Ahora parece que está de moda lo que llaman "novela gráfica" que no es más que los cómic para adultos, que no es más que tebeos con guiones elaborados, que no es más que ya está todo inventado. Por cierto, un regalo estupendo ese que te han hecho. Felicidades.

chanclas dijo...

Magnifico tu trabajo, Francisco. Con el rigor y la amenidad de siempre.
Verdaderamente atrayente la estetica de Corto Maltes a quien descubrí bien entrada la madurez.
En mi infancia, sin Play Stations, Nintendos ni medios audiovisuales devoraba, cuando los conseguia Hazañas Belicas, El Capitan Trueno y como no, mi idolo Tintin.
Aun hoy quedan secuelas: mi Foxterrier se llama Milú.
Un abrazo y Feliz año

Josep dijo...

En el plan que te pones, amigo Francisco, te recomendaría que pidieras a los reyes magos un buen sombrero, de esos gruesos, porque te van a caer palos a troche y a moche.

Como yo ya tengo mi sombrero, me lo calo y afirmo que estoy de acuerdo contigo y que suscribo letra por letra ese penúltimo párrafo de tu estupendo artículo.

Aún habiendo sido lector voraz de tebeos en mi infancia, siempre consideré que el género era la puerta de un camino para seguir luego la pasión por la lectura de literatura, sin desdeñar, evidentemente, el retorno ocasional o momentáneo, pero de ahí a mostrar la pasión que algunos adultos proclaman por los tebeos,y más precisamente por ejemplares de la Marvel o D.C., es decir, típicamente usamericanos, entiendo que hay gran distancia.

Que además se pretenda elevar el tebeo -lo llaman comic para parecer más serio- al nivel cultural de una novela me parece una vuelta de tuerca en un tornillo sin fin que jamás logrará parecerse ni remotamente, por mucho que digan, al tornillo de Arquímedes, ya que el tebeo, en su mayoría, no aporta más que distracción y simplicidad.

Un abrazo y buena entrada de año.

vicente dijo...

Aunque no suena bien decirlo, estas semanas han venido con dificultades que me han apartado de mis blogs y los de mis amigos. Sin embargo, no puedo pasar de largo para desearte un año 2012 venturoso, lleno de salud y de afectos.
Abrazos.

vicente dijo...

Aunque no suena bien decirlo, estas semanas han venido con dificultades que me han apartado de mis blogs y los de mis amigos. Sin embargo, no puedo pasar de largo para desearte un año 2012 venturoso, lleno de salud y de afectos.
Abrazos.

Lula Fortune dijo...

Feliz 2012, Francisco... me gusta el cambio de look.
Un beso.

39escalones dijo...

No soy mucho de tebeos (se ve, por ejemplo, en que siga llamándolos tebeos, y no cómics, expresión que me da dentera), pero sí rescato un puñado de ellos que, invariablemente, no giran sobre superhéroes, categoría moral que detesto profundamente, con la salvedad quizá de Batman, que es el único humano de ellos.
Por cierto, qué plantilla más molona... (y tú sabes por qué lo digo...)
Abrazos