martes, 31 de mayo de 2011
Moscas
lunes, 30 de mayo de 2011
Diario de lecturas

Viernes
Huxley lo predijo todo: la clonación, los niños-probeta, el totalitarismo, la globalización materialista, el nuevo fascismo de la felicidad artificial y obligatoria, la ideología light. La novela de Huxley es una distopía. Lee nuestro futuro, es decir, nuestro presente. Hoy, con las manipulaciones genéticas, la clonación de una oveja o de una vaca, la fecundación in vitro y la secuenciación del genoma humano, sabemos que la era de la poshumanidad se acerca. El libro se inicia con la visita guiada a un "Centro de incubación" en el que se producen bebés-probeta. El Estado Mundial fabrica humanos en cadena, siguiendo criterios de selección eugenistas (el esperma de los guapos se une a los óvulos de las guapas, el de los feos a los de las feas) antes de condicionarlos mediante hipnosis durante el sueño para el empleo que les ha sido asignado. Sobre la tierra, ya no hay ni familias, ni razas, ni países. La libertad sexual es absoluta (pero Shakespeare está prohibido). "La vida es una historia llena de ruido y furia contada por un idiota, que no significa nada." Quizá sea este mi caso. Todo el mundo se tira a todo el mundo o toma "soma", una droga gratuita muy enforizante. Qué mundo más maravilloso: ¡una orgía permanente de yonquis! Pues no, nada es tan bonito como parece. En Cándido de Voltaire, cuando Panglos repite: "Todo va bien en el mejor de los mundos posibles", no olvidemos que es tuerto y que sólo ve la mitad de la realidad. Al poder le interesa que los ciudadanos gocen lo más posible con tal que no piensen. El protagonista de la novela, Bernard Marx (¿Carlos Marx?), como consecuencia de un error de manipulación en el laboratorio, dispone de conciencia e incluso puede enamorarse de Lenina (¿Lenin?). Le seguimos en su intento de revuelta junto a John, un Salvaje, quien, a su vez, ha sido educado en una reserva primitiva, en Nuevo México, al margen del Mundo Feliz. No hace falta que desvele el desenlace, es fácil de adivinar que la rebelión acabará mal. Pobres indignados de las plazas. Pobre de mí. Novela de anticipación profética, fundamentada en un conocimiento científico y político muy realista. Un mundo feliz no ha envejecido nada, al contrario. Creo que Huxley tenía razón al tener tanto miedo. Lo sabremos si vivimos en los próximos años.
Sábado, nueve de la noche
Me preparo para salir a tomar unas copas. No sé en el fondo por qué las tomos, si para divertirme o por no descubrir que no me divierto nada. Tampoco conseguiré a la mujer que me trae de cabeza. Ella pertenece al esperma de las guapas y yo al de los feos. "El mundo se va a volver tremendamente imbécil. Durante los próximos años, la cosa va a resultar muy aburrida." Flaubert. "El futuro será aburrido." J.G.Ballard. ¡Dios, no debería leer tanto!
Domingo por la mañana
Resaca. No recuerdo nada. Café muy negro y espeso. Un cigarrillo y el libro de Orwell. Tengo todo el día para leerlo.
Domingo, medianoche
Vivimos en el mundo que describe Orwell: un mundo totalitario cuyos habitantes son vigilados por una pantalla vídeo-world. (Seguro que ya está colgada en la red mi imagen ridícula de ayer por la noche grabada con un móvil por un conocido ocasional y olvidado). En la sociedad de Orwell el pasado se reescribe constantemente. Los cerebros son sometidos a un lavado, en la que la vida sexual está reglamentada, en la que se oprime a los ciudadanos con la excusa del amor, de la paz y de la tolerancia. Todo está organizado para impedir que piensen. Pienso en la red, las webcams retransmitiendo el mundo entero la vida privada de personas; estamos fichados, pueden rastrear nuestros movimientos, localizarnos a través de las tarjetas de crédito, de los teléfonos, los satélites de espionaje y conducción. Tenga la sensació de que la mayor parte de la gente ya le horroriza palpar el tiempo y por eso lo tiene que llenar, por ejemplo, llamando por el móvil a ochocientas personas para decir que van por la calle Aragón, camino de Plaza Cataluña. ¿Qué importancia tiene esto y para qué llaman a nadie para contárselo? Pienso en el fenómeno facebook. La gente está conectada todo el día en su blackberry. Es como si la gente tuviera una especia de pavor a que no haya testigos de su cotidianidad, de su existencia. Por otra parte, la publicidad manipula nuestros deseos. Los revisionistas borran millones de muertes. El programa "Gran Hermano", de éxito mundial vigilan las veinticuatro horas del día la vida de diez candidatos recluidos en un apartamento trufado de cámaras. George Orwell no se equivocó: su novela premonitoria, por más influencia que tuviera de los totalitarismos de su época, nazismo y estalinismo, y de Un mundo feliz, no hacía sino describir con todo lujo de detalles la evolución del mundo Occidental del futuro. 1984 sigue leyéndose con temor y avidez. No son únicamente sus dotes de videncia lo que nos atenaza, sino también su visión del porvenir, que ha tenido una tremenda influencia sobre todas las artes, especialmente el cine y la literatura ciberpunk. Antes de Orwell, el futuro tenía mejor aspecto, era puro Flash Gordon, con sus marcianos y platillos volantes. Después de Orwell, el futuro no volverá a ser el mismo: un mundo penitenciario, angustiosamente sombrío: Brazil, Blade Runner, etc. Orwell creó esta estética; el futuro como un inmenso gulag del cual el protagonista, Winston Smith, nunca logrará escapar. De hecho, 1984 termina con esta frase: "Él amaba a El Gran Hermano." Smith, acaba de ser reeducado, está, como todos nosotros, sometido e intoxicado. El sistema sale victorioso cuando consigue que amemos nuestra prisión. Todo ser humano es un héroe al que la existencia le da plantón constantemente. Pobres indignados. Pobre de mí.
Lunes, seis de la mañana
Vuelvo al trabajo cabizbajo.
viernes, 27 de mayo de 2011
Sueños venecianos
"El viajero es un anarquista conservador; un conservador que descubre el caos del mundo porque lo mide con un metro absoluto que revela la fragilidad, la provisionalidad, la ambigüedad y la miseria".
Hoy, viajar a los lugares imprescindibles no distingue, sino que vulgariza. Viajar en dirección a un sueño es la más hermosa de las emociones, pero encierra el peligro de una inmensa decepción. El mundo ha cambiado mucho, nada es como fue ni como lo imaginábamos. Viajar consiste en poner el alma en el camino para recordar después los sueños que hayas vivido si has conseguido encontrarla en algún bello lugar, muy lejos de tu propia vida. Se viaja no solo a través del espacio, sino también del tiempo y contra el tiempo. El viajero no es un simple curioso ni un mero testigo sino también un crítico que ha roto amarras con la serenidad de todos los puertos y sabe afrontar sin escándalo pero también sin plena resignación las lecciones del desencanto. Si viajo ahora, en todo caso, es para seguir una idea que alenté, o para sentirme que piso el lugar que he soñado ver. Siempre acabamos llegando a donde nos esperan: los sueños. Quizá vuelva a Venecia para morir, como Enrico, como Aschenbach o Pound, y, reconciliarme con la Venecia que tanto escritores como pintores o cineastas dejaron de lado: las hierbecillas que crecen entre las piedras de las fachadas, los pilotes de amarre de las embarcaciones, las esculturas murales, los pozos de las pequeñas plazas, los crepúsculos, la herrumbre y la pátina. La cara oculta de Venecia, más allá de los fastos, la invisibilidad y el silencio constituyen su esencia secreta. Es cierto que regresamos siempre de los viajes, pero no debe viajarse con la intención de hacerlo. Viajar tiene también algo de nacimiento. Sea inútil este viaje. Inútil y esencial.
martes, 24 de mayo de 2011
Filitrastofosfonik
En uno de los capítulos de la novela de mi admirada Astrid Lindgren, Pippi Calzaslargas, Pippi inventa una palabra nueva: Spunk. Ahora sólo le falta saber qué es eso. Podría ser un caramelo o tal vez un aspirador, pero ¿y si es un monstruo? Por si acaso, con la ayuda de sus amigos Tommy y Annika, prepara una trampa al temible Spunk. Sin embargo, éste no parece dispuesto a dejarse ver. Así que los tres amigos recorren el pueblo buscándolo, aunque hay tantas cosas que podrían ser un Spunk. Me niego a revelar el final.
Humpty Dumpty: la más pura representación de la condición humana. ¿Qué es un huevo? Es lo que todavía no ha dado una paradoja, ¿no es cierto? Porque ¿cómo puede Humpty Dumpty estar vivo si no ha nacido? Y, sin embargo, está vivo. Lo sabemos porque puede hablar. Más aún, es un filósofo del lenguaje. "Cuando yo uso una palabra, dijo Humpty Dumpty en un tono bastante despectivo, significa exactamente lo que yo quiero que signifique, ni más ni menos. La cuestión es, dijo Alicia, si puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes. La cuestión es, dijo Humpty Dumpty, quién es el amo, eso es todo." Todos los seres humanos son huevos en cierto modo. Existimos, pero aún no hemos alcanzado la forma que es nuestro destino. Somos puro potencial, un ejemplo de lo porvenir. Porque el hombre es un ser caído, los sabemos por el Génesis. Humpty Dumpty también es un ser caído. Se cae del muro y nadie puede volver a juntar los pedazos, ni el rey, ni sus caballos, ni sus hombres.Nuestra civilización ha perdido reverencia y respeto por la magia de la palabra. El enorme esfuerzo de nuestra cultura por estructurar conceptualmente la realidad según unas leyes lógicas, universalmente definidas y aplicables, ha cortado de raíz el flujo mágico que tenía la realidad objetiva para el hombre primitivo. La causalidad lo explica todo, lo inventa si no existe bajo el principio estricto del raciocinio y del dominio de las pasiones. En su asombrosa voluntad de comprender y de construir, la civilización occidental ha cerrado sus ojos a las dimensiones incomprensibles de la realidad, condenadas al limbo-a veces inquietante- de lo inaceptable. Ha perdido su infancia. Sólo el arte ofrece al hombre civilizado la arcana intuición de su existencia y sólo en momentos de grave crisis surgen del fondo primitivo del hombre civilizado los ramalazos mágicos del mundo perdido, el terror de la noche, la angustia del infinito, el misterio del otro, la fuerza incontrolable, destructora y suicida de la emoción desatada.
Acabo de inventar la palabra Filitrastofosfonik. Ahora sólo me falta saber qué es eso. Esta misma noche me pongo a buscarlo.
lunes, 23 de mayo de 2011
Intervalos
Vivimos en la época del fragmento. Nada es entero, consciente, estructurado en sus elementos. Nada garantiza un soporte que aguante con seguridad. Nada tiene razón de ser. Un viento de desolación lo ha arrasado todo, y han quedado restos dispersos de su paso. Y tenemos muchísima prisa por irnos a no sabemos dónde, por volver otra vez a donde no habíamos partido. Comemos en la barra de nuestro frenesí, corremos con el entusiasmo de nuestro ser febril, dormimos en los intervalos en los que vamos en el autobús de nuestra velocidad. Y leemos en el intervalo de ese sueño. Pero toda nuestra vida está hecha de harapos, de pedazos, de dos bocadillos comidos en el bar. Y leemos en ese momento, para ir más deprisa. No leemos del todo, no pensamos del todo, no somos nunca del todo. Por eso siempre nos falta lo que no tuvimos tiempo de ser, y eso que nos falta es lo que era todo. Así, ni la muerte nos será entera por lo mucho que dejamos de vivir y que, por tanto, no podremos morir. Nos vale que el sepulturero no lo sepa. Y que muramos del todo para él.viernes, 20 de mayo de 2011
Los indignados
La realidad es muy extraña, extraña e inesperada. La historia es una frágil prenda que la hoja afilada de un cuchillo llamado Ahora rasga con la mayor facilidad. Mientras haya una historia, todo marcha bien. Dicen que incluso en sus últimos momentos, en la fracción de segundo de la fatal caída-o cuando está a punto de ahogarse-el ser humano ve pasar velocísimamente ante sus ojos la historia completa de su vida. ¿Hacia dónde nos encaminamos? ¿Avanzamos hacia delante para ir hacia atrás? ¿Avanzamos hacia atrás para ir hacia delante? ¿Qué es el progreso? ¿Acaso no demuestran los fantasmas-e incluso los rumores, los chismorreos, las historias de fantasmas-que el pasado no se desprende de nosotros con facilidad, que siempre estamos regresando?
Eso a lo que llamamos civilización, eso que llevamos construyendo desde hace tres mil años, tantos que de vez en cuando nos hartamos de ella. ¿Y dónde está el principio? ¿Hasta dónde hay que remontarse? Recuerdo que cuando los niños de La Revolución francesa derribaron a su titánico padre, Luis XVI, y a su malvada madrastra, María Antonieta (que, según resultó luego, no eran más que personajes de su teatro de títeres, a los que se les podía quitar la cabeza tan tranquilamente), creyeron que ya eran libres. Pero al cabo de un tiempo descubrieron que eran huérfanos, y que el mundo que creían suyo era un lugar desnudo e incómodo. De modo que corrieron al lado de su padre adoptivo, Napoleón Bonaparte, que esperaba junto al viejo teatro de títeres, que soñó para ellos una nueva representación escénica basada en viejos temas, y que les prometió un imperio, una finalidad, un destino..., un futuro. La civilización está hecha de esperanzas y sueños. No es más que una idea. No es real, sino artificial. Nadie ha dicho nunca que fuera real. No es natural, ni nadie ha dicho nunca que fuera natural. Está hecha a base del largo proceso del aprendizaje, de la experimentación y el error. Se rompe fácilmente. Nadie ha dicho nunca que no pudiera romperse en pedazos. Ni nadie ha dicho nunca que tuviera que durar eternamente.jueves, 19 de mayo de 2011
Panópticos
El proceso de Kafka contiene, con sorprendente frecuencia, expresiones como mirar, ver, ser visto, alzar la vista, examinar, mirar alrededor, observar, atraer la mirada, seguir con la vista y otras análogas. K. se sabe expuesto por todas partes. El Ojo de Dios se ha multiplicado. El Ojo de la Ley envía sus agentes por las calles, y en el régimen totalitario de Kafka se exhorta a todos a vigilar a sus conciudadanos. Con ellos, el sistema de poder no es sólo un sistema de jerarquización sino también de contigüidad. Prolifera hacia abajo, conquista la base y se extiende lateralmente, de forma que al final no hay escapatoria en ninguna parte.domingo, 15 de mayo de 2011
Después de la medianoche

Midnight in Paris es un aperitivo de buen humor e ingenio a raudales. Cuenta la historia de un escritor, interpretado por Owen Wilson, que, en París, donde está de visita con futura novia y los padres de esta, descubre varias cosas acerca de sí mismo. En la capital parisina se encuentra con héroes culturales de toda una época, los americanos que poblaban París en los años veinte. De la mano de una modelo (Marion Cotillard) que ha vivido con Modigliani, se topa con los Fitzgerald, Zelda y Scott; con Ernest Hemingway, con Cole Porter, con Gertrude Stein, con T.S.Elliot. Y también con Pablo Picasso, con Luis Buñuel, con Man Ray, y, ¡atención! un Adrien Brody fenomenal interpretando a un divertido Salvador Dalí. Uno de los muchos momentos memorables de la película es cuando el personaje principal sugiere a Buñuel que haga una película sobre un grupo de comensales convidados a una mansión que, por razones inexplicables, no pueden salir de ella. Buñuel rodó El ángel exterminador en 1962, . Con ellos, y luego, en otro salto temporal inesperado, con los pintores de la Belle Epoque-Toulouse Lautrec, Paul Gauguin-,el escritor descubrirá la belleza de París después de la medianoche y reflexionará sobre el paso del tiempo y la nostalgia: ¿En qué época nos gustaría vivir en realidad?
En Midnight in Paris interviene en un papel brevísimo Carla Bruni-Sarkozy, la mujer del presidente francés, que tan sólo quería participar en el filme para decirle a sus nietos en un futuro que intervino en una película de Woody. Soñamos, siempre soñamos. Si no tenemos más remedio que quedarnos en el presente sólo cabe esperar ese bello encuentro causal entre un paraguas y una máquina de coser.
miércoles, 11 de mayo de 2011
Escribir de cine
Cine y literatura. Literatura y cine. Si nos fijamos bien, en el principio de Eugenia Grandet de Balzac, veremos que utiliza una técnica que es como un lento zoom cinematográfico. Empieza con un enfoque muy amplio: "Aquí está esta ciudad, aquí están los edificios, ésta es la situación económica", y gradualmente se va centrando en un barrio, y dentro del barrio en una casa bastante imponente, y dentro de la casa en una habitación, y dentro de la habitación en una mujer sentada en una silla. Para cuando averiguamos su nombre, ya se encuentra aprisionada en su clase, su situación social, su comunidad y su ciudad. Para cuando su propia historia empieza a desarrollarse, te das cuenta de que va a chocar con todas esas cosas. Es como un pájaro en una jaula.
Me interesa mucho algunos aspectos técnicos cinematográficos. Por ejemplo, de la libertad técnica de la Nouvelle Vague, una liberación del lenguaje. La forma clásica de montaje cinematográfico es plano largo, plano medio, primer plano, plano medio, plano largo, plano medio, primer plano, plano medio, plano largo, como una especie de baile. Dos pasos adelante, dos pasos atrás, dos pasos adelante, dos pasos atrás. Puede resultar increíblemente tedioso si nos fijamos en la mayoría de las películas de los años cincuenta que están montadas de esa manera, parece como si las hubieran montado matemáticamente. Así que el uso intensivo que utiliza, por ejemplo, Godard del salto entre plano hacía que saltaras. Te hacía ir de una escena general, ¡bang!, al rostro de la bella Anna Karina, a veces el personaje se dirigía directamente a la cámara.

Me gusta la idea de romper el marco, el hecho de que muchas de esas películas eran divertidas y serias al mismo tiempo. En Alphaville, que es un filme muy oscuro, hay una escena maravillosa en la que Lemmy Caution, el detective venido a menos, llega al albergue de vagabundos en el que descubre que todos los superhéroes están muertos. "Et Batman" "Mort". "Superman" "Mort". "Flash Gordon" "Mort". Es hilarante. Y me encanta el uso que hace Luis Buñuel del surrealismo, que no evita que sus grandes películas resulten reales. En El fantasma de la libertad la gente se sienta alrededor de la mesa en váteres, pero se dirigen en silencio a una habitación privada para comer. Y me gustan los dos Bergman: el Bergman místico de El séptimo sello y el Bergman psicológico e intimista. Y Kurosawa, que nos transporta a una cultura completamente cerrada, el mundo del samurái. No pienso como los samuráis, pero Toshiro Mifune rascándose resulta irresistible, en seguida te pones de su parte. Es una de las cosas que quieres que haga una obra de arte, que te transporte a un mundo en el que no has estado, y que pase a formar parte de tu mundo. Esa gran etapa del cine tenía mucho que enseñar a los novelistas. Dice un genio del cine que es difícil reflejar un ambiente y una atmósfera en las películas, que habría que tener una cámara en el corazón. Yo creo que es posible teclear a veinticuatro imágenes por segundo, pero no con los dedos, sino con el corazón.
Siempre pienso que me eduqué en el cine.
martes, 10 de mayo de 2011
Café Gijón
"A mí lo que más me gusta es levantarme tarde y después ir al café"

Hago balance literario: muy magro. Del Gijón no ha salido nada de valor, o muy poco. Parecía que con la muerte de Franco aparecería los cientos de novelas maravillosas que todo el mundo estaba escribiendo o iba a escribir cuando se acabara la censura, pero nadie ha leído nada.
Por otro lado, hoy, las tertulias han pasado a la historia, devoradas por la velocidad presente. Los jóvenes no han cogido el testigo de las tertulias. Será por los ordenadores y por la vida moderna. Aún me sorprende que haya cafés donde los camareros no conocen los nombres de los clientes. O que haya cafés a secas, porque al paso que vamos... La sociedad de consumo ha ganado la partida creando infinitas necesidades a los jóvenes, para que trabajen, para que ganen dinero y así poder quitárselo cuanto antes, al compás de las modas. Ha sido una jugada maestra, porque la juventud nunca ha estado tan manipulada y ha sido menos libre que ahora.
lunes, 9 de mayo de 2011
El gran ferroviario
Cada 1 de mayo a principios de los años cincuenta, en la pequeña ciudad de Nymburk (ciudad de la República Checa), con todos los pueblos y todas las ciudades de aquella parte de Europa que, pocos años atrás, se había convertido al comunismo, celebra la Fiesta del Trabajo. Los obreros de las fábricas, los empleados de las empresas estatales, todos endomingados, marchan por las calles adornadas por la fiesta con flores de papel y banderas checoslovacas y soviéticas. Los escolares y estudiantes cierran la procesión, todos mudados con uniformes de la juventud comunista: camisas azules o blancas y pañuelos rojos de tres puntas anudados al cuello. La marcha pasa por la avenida principal, después gira hacia la derecha, y, entonces, de repente, una caos extraño perturba el orden estricto de las filas, las multitudes murmuran, señalan alguna cosa con el dedo, sonríen, los niños y los estudiantes empiezan a reír y a saltar para ver mejor: de uno de los callejones acaba de salir un hombre de mediana edad, con una camisa de cuadros, una rana sucia y una gorra de obrero; en el extremo de un palo largo, que lleva colgado a la espalda, le cuelga un cubo del cual se desprende un insoportable hedor: el hombre está limpiando el pozo de su comuna y transporta los excrementos hacia el estercolero más próximo. Con paso lento, el cubo va al encuentro de los ciudadanos elegantemente vestidos, y los participantes de la procesión se olvidan de agitar las banderas y las flores de papel, boquiabiertos y los ojos como unas naranjas miran el origen de aquel hedor y, marcados, hurgan en sus bolsillos buscando un pañuelo. Como si estuviera solo en el mundo, el hombre con el cubo gira por una esquina y se aleja, majestuosamente, llevando su carga hacia los campos. Tal como la cola arrastra detrás de los vestidos suntuosos de un rey. Un velo pudente sigue al hombre del cubo. Él también celebra su fiesta personal: limpia la comuna y llevarse los excrementos representa para él una manera de misa filosófica; él és el sacerdote que rinde homenaje anual al ciclo de la vida, llevarse aquello humano allí donde ha salido. Se deleita con la belleza de su rito, y en aquellos instantes incluso la condición humana con su metamorfósis le parece sublime. Se lleva al campo cubo tras cubo y sin prisa, ceremoniosamente, vacía su contenido sobre la tierra como abono. Este hombre se llamaba Bohumil Hrabal.
Hrabal, mientras asistía al curso de ferroviario ataviado con su impecable uniforme de deslumbrantes botones dorados y gorra ornada de cintas, emprendió un paseo por la ciudad descalzo. Después, al llegar el día del examen, se presentó ante el tribunal examinador en la estación de Kostomlaty, la cual debía ser su destino. El inspector preguntó al alumno: "¿Cómo averiguaría usted cuándo llega un tren si los semáforos estuvieran estropeados?". Hrabal replicó: "Con los ojos". "Muy bien. ¿Y si estuviera nublado?". El alumno, que vestía un uniforme limpio y planchado, extrayendo del bolsillo un pañuelo blanco y colocándolo al lado de un raíl, se arrodilló, acercó el oído al raíl, estuvo escuchando y al final se incorporó para comunicar al inspector: "El tren número ochocientos cuatro acaba de pasar por la población de Kamenné Zbozi". El inspector se quedó anonadado: "¿En qué manual ha leído esto?". "Lo he visto en una película del oeste protagonizada por Gary Cooper; éste era su método para distinguir si se acercaban los indios con sus caballos o bien una manada de búfalos". El inspector lo aprobó con todos los honores y comunicó al tribunal que aquel mozo sería un excelente ferroviario. De ello surgió una de sus mejores novelas, Trenes rigurosamente vigilados y una espléndida versión cinematográfica de Jirí Menzel y el Oscar a la mejor película extranjera en 1967.
Hrabal pasó su vida por una serie de trabajos rocambolescos y difíciles que daría buena cuenta en su obra: su etapa como ferroviario, en una fábrica metalúrgica, prensador de papel viejo en un centro de reciclaje, y, encargado de la tramoya de un teatro. Bebedor infatigable de cerveza, fumador y asiduo de bares de obreros. Hrabal, en un día soleado de febrero de 1997, antes de partir hacia lo desconocido, se vistió solemnemente con sus viejos pantalones tejanos, que tanto apreciaba. Pero, ¿quién fue realmente Bohumil Hrabal? Uno de los más importantes escritores europeos del siglo XX, el que convirtió sus relatos y novelas en un regalo para la inteligencia.
El primer dato que recojo para este post es del maravilloso libro de Monika Zgustová, Els fruits amargs del jardí de les delicies (Los frutos amargos del jardín de las delicias, una biografía de Bohumil Hrabal), todavía no traducido al castellano. La traducción e interpretación de la anécdota en mía.
sábado, 7 de mayo de 2011
El tonel de Diógenes
Si tuviera que elegir a un personaje de la historia eligiría, sin ninguna duda, a Diógenes el perro. Siempre vuelvo a él en los momentos más bajos de mi estado de ánimo. Sinceramente me ayuda, me hace pensar y reír al mismo tiempo. Todos sabemos que el cinismo surge en Atenas y allí se gestó un buen puñado de filósofos que sustituían como testigos tardíos de un peregrino empeño por mantener la libertad individual en un mundo sumiso y represivo, desilusionado y retórico. Por aquellos tiempos ya se les antojaba un mundo bestial. Para ellos lo civilizado era un producto de la pólis, como también lo era la ley. No confiaban en la utilidad de las ciencias para el progreso moral. El bullicio urbano era para el cínico un curioso espectáculo, un tanto grotesco y sin sentido. En ellos se acomodaban como espectadores marginados y bufones ocasionales. Los cínicos griegos descubrieron los cuerpos humanos animalizados y sus gustos como argumentos; desarrollaban un materialismo pantomímico. Los cínicos, y, sobre todo Diógenes, respondían al lenguaje de los filósofos con el de un clown.viernes, 6 de mayo de 2011
La fortaleza (un poema)
Cuando el oficial Giovanni Drogo parte de la ciudad una mañana de septiembre para dirigirse a la fortaleza Bastiani, está lejos de saber que, treinta años más tarde, le dolerá tener que abandonarla para regresar a morir a la ciudad. La parte más importante de su vida se va a desarrollar allí, entre los muros de la fortaleza, acechando la llegada de un enemigo al que sólo al final vislumbra en la raya oscura y móvil del horizonte. Desde lo alto de la cuesta, Drogo se vuelve para mirar la ciudad a contraluz: "Vio de lejos su casa. Indentificó las ventanas de su cuarto. Probablemente, las hojas estabas abiertas, las mujeres estaban ordenando. Habían deshecho la cama, encerrado en un armario los objetos, y después atrancado las contraventanas. Durante meses y meses, nadie estaría allí, salvo el paciente polvo y, en los días de sol, tenues franjas de luz. El pequeño mundo de su niñez quedaba encerrado en la oscuridad. Su madre lo conservaba así para que él, al regresar, volviera a encontrarse de nuevo, para que pudiera allí dentro seguir siendo un muchacho, incluso tras su larga ausencia."
Mientras los días y los años pasan, dejando siempre su marca en la móvil franja de sol sobre el pavimento de madera, Drogo, siempre a la espera del enemigo, va enfermando y envejeciendo, consciente de haber tirado ya los años buenos y dispuesto a esperar hasta el último minuto. Y es entonces cuando viene el enemigo. En aquel momento, Drogo, ya al borde de la muerte, hubiera preferido no vislumbrarlo: "Miró con el anteojo el triángulo visible del desierto, esperó no divisar nada, que la carretera estuviera desierta, que no hubiera ninguna señal de vida; Drogo deseaba eso, tras haber consumido toda su vida en la espera del enemigo."
¿Qué hay en esta metáfora construida con tanta convicción, con tanta nostalgia? Tal vez esto: nostalgia, añoranza de la vida perdida entre fines seguros y enemigos que acechan. Añoranza de la vida que huye mientras la franja de sol se desplaza lentamente por los pavimentos y Drogo sólo piensa en huir, en buscar un refugio, un lugar conocido donde su misión y su puesto sean claros, indiscutibles, a pesar de que el objetivo parezca lejano. Buzzati, al fin, en el mismo momento en que el enemigo entra en escena, nos arranca del escenario irreal, y, con el mismo paso firme con el que nos había alejado de ella nos devuelve a la ciudad abandonada, allí donde quedó encerrado el mundo de la infancia. Paso firme con el que guía al débil y desorientado Drogo y le hace al fin realizar el único acto de valor de su vida, al sonreír a la muerte en la oscuridad.miércoles, 4 de mayo de 2011
Deseos
Tengo el hábito de ponerme a recordar un relato leído hace tiempo antes de ir a dormir. Hoy recuerdo un relato interrumpido por la muerte de Italo Svevo en donde describe a un hombre de cierta edad que antes de acostarse se pregunta qué ocurriría si el diablo se presentara a proponerle el consabido pacto. El cansancio lo inclina a entregar su alma, pero no sabe qué pedir a cambio. No desea volver a la juventud, terreno de la insensatez y los impulsos sin rumbo; tampoco desea la eternidad porque la vida es dolorosa y agotadora y monótona. Por lo demás, teme a la muerte. El hombre sonríe ante el irónico vacío en el que ha desembocado su vida. En ese momento su mujer despierta y le dice: "Dichoso de ti que todavía tienes ganas de reír a esta hora". La frase sella el drama de un modo magistral: la sonrisa del hombre sin alternativas no significa afrenta ni resignación; es el gesto de quien encara la gran broma del mundo, el punto sin retorno donde la esperanza es ya imposible. Svevo registra el ocaso del deseo.
El deseo jamás alcanza su auténtico objeto: conduce al olvido, a la decadencia y a la muerte. Se puede desear mucho y siempre será demasiado poco. Pero lo que deseamos poseer siempre es demasiado. Estoy a punto de acostarme y no tengo ningún deseo. De un tiempo a esta parte practico a diario un rito de supervivencia: pienso que todo el pasado se reduce a la hora inmediata que acabo de vivir y todo el futuro se concentra en la hora siguiente que voy a gozar todavía. La eternidad son dos horas entre dos vacíos donde se ahogan los fracasos y los sueños. Pensando en estas cosas se me presenta el mismísimo diablo, y, de sopetón, me propone un pacto. Yo que creía que a la vuelta de la esquina acecha siempre lo que no queremos ver y, henos aquí, en mi habitación con mi pierna medio alzada para introducirme en la cama y este tipo bíblico inundando la habitación de olor a azufre. Me propone si quiero ser un gran escritor, ser reconocido ahora y para la eternidad. Amigo mío, le digo, lo más difícil es encontrar un agujero por el que salir de la propia obra. El diablo desaparece de repente. Uno se salva de estos enredos gracias a la gran demanda por parte de la mayoría de los escritores activos que reclaman su servicio para vender sus almas.

Todo escritor nace con vocación de olvido. En muchos casos, sin embargo, las plurales formas del pecado van torciendo esa vocación y adornándolas con los oropeles de la fama, la gloria y hasta la inmortalidad. Casi todos los escritores devienen traidores a su vocación, que no es otra que la de ir languideciendo entre noches insomnes y amaneceres más o menos inútiles.
Pocos escritores saben que la meta, como dijo Borges, es el olvido, ese animal que todo lo devora, esa enfermedad que nos iguala y reconcilia con el polvo del que procedemos. ¿Quién llegará antes a la meta?
Descubro que todavía tengo la pierna ridículamente alzada con el pijama de rayas subido hasta la rodilla.
martes, 3 de mayo de 2011
Elegía para melancólicos

"Tú mira la mosca. Observa. Piensa".

