jueves, 26 de enero de 2012

Conversaciones telefónicas


"Si sobre ella se hubiera caído un helado, no se habría derretido". Así describe Raymond Chandler a una de las clientes del detective Marlowe. Alguna que otra vez trato de comportarme como si fuera una de ellas. Miro fijamente a la pupila del dependiente del Corte Inglés como si no hubiera otra pupila igual, pero aun no habiendo otra igual aparento indiferencia por ella. Ensayo diálogos tipo: "Si me necesitas, llámame" o "No podría caer tan bajo como para necesitarte".
Pero el número fuerte es la conversación telefónica. Intento sacar el mejor registro de voz para acercarme al tono de acero inoxidable, marco despacio los números del teléfono, deletreo el nombre de mi interlocutor como si estuviera fumándome su nombre. Hago largas pausas sacando las respuestas de muy lejos, del fondo de la Antártida por lo menos. Y lo mejor es el final de la conversación, nada de titubeos de despedida, nada de buenos y de acuerdos, nada de risitas amables, lo más efectivo es interrumpir la frase con un desnudo adiós. Pero todo hay que decirlo, con mi estudiado número de mujer Marlowe sólo he conseguido respuestas tipo: qué rara, ¿estás enfadada?, qué antipática estabas el otro día por teléfono, o cosas así. Pero no desfallezco, sigo intentándolo.
Tampoco está mal aprender algunos trucos de los maridos y de las mujeres Marlowe. Generalmente no tienen profesión conocida, pero son únicos llevando camisas impecables y preparando gimlets. Tengo un amigo que es famoso por emborracharse como un hombre Marlowe. Mientras los demás saltamos a su alrededor como demonios de Tasmania, contando todo aquello que antes de la primera copa juramos no contar, él llega a su punto máximo de embriaguez cuando se le levanta una ceja y después lo otro.
Los personajes del cine negro fascinan más por lo que callan que por lo que dicen. Detrás del argumento hay más argumentos, por eso nunca cansan. Saber quién es el asesino  es lo de menos. Es más importante fijarse bien en el ruido que hacen sus zapatos contra los adoquines de la calle 54 y en la forma de colocar los dedos para sujetar el cigarrillo.
Ahora voy a volver a ver El sueño eterno, cuando termine descolgaré el teléfono y practicaré una vez más el número de mujer Marlowe.


Ok, nena. Descubriremos que el destino se troncará en fatalidad y llevaremos acabo el deslumbramiento de convertirlo en belleza, que no es otra cosa que un halo fatal de circunstancias, en el que la pasión, la obsesión y la soledad, en medio de todo y de todos, compondrán las palabras, el sexo y los colores sobre los que se dibujarán este desasosegado cuadro contemporáneo. Viviremos una historia de amor fou, surgida de ese impulso romántico que nos arrastrará a perdernos en la selva oscura de la pasión amorosa. Nuestra historia será un viaje a la semilla, la búsqueda desconcertante del principio de todo, el último refugio de la huida. Las armas serán también el elemento de la fuga, el objeto sobre el que se volcará el desasosiego, la diferencia, el pesar y la ruina. Llevaremos  esta aventura a los infiernos. La turbación de cada escena encerrará en nuestra perturbadora película la sabia combinación entre las imágenes tratadas con una decidida voluntad objetiva y las elaboradas mediante las fórmulas del documental de nuestra pérfida civilización. Así, los primeros planos oblicuos, los deliberados perfiles impresionistas de lugar y personajes o las magistrales cámaras colocadas en lugares insólitos se combinarán con imágenes tan naturales que bien podrían formar parte de un noticiario de nuestra aburrida y previsible época.
Llámame a partir de mañana sobre las once de la noche. No te lo he dicho aún, pero trabajo en El Corte Inglés y me cambian al horario de tarde. Además, mi mujer empieza a trabajar en el turno de noche. Por cierto, no entiendo eso que dices que fascinan más por lo que callan que por lo que dicen... ¿me oyes?
Pi pi pi pi pi pi pi pi...

9 comentarios:

Luzdeana (Diana H.) dijo...

Qué placer da leerte. Siempre.
Un abrazo.

Beatriz dijo...

Veo los fotogramas de una hermosa película mientras te leo. Es muy visual tu escritura. La disfruto-

Abrazos

Mita dijo...

He disfrutado mucho leyéndote, me gusta el tema.
Sí, algunas personas son más interesantes por lo que callan que por lo que dicen.
(¿Te he dado mi teléfono?)
Besos

Mita dijo...

Y me encanta también la foto que tienes de Tom Waits en "Zona de sombras"

V dijo...

Amigo Machuca,me parece que npor mucho que uno o una ensaye,lacosa estádificil. Igualar el penetrante hieratismo de ese tipo de mujer es misión imposible.Nunca sabremos de que stán hechas sus entrañas, y siempre nos preguntamos a que Muy hermoso e inspirado texto. Y muy lúcido,si señor.

39escalones dijo...

Ten cuidado con esas voces telefónicas: igual te ofrecen un curro de teleoperadora...

La esencia del cine negro, su alma, puesta en dos párrafos magníficos. Chandler no lo hubiera hecho mejor, ni tampoco Cain... sobrio.

Abrazos, amigo.

Raúl dijo...

Veo que no tengo ninguna ascendencia sobre ti. Por mucho que te diga que pautes (y pauses) tus publicaciones, aún no he acabado de saborear o comentarte una, ya tengo dos más que llevarme a la conciencia.
Eres la leche.

Por lo demás, me imagino viéndote en esa conversación telefónica ficticia. Primero un ppp de tus labios, llevándose el cigarrillo a la boca e interpretando las primeras y estudiadas palabras. Después el plano se iría abriendo y el humo del tabaco te iría descubriendo.

Lo Siento por Interrumpir dijo...

Me sumo al ruego de Raúl.
Acabo de darme cuenta de que yo a veces he sido mujer Marlow y alguien, efectivamente, me llamó antipática, seca e incluso gris. Pero no, soy una mujer Marlow!!

axis dijo...

Y yo que estaba a punto de ponerme mi abrigo y las gafas de sol, peeero...

jajaja

me encantó Fran!

te mando un beso enorme!!!