Para mí, Terciopelo azul (1986) es la mejor película de los años ochenta: surrealista, subversiva, voyeurista y hasta un poco corrupta por el modo en que manipula a la audiencia. En pocas palabras, el plato perfecto para los paladares hastiados de los noventa y los que siguen. Pero hay un puñado de enigmas que subsisten. Primero, ¿cuál es la causa por la que la joven y sensata pareja, interpretada por Kyle MacLachlan y Laura Dern, planea allanar el apartamento de la maltratada cantante del club nocturno (Isabella Rossellini) y corre el riesgo de complicarse con el gangster psicópata (Denis Hopper, en su actuación más aterradora para la pantalla)?
Un rasgo curioso de Terciopelo azul es la casi total ausencia de los padres de los chicos. Supongo que la película es un auténtico drama edípico, y el gangster y la cantante del club son los padres "reales" de la joven pareja. Como niños que se esconden en el dormitorio de sus padres, ven más de lo que esperaban. Mientras el gangster practica sus jueguecitos sádicos con la cantante, vocifera "mamá, mamá, mamá"; un inútil indicador de las verdaderas intenciones de David Lynch. El joven desea tomar el puesto del gangster en la cama de la cantante y, cuando por fin lo consigue, no tarda en practicar los mismos juegos escandalosos y provoca una crisis que solo puede resolverse matando al "padre", según el modelo reconocido de Edipo.
El segundo enigma es el papel desempeñado por la oreja cortada que el joven encuentra después de visitar a su padre en el hospital y que será lo que desencadene el drama. ¿Por qué una oreja en vez de una mano o una serie de huellas dactilares? Yo creo que la oreja es realmente la suya, afinada para captar la voz interior que le informa de su inminente búsquda de los verdaderos padres. Como la oreja, la cerca blanca y el pájaro mecánico que anuncia el regreso a la moral, Terciopelo azul es una tomadura de pelo sostenida y brutal, El mago de Oz vuelto a rodar con un guión de Kafka y decorados de Francis Bacon. Más, más... sigo visionando la peli para extraer más cosillas. Os sigo informando.
6 comentarios:
Van a la casa porque deseo y peligro están íntimamente unidos, como el dolor y el placer, esto último lo descubrirán más adelante: pain is so close to pleasure. Jeffrey va a la casa porque es un listillo que vuelve a su pueblo de paletos y Sandy va con él porque se quiere cepillar a Jeffrey, que huele a nuevo, y si él le dice a ella que se tire por ese puente de ahí... En cuanto a la oreja me quedo con tu explicación, que me ha encantado.
Aún así, buscar motivos en el cine de Lynch es como pedirle una coartada al gato de Cheshire. El cine más lisérgico que nunca se haya realizado: David Lynch es al cine lo que Lewis Carroll a la literatura. O sea, casi nada.
Saludos.
bueno, habrá que verla entonces... aunque cuando empezaste a contar la película me lo salteé para no saber tanto de ella ja...
salu2
Tengo Terciopelo Azul asociada a otras películas, quizá porque las vi por la misma época. Son Azul, Blanco, Rojo y Las senioritas de ..., no recuerdo, de Andrezej Wajda.
A mí me pareció esta peli oscura, azulina, pretenciosa y boba.
Besos
No sé si es la mejor de aquella década, pero, sin duda alguna, si que fue la que más me impactó.
Para empezar, fue la primera película que vi en sesión golfa, a las 00h, tras una maravillosa iniciativa de ocio cultural nocturno que surgió en Castellón, pero que duró practicamente nada.
El otro día discutí con un escritor en el Face porque decía que esa peli había envejecido mal. Yo no lo creo.
Desde luego estamos ante una obra que no deja indiferente. Y que tal y como señalas nuncase termina de ver del todo. Sandy y Jeffrey me parece que tienen un lado oscuro y siniestro cada vez que los veo. No me parecen tan angelicales como aparentan. Su aparente inocencia les delata. Pero quien sabe.Otra nueva cvisión deparará otro ángulo a la hora de ver las cosas.
El cine de Lynch no puede envejecer mal, porque, simplemente, no tiene tiempo (por no tener, casi no tiene ni espacio).
Recuerdo que hablamos de esto paseando con los gorros puestos; y recuerdo que comentamos lo de la oreja. Evidentemente, una oreja pide palabras: no descartaría yo mucho que toda la película no fuera más que un cuento de hadas maléfico (como todos los cuentos buenos) que el amigo relata a esa oreja en el jardín. Eso sí, Lynch no tiene motivos, explicaciones; su cine es sensorial, no lógico ni sometido a regla argumental alguna. Es la imagen, y nada más. Fumada a veces, genial otras. Aquí, genial.
Abrazos
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