Siempre he dado por sentado que Hampa dorada (1930) fue la primera película de Edward G. Robinson. Me explico: el puñado de películas en las que intervino antes de Hampa dorada le confirmaron en el desagrado instintivo que sentía hacia dicho medio. Él mismo cuenta que, mientras estaba trabajando en una versión teatral de Peter Gynt, se escapó para verse a sí mismo en su primera película, la muda The Bright Shawl (1923) y se quedó horrorizado al contemplar su propia imagen en la pantalla.
Hampa dorada es también considerada como la primera película clásica de gangters, y Rico, el inmigrante italiano cuyo ascenso y caída describe, como el primero de los grandes héroes de esta clase de cine. Robinson llegó a convertirse en un verdadero maestro en el oficio de la interpretación cinematográfica al tiempo que consideraba la mayor parte de sus trabajos en cine con el mayor de los desdenes. Como es lógico, el éxito de Hampa dorada hizo que, durante los años 30, la Warner Brothers le encasillase en papeles de gangster.
Robinson creyó siempre que su mejor papel en el cine fue el de Paul Ehrlich, el hombre que descubrió la forma de curar la sífilis en Dr. Ehrlich's Magic Bullet (1940), debido quizá a la manifiesta seriedad e importancia del tema. Resulta significativo que los delincuentes agresivos y de clase baja que interpretó en los años 40 a figuras tan respetables y burguesas como las de Perdición (1944), en la que encarnó a un osado investigador de pólizas de seguros; La mujer del cuadro (1944), en la que interpretó a un profesor de Psicología, y Perversidad (1945), en la que su personaje era un mediocre empleado en el arte de la pintura y la forma de escapar a la opresión de los medios pequeño-burgueses en los que vive y trabaja, y Todos eran mis hijos (1948), en la que interpretaba a un rico fabricante de aviones, que vende piezas defectuosas al Gobierno, provocando así la muerte de su propio hijo.
Al mismo tiempo, Robinson mostró siempre una increíble ceguera y falta de comprensión hacia Perversidad, una de las grandes películas básicas del maestro Fritz Lang, y que, por su tema, el de un pintor dominguero que, sin proponérselo, creaba verdaderas obras maestras, podía considerarse muy próximo a él. Pero, en la controversia entre arte elevado y arte popular, Robinson estuvo siempre al lado del primero. Poseía una importante colección de cuadros de pintores impresionistas, y él mismo pintaba bastante bien, aparte de ser uno de los mayores expertos en música de todo Estados Unidos.
Pero aunque sus orígenes y su formación europeos le inclinaban a adoptar una postura bastante elitista y conservadora en materia de Arte, también le predisponían a unos puntos de vista igualitarios y progresistas en el terreno de la política. A lo largo de los años 30 y principios de los 40, Robinson prestó repetidas veces su nombre, su tiempo y su dinero a toda una serie de causas avanzadas y progresistas, actitud que le costaría cara durante la caza de brujas anticomunista de los 40 y principios de los 50. La afinidad de Robinson con los ideales democráticos y radicales hizo que, durante algún tiempo, se le incluyera en las temidas listas negras.
Esta pausa obligatoria en su carrera, unida al hecho de que siempre hubiese interpretado fundamentalmente papeles de "carácter", significó que, cuando volvió al cine, lo hizo para interpretar personajes secundarios, aunque de gran personalidad y fuerza. El lado más teatral de su persona apareció claramente en su interpretación del temperamental director de cine de Dos semanas en otra ciudad (1965), mientras que el más cinematográfico lo hizo en su papel de jugador profesional de póker en El rey del juego (1965). La observación que le formula al final de la película a su rival, Steve McQueen: "Mientras yo viva, tú serás sólo un segundón, vete acostumbrando a la idea", contenía un gran fondo de verdad.



5 comentarios:
Qué buen perfil de Robinson.
Es un actor sorprendente. A mí el personaje de PERVERSIDAD siempre me ha fascinado. Me parece tremendo y creo que Robinson está increible en la evolución del personaje a lo largo de la película. Es de esos personajes que terminan conmoviendo por su patetismo (como el profesor de EL ÁNGEL AZUL).
Recuerdo también dos interpretaciones sutiles y geniales de Robinson en dos películas americanas, que me encantan, del francés Duvivier:
SEIS DESTINOS y AL MARGEN DE LA VIDA. Son películas que cuentan varias historias y las protagonizadas por Robinson son muy interesantes.
Besos
Hildy
Uno de los más grandes, sin duda. Sus interpretaciones de gagsters no han tenido igual, jamás.
En cuanto a su persona, efectivamente, padeció lo suyo con el maccarthysmo, aunque, como recordarás, protestó enérgicamente, creo que fue en Cannes, cuando vio la imagen de "Bienvenido Mr. Marshall" en la que la bandera americana se va solitaria por la acequia...
Abrazos, amigo, gran texto como siempre
Antes que al ganster histriónico -ese gesto de amarga displicencia italiana muy Capone que se gasta en Cayo Largo, for example- me gusta el Robinson más frío -vengo de leer tu entrada más reciente-, el de los 60, de mirada afilada y dura, como ese The Man de El rey del juego, o el hermano villano de El premio -ese Hitchcock sin Hitchcock-. Grande siempre, en cualquier caso, con los hombrecitos molestándole en su estómago de avezado agente de seguros, o siguiéndole los pasos a un Welles excesivo en su composición de nazi oculto... Y con una dilatada carrera, además.
Ya no me sorprende que escribas tantas entradas; ya solamente que sean todas tan puñeteramente buenas.
Un gran abrazo.
Tus entradas, especialmente aquellas en las que apuntas datos biográficos de un personaje en cuestión, me encantan, pues no te ciñes a la relación de datos, si no que emparentas y sacas conclusiones.
Este actor es de los MÁS GRANDES. sí señor.
Jajaja: esa frase a McQueen no la conocía y me parece apropiadísima y mordaz...
Te diré algo: cuando leí El Padrino siempre tuve en mente la inolvidable faz del gran Edward G. como representación perfecta de Don Vito Corleone: meses después, al leer que iba a ser Brando, quedé confuso y decepcionado. Fue la primera película de Marlon en la que me gustó su trabajo, fíjate.
Pero seguro, Francisco, que Robinson hubiera bordado el papel.
En su obra póstuma, como sabrás, muere en escena, pacíficamente, y las lágrimas de Heston son auténticas.
Un abrazo.
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