En los albores de Hollywood, el guionista era una de las figuras trágicas de nuestro tiempo y evocaba la singular angustia que acosa a quien siente lástima de sí mismo mientras gana enormes sumas de dinero. Su grave situación queda resumida en Sunset Boulevard (1950), de Billy Wilder, donde Joe Gillis (William Holden) prefiere poner fin a su infeliz carrera, boca abajo en la piscina que siempre ansió tener, antes que admitir su fracaso y regresar a la humilde oficina de periódico en Ohio.
Hoy en día, claro está, sus sucesores reposan boca arriba en las piscinas de Hollywood, sin mayores estremecimientos trágicos, y los enormes honorarios que reciben por guiones que a menudo nunca se filmarán alcanzarían para comprar en el acto cualquier periódico de provincias. Pero el problema del papel del guionista sigue en pie, sobre todo en el presente, cuando el director vuelve a llevarse casi todas las palmas por el éxito de una película. ¿Qué papel tiene el guión, en qué medida el guionista contribuye a la película y merece la posición que los literatos le suelen asignar? La dificultad en responder a estas preguntas es la causa principal de las insatisfactorias carreras de Chandler, Fitzgerald, Faulkner y Nathanael West, que fijaron para siempre el mito popular del artista literario explotado y degradado por la industria filistea.
"La vida, que puede ser extrañamente misericordiosa, se había compadecido de Norma Desmond. El sueño al que se había aferrado con tanta desesperación había acabado por envolverla...". Ningún novelista que se precie de tal se animaría a terminar un libro con estas líneas, y ningún escritor medianamente culto tendría el talento para inventarlas. Pero Billy Wilder es la excepción. Wilder tuvo una trifulca con Chandler a causa de Perdición (1944), pero la verdad es que ambos estaban del mismo lado: los dos eran amantes de la palabra. Las películas de Wilder, dominadas por sus diálogos agridulces y repletos de personajes teatrales que parecen ser siempre conscientes de su audiencia, son atípicas en el cine actual.
Otro de los muchos ejemplos: Alfred Hitchcock; es también recomendable para la verdadera relación entre el guionista y el cine. Al leer el guión de Psicosis (1960), precursora de mucho de lo que hoy se hace en cine, uno queda impresionado por la construcción arbitraria (el crimen prácticamente sin motivos de Janet Leigh y el grotesco desquite del "inocente" Norman Bates). El verdadero criminal, la Madre, no aparece hasta el final, cuando diestramente se convierte en su hijo. A pesar de todo esto, Psicosis es una de las películas más emocionantes jamás realizadas, una Caperucita Roja en que la abuelita se disfraza de lobo. Chandler, Fitzgerald y Faulkner nunca habrían podido escribir el guión (cuyo autor fue Joe Steffano) y habrían estropeado la película de haberlo intentado. Las limitaciones novelescas de incluir los motivos y una descripción de los personajes nunca le habrían permitido conseguir a Hitchcock esos estados extremos donde su imaginación se desbordaba, si bien pocos guionistas estarían de acuerdo con esto.


9 comentarios:
Buen año, Paco. habrá que intentarlo al menos.
Creo que un buen guión puedes ser el esqueleto de una excelente película, pero un director debe tener suficiente libertad para convertir el texto en cine.
Como tú bien dices, Psicosis no hubiera resultado con los patrones de un escritor.
Has escrito muchísimo, Paco. Iré leyéndote a ratitos.
Un abrazo,
Excelente artículo, Paco, aunque disiento de tu primer párrafo (más que nada para que veas que sí te leo...) en cuanto a que hay una tipología de guionista, digamos la que encaja con los nombres que citas a partir de Scott Fitzgerald y sus coetáneos (y que incluiría, por un lado, a James M. Cain, y por otro se alarga, por ejemplo, incluso hasta Robert Towne), que le viene al pelo. Pero en el Hollywood del centro temporal del periodo dorado, 1925-1945, se da la circunstancia de que hay muchas, muchísimas mujeres (como dice Nathanael West en "Miss Lonelyhearts" -me está encantando, por cierto-: todas con tres nombres, como Mary Roberts Wilcox, Ella Wheeler Catheter o Ford Mary Rinehart...) que escriben películas (y no pienso sólo en Ida Lupino, en escritoras-directoras, sino en Lillian Hellman, por ejemplo, en las chicas de la tertulia del Algonquin, por ejemplo, o en la hitchcockiana Joan Harrison) y que mantienen muy alto el panorama alejadas de ese "exitoso" estereotipo wilderiano del "tormento del escritor". Que, dicho sea de paso, a mí me encanta, visto de lejos y en el cine.
Abrazos, amigo.
¿Has mirado ya pasajes a Singapur?
Tesa
Sí,algunos se han quejado de mi ritmo de entradas.Pero no pasa nada,siempre están ahí y basta con darle a la ruedecilla del ratón para encontrarlos.Aprovecho ahora que puedo.Creo que vendrán tiempos de sequía.
Gracias,guapa.
39escalones
Ahora que mencionas la tertulia de Algonquin.Recuerdo la época del cine mudo, cuando se contrataban a regimientos de ex reporteros para esbozar argumentos y redactar los textos de las leyendas, hasta el nacimiento del sonido y el reclutamiento, durante la década de los treinta, de un plantel literario más sofisticado y engreído:los novelistas serios, los dramaturgos de Broadway y los cómicos del Algonquin, que desdeñaban las vulgaridades del cine popular,pero habían advertido que las verdes pendientes de Beverly Hills no estaban cubiertas de hojas,sino de billetes de mil dólares.Todos ellos,en diferente grado,cometieron el error de creer que la principal contribución creativa a una película sería la suya.
Me alegro que te guste Nathanael West.
Y sí,ya he visistado varias agencias de viajes para ir a Singapur,pero las chicas de las agencias me preguntan qué voy a hacer en Singapur a las tres de la tarde.Me quedo en silencio pensando y al final les respondo:La siesta.
Un abrazo,amigo.
Estoy convencido de que Fitzgerald hubiera llegado a ser un buen guionista, de no haber muerto a los 44 años. Desde luego, no era eso a lo que aspiraba, pero empezaba a cogerle el tranquillo: se trataba de no ser excesivamente literario. Los guiones de Hitchcock debían ser fundamentalmente visuales, supongo. Ahora bien, como cuadrilla de disparatados guionistas en Hollywood siempre he pensado en aquellos aventureros españoles de los treinta: Tono, Mihura, Neville, Jardiel Poncela. De éste último es aquella célebre frase: “En las playas de Hollywood sólo hay dos ocupaciones a elegir; o tumbarse
en la arena a contemplar las estrellas, o tumbarse en las «estrellas» a contemplar la arena”. ¿Por qué nadie ha escrito un guión sobre aquella aventura? Pongamos Garci, por ejemplo. Un abrazo, amigo Francisco.
Apoyo la idea de Juan Herrezuelo: un buen guión sobre aquel periplo hispánico por Hollywood daría mucho, muchísimo juego (para el espectador español de cierta edad y cierto nivel de interés, claro, lo cual excluye a la inmensa mayoría del país tal como están las cosas). Si nadie se anima, igual el titular de la idea tendría que animarse.
El cine de la palabra no es que sea atípico en estos tiempos, sino que está prácticamente extinto.
En cuanto a los dos ejemplos de relación director/guionista que has puesto, opuestos casi frontalmente en cuanto a la concepción de cada uno de los dos directores, se me hace que tienen una cosa en común, y esa no es otra que la de haber alcanzado el Dorado utilizando, eso sí, caminos diferentes.
Juan Herrezuelo
Desde luego que lo que comentas sería otra historia y creo que más interesante.Mihura,por ejemplo,anticipó el teatro del absurdo mucho antes que Beckett y Ionesco.Neville fue un gran escritor y una de las películas que más me gustan de él es La vida en un hilo.Tenía grandes dotes,también,para el absurdo.Y Poncela,ni te digo.La cultura de estos tres tenores en la época de aquel Hollywood hubiera dado para mucho.Quizá me ponga a estudiarlo.Me interesa muchísimo,amigo.Ay,Garci reivindica,y ya nos alejamos del tema,pero no tanto,al gran Benito Pérez Galdós,cuando en España lo marginaron,tanto la crítica como los escritores de la generación del 98 y del 27.No parece imaginable que la novela inglesa hubiera decidido borrar a Dickens, la francesa a Balzac y la portuguesa a Eça de Queiroz.En España era diferente incluso cuando decidía emprender el camino de la modernidad.
Esto se anima y me encanta,amigo.
39escalones
¡El titular está animado y ya estoy en ello!
Raúl
Estoy de acuerdo contigo,amigo.Me gusta eso de el Dorado.
Gracias por vuestros comentarios,siempre,siempre tan inteligentes.
Alberto Q.
http://traslaspuertas.wordpress.com
"El Crepúsculo de los Dioses", "Perdición", "Psicosis"... pero bueno. PEDAZO DE ARTÍCULO y atractivo a más no poder.
Genial, Francisco.
Feliz año 2012, aunque estemos ya de lleno en él. :)
Voy recuperando algunos de tus textos. Comienzo por este. La figura del guionista en el Holliwood clásico tenía un peso enorme. Soy delos que opina que uno delops grandes males del cine moderno está en la falta de guionistas, los cuales encima tienen la cara dura de ponerse de huelga cada dos por tres. Resulta patético que hace tres o cuatro años, hasta la gala de los oscar peligró por huelga de guionistas. eEs penoso Los casos que mencionas son paradigmáticos. No voy a ñadir nada sobre sunset boulevard, salvo que como sabrás tras el pase de prueba elcomienzo fue modificado. Por lo visto elfilm comenzaba con una conversación entre Holden y un niño preguntandose en elotro barrio tu como has llegado aquí.
Sobre Drácula,he leido en más de una ocasión que la auténtica inspiración del guión de lapelícula es "drácula" de Stoker. Si vela estructura de lanovela y ladel film,secomprueba que el viaje de Marion Crane es muy similar al de Jonathan Harker. Excelente texto. Un saludo
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