Hace tres años escribí un post sobre mi admiración por Sherlock Holmes, seis meses antes de que Guy Ritchie estrenara su película Sherlock Holmes (2009). Y ahora tenemos en cartelera una segunda parte, Sherlock Holmes: Juego de sombras (2012). Evidentemente no voy a escribir sobre ellas. No soporto al Holmes de Robert Downey Jr., y su exacerbado histrionismo que convierte al detective en una indigesta caricatura, mientras que el Watson interpretado por el mediocre Jude Law es soso y desnortado. Curiosamente en la mayoría de todas las películas y series televisivas de las historias del detective me parecen, en cierta medida, excelentes, y ya no digo sus actores por mencionar a mi juicio, los mejores: Basil Rathbone, Peter Cushing (mi favorito), Christopher Plummer (actor menor pero su interpretación en la interesante Asesinato por decreto, me parece estupenda), y Robert Stephens en La vida privada de Sherlock Holmes, de Billy Wilder.
Se podría fácilmente argüir que Sherlock Holmes es el personaje de ficción de más éxito de todos los tiempos. Ha pasado más de un siglo desde que fuera creado en la mente de Arthur Conan Doyle, y en todo este tiempo ha deleitado a millones de lectores con una intensidad que no ha mermado con el tiempo. Una gran parte de estos lectores se negaban a aceptar que Holmes fuera un personaje de ficción y pensaban que era una persona viva y real, y le enviaban cartas dirigidas a 221B Baker Street contándole sus problemas.
Este éxito, que por lo general proporcionaba placer a los lectores, era, por otro lado, una fuente de constantes molestias para Doyle. Sherlock Holmes oscureció todas las demás ambiciones literarias de Doyle, y agonizaban y murieron bajo la vasta sombra sherlockiana. Incluso llegó a oscurecer a Doyle como individuo, convirtiéndolo en poco más que un intermedio entre el detective y el público. El autor sabía esto y lo resentía amargamente. Intentó poner fin a esta esclavitud pidiendo un precio cada vez mál alto por cada historia que escribía. No funcionó; siempre se pagaba lo que pedía. Acudió a métodos más drásticos y escribió una historia donde asesinó fríamente a su detective. Tampoco funcionó; el público enfurecido le exigió que resucitara a Holmes.
Con frecuencia he llegado a pensar que Doyle se volcó en el espiritismo y otras senilidades en épocas más tardías de su vida en un esfuerzo (inconsciente, quizá) de disociarse de Holmes y para conseguir una fama que fuera suya propia. Los extremos de la irracionalidad a los que descendió (creía en hadas y se dejaba engañar con fotos que estában obviamente trucadas), bien podrían haber sido un intento de rebelión contra la suprema racionalidad de Holmes.
En estos momentos estoy escribiedo una novela inspirada en estos casos donde Holmes se enfrenta encarnizadamente con el asesino de Doyle. Holmes existe y Doyle cree que es fruto de su invención. Realidad y ficción se dan la mano, pero no cuento nada más.
Holmes sentó las bases para los futuros detectives, al menos para los más fascinantes. Había detectives antes de Holmes; y algunos, indudablemente, debieron inspirar el esfuerzo creado por Doyle (sobre todo, Dupin, el detective de Edgar Allan Poe), pero el éxito abrumador y la popularidad de Holmes desbordaron todos los de sus preexistentes como si nunca hubieran existido. Fue Holmes el que convirtió el modelo.
Holmes era un amateur superdotado que podía ver a través de la niebla y mantenía a la policía profesional (chapuzas de Scotland Yard) en una confusión sin remedio. Esto parece una inversión del orden natural de las cosas. ¿Cómo pueden ser los amateur superiores a los profesionales? En realidad, es un reflejo de la superstición victoriana y de la aceptación inglesa de su rígido sistema de división social. Los chapuzas de Scotland Yard eran, en el mejor de los casos, de clase media; quizá incluso con origen en las clases bajas. El amateur superdotado, sin embargo, era un señorito educado en Eton, Harrow, Oxford o Cambridge. Naturalmente que un gentleman inglés era muy superior desde su nacimiento a cualquier comerciante.
Los escritores policíacos que siguieron a Doyle no intentaron ocultar su deuda, y aunque hubieran querido hacerlo, no habrían podido. Considérese la primera novela de misterio escrita por la gran Agatha Christie, la más exitosa de los escritores post-Doyle, El misterioso asunto en Styles. El narrador, capitán Hastings, confiesa su ambición de convertirse en detective. Se le pregunta: "¿Scotland Yard o Sherlock Holmes?" y Hastings responde: "Oh, Sherlock Holmes, por supuesto". De este modo se prepara el escenario para la entrada de Hercules Poirot, el mejor de todos los detectives de la tradición sherlockiana.
Holmes invitaba a imitarle a personas que le admiraban y otros que pretendían burlarse de él. Robert Fish, por ejemplo, escribió historias de Holmes. Mientras los derechos de autor de Doyle estaban aún en vigor, los escritores sólo podían enfrentarse al detective más grande de todos los tiempos de forma indirecta (de nuevo indestructible), claro, pero se las arreglaron para escribir pastiches, a veces con gracia, en una gran variedad de formas. Después de que las historias pasaran a dominio público, historias nuevas de Sherlock Holmes, tan idénticas a los originales como le era posible al escritor, empezaron a ser escritas a raudales.
Señor Guy Ritchie, por mucho dinero que esté ganando con sus bodrios de Holmes, el gran detective continuará cuando usted esté completamente olvidado.
¡Watson! La partida continúa.
Sherlock Holmes





4 comentarios:
Te recomiendo la serie se la BBC Sherlock, una actualización de los relatos de Doyle con ritmo, ingenio y gracia. Dale una oportunidad.
Basil Rathbone es mi preferido. Sobretodo en "El sabuesio de los Baskerville" Qué buena es esa película!
Chapeau, Paco. Ni que decir tiene que suscribo punto por punto tu rechazo a los bodrios de Ritchie, basados en un cómic que "reinventa" (lo llaman así, de veras) los personajes de Conan-Doyle. ¿Has visto "La garra escarlata", curiosísima y excelente aventura de Holmes y Watson en Canadá con trasfondo bélico? En fin, que Holmes siempre será Holmes, en efecto, y que Ritchie y Downey Jr. siempre serán lo que son. Por último: Holmes y Watson nunca huhieran sido sin haber existido antes Quijote y Sancho.
Abrazos, amigo.
Estupendo artículo, amigo Francisco: ya tengo ganas de leer esa novela....
Por otra parte, decir que redundo en el consejo de Manel: en su día ya mencioné la primera temporada de la serie Sherlock de la BBC y acabo de ver la segunda temporada y me parece que no podré menos que insistir en recomendarla de nuevo.
Un abrazo.
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