martes, 17 de enero de 2012

A la chita callando



Joaquín Sabina dice en su canción Eclipse de mar que el hombre de hoy es el padre del mono del año 2000. Siempre he sido muy escéptico a la hora de admitir que el hombre proviene del mono. Lo que sí es cierto que compartimos de los monos un 99 por ciento de nuestro ADN. Sólo el uno por ciento del código genético nos separa del chimpancé, pero ese "uno" marca notoriamente una gran diferencia. Estoy más de acuerdo con Nietzsche que decía que los monos son demasiado buenos para que el hombre pueda descender de ellos. Lo cierto es que el hombre sólo tiende a la prehistoria: al cabo de unos días deja de afeitarse, de lavarse, emite gruñidos. Para llevar al ser humano hacia la civilización, fueron necesarios millones de años, mientras que el regreso al Neandertal o, peor, al Cro-Magnon, cuesta menos de una semana. Se extinguieron, claro, pero su nefasta herencia sigue en boga más que nunca. Si aceptara la susodicha descendencia  del mono nuestros descendentes tendrán peor suerte porque descenderán de nosotros que es mucho peor.

En todo esto estaba yo pensando cuando mi buen amigo Alfredo me informó que Chita (1932-2011) había fallecido. La buena  Chita que no se rebajó a ser hombre y se convirtió en una actriz (algunos dicen que era macho), noble e inolvidable. No sé si el diario habló de ella. También pude comprobar que la noticia de su fallecimiento se dio el 28 de diciembre, el día de los inocentes. Me pareció muy significativo. Pero antes de hablar de ella quiero decir algunas cosas sobre la obra literaria de Edgar Rice Burroughs (1875-1950), creador del mundialmente famoso Tarzán, sobre el que escribió veinticinco novelas, casi desconocidas en nuestro país y que nada tienen que ver con las historias creadas por Hollywood ni con Johnny Weissmuller.


En sus emocionantes aventuras Tarzán se enfrentó a muchos enemigos. Quizá los dos peores fueron dos rusos: Nicolas Rokoff y Alexis Paulvitch. Estos dos cafres eran todo lo contrario de Tarzán. Para empezar, eran cobardes, mientras de Tarzán se caracterizó siempre por su coraje. Fíjate en esta palabra: coraje. Proviene de una voz latina que significa "corazón" y consiste precisamente en tener corazón grande y fuerte. Rokoff y Paulvitch tienen corazones muy pequeñitos, temblorosos como un flan mal hecho. Además también se diferencian de Tarzán en otra cosa. Mira, Tarzán se crió en la selva entre animales salvajes, pero poco a poco fue descubriendo lo que verdaderamente hace humano al hombre, que no son las armas ni los instrumentos sino el respeto a los demás, el no hacer daño a nadie a sabiendas. En cambio, Rokoff y Paulvitch se criaron en países civilizados, fueron a buenos colegios, conocieron todos los refinamientos de las ciudades, pero se hicieron cada vez más salvajes, más crueles, más dañinos. Tarzán empezó como una fiera pero se hizo hombre; Rokoff y Paulvitch nacieron hombres pero se convirtieron en fieras, y en fieras de las peores, en fieras "racionales"... Por cierto, acabaron mal.

Ahora vamos con Chita. Lo más lamentable es que Chita no figuraba en los títulos de crédito en las películas de Tarzán, pero estaba presente en todos los carteles publicitarios de los filmes. No te preocupes, mi querida amiga, el ser humano no tiene remedio. Ni Burroughs te puso en sus novelas. Le concedieron un único premio por su trayectoria profesional en el 2006 en el Festival de Cine de Peñíscola, con motivo de su 74 aniversario, pero el chimpancé más longevo del mundo no pudo asistir dada su avanzada edad. Chita no podía desplazarse hasta Peñíscola, pero allí se dijo de ella: "Es una de las pocas estrellas de la época de oro del cine que aún permanece viva y sus escenas cómicas en las películas de Tarzán han arrancado las risas de innumerables generaciones". A veces el hombre se reconcilia con el mono que no es.


Johnny Weissmuller, que no era el hombre mono, sino simplemente un hombre, cayó en el olvido y en la más absoluta bancarrota tras seis matrimonios y padeció al final de su vida demencia senil. Fue transferido en 1979 de una residencia geriátrica a una institución psiquiátrica, porque solía proferir el característico grito de Tarzán y asustaba a los demás internos. El famoso y hortera alarido del personaje (tampoco tiene nada que ver con las novelas) fue inspirado en el de los pastores tiroleses, pero mezcla de balido de camello, chillido de hiena, gruñido perruno y sonido de violín ideado a medias entre el propio Johnny y el departamento de sonido de la MGM.

Chita murió casi octogenaria, en el refugio de simios The Suncoast Primate Sanctuay de Palm Harbor (Florida), víctima de una insuficiencia renal. Ella no pertenecía a la especie humana y dice de ella Debbie Cobb, directora del centro: "Era un animal amable y compasivo, que ha superado en mucho la media de 35 a 45 años que los chimpancés suelen sobrevivir en cautiverio. Le encantaba pintar con los dedos y cuando yo tenía mal día, se esforzaba hasta hacerme reír. Sabía percibir los sentimientos humanos".

Ojalá hubiéramos descendido del mono.


Esta canción va para ti, mi querida Chita. Descansa en paz.

8 comentarios:

Mita dijo...

Cuánto me he reído, Fran :)
No sé por qué he estado todo el tiempo recordandoa mi abuelo...
Besillos

Juan Herrezuelo dijo...

Puestos en Sabina, el diario sí hablaba de ella (de Chita), aunque repito que apostaría haber oído hace algunos años que ya había muerto. ¿Otra Chita? De las películas de Weissmuller recuerdo la turbación que me produjo de niño la indumentaria de Maureen O’Sullivan en la primera. Sobre E. B. Burrougs, del que, efectivamente no he podido leer ninguna de sus novelas, leí en la “Breve guía de lugares imaginarios” que están repletas de eso, de lugares extraordinarios puramente inventados.
No sé si será del mono o no, pero descender, descendemos. Y cada vez más deprisa.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Pero ¡querido mío!, la cantidad de cosas que aprendo de literatura versus cine leyendo cada uno de sus post.

Qué gusto.

El otro día fue Conan Doyle (me encantó esa paradoja del escritor devorado por su personaje) y hoy Burroughs... con ese Tarzán literario que nada se parece al cinéfilo.

Ja, a mí también me sorprendió la noticia de la muerte de Chita. No sabía yo que seguía por ahí haciendo de reír y pintando...

De pronto he pensado que no hubiera estado mal que hubiese acompañado a Johnny Weismuller en la soledad de su triste enfermedad. Seguro que le hubiese arrancado alguna sonrisa o le hubiese quitado en algún momento el miedo.

Besos
Hildy

39escalones dijo...

La verdad es que el bueno de Chita (o la buena, aunque sólo era chica para el público español) ya no era el mismo después de que le obligaran a dejar el tabaco y la cerveza, los únicos vicios que se trajo de la "selva" de Hollywood. En fin, es el único actor de Hollywood del que siempre llevo una foto en la cartera.
Abrazos, amigo.

Raúl dijo...

Si no admitimos (como imprecisos infantes) que Elvis haya muerto, no lo hagamos tampoco con Chita, que a buen seguro no se merecía ni esta ni ninguna otra muerte... si no la eternidad del recuerdo que aquel niño, YO.

V dijo...

Excelente,magnífica,la canción escogida. Me gusta incluso más que la versión Sabina. Y excelente el homenje a ese mito que nos acompañó tantas tardes televisivas. Yo también había oido que había varias,pero da igual. Lo que cuentas de Weissmuller me parece escalofriante. Y el recuerdo al mito Chita excelente. Se podría decir que con ella nació el concepto de roba escenas. Un saludo

Luis Recuenco dijo...

Sin Chita, Lassie y Rin-tin-tin a escala biológica real y sin King-Kong y los temibles y gigantescas bestias destructoras de las películas japonesas de los setenta en otra escala y en diferente plano de realidad ¿qué hubiera sido de la historia del cine? Sus secuelas, Beethoven, Tiburón y la fauna de Parque Jurásico, a pesar de su diferencia de calidad artística, suponen un tributo legítimo a aquellos animales que tan buenos actores y actrices fueron.

Un abrazo.

Marcos Callau dijo...

Así que Johnny Weismuller fue, al final, más mono que Chita que, según parece, se comportó muy bien al final de sus días. Increíble. Además, me ha gustado conocer un poquito de las novelas de Tarzán por tu artículo. En cuanto al sonido del grito de Tarzán, había escuchado en el programa de Pumares, "Polvo de estrellas", que se trataba de una mezcla entre hiena, efectivamente, pero también creo que se refería a un rugido de león, reproducido al revés. No se. En cualquier caso, habría pagado por escuchar a Weismuller realizando ese sonido, en sus días d einternamiento psiquiátrico. Un abrazo, Paco. Siempre muy interesante tu blog.