lunes, 9 de enero de 2012

La torre de Montaigne



 "No hay tontería mayor y más común que amargarse por las tonterías del mundo".

Michel de Montaigne

Michel de Montaigne (1533-1592) es uno de mis filósofos favoritos. Llevo su libro de Ensayos completos a todas partes y es mi libro de cabecera desde hace muchos años. Montaigne constituyó la mayor inspiración para mí. Igual que él, siempre intento usar mis experiencias como armazón de lo que escribo. Dijo una vez André Breton: "Tú serás aquel que no tiene domicilio y al que se viene a interrogar sobre un banco". Una verdad tan grande como una casa deshabitada. Quinientos años antes, Montaigne, que fue mucho más allá nos dejó para siempre a la intemperie, porque escribió: "Nunca estamos en casa".

A finales del siglo XVI, Montaigne rechazaba las ideas impuestas, irrefutables, incuestionables de la Escolástica para reivindicar el "pensamiento" como algo íntimo y propio. Montaigne tiene una idea muy precisa de la insignificante posición que tiene el ser humano sobre la tierra. Para el filósofo la sabiduría es irse acostumbrando a no entender nada de lo que pasa y admitir sencillamente que no tiene explicación, y, que lo más importante es pertenecerse.

"Si el hombre fuera prudente atribuiría a cada cosa su valor verdadero según fuera más o menos útil y propia para su vida"

El filósofo heredó las propiedades familiares a los treinta y cinco años, y se retiró de la vida pública. A partir de entonces, pasaba la mayor parte del día en su biblioteca, situada en la torre de su residencia, donde nadie le molestaba, y allí se dedicaba al estudio de las obras de la Antigüedad y a escribir sus Ensayos. Como diría Francisco Umbral: "sentarse a mirar la vida y escribirla". Fue el creador del género del ensayo: un tratado breve, informal y personal que puede abordar prácticamente cualquier tema. Montaigne es nuestro primer contemporáneo. Con él, el hombre medieval se despide de la cultura europea y entra en escena el psicológico individuo moderno, que proclama su derecho a averiguar por sí mismo quién es y que se plantea cuestiones como estas: "¿Quién soy?", "¿qué puedo hacer?" y "¿cómo es el mundo visto por mí?".

"La costumbre borra el verdadero rostro de las cosas"

El tema de los Ensayos es el propio autor y son muy apropiados como lecturas sueltas. De esta manera es posible obtener una impresión general. Pero quien tenga la ambición de descubrir realmente el pensamiento de Montaigne tiene que leerlos todos, puesto que el Yo que el autor ha observado sólo puede descubrirse a través de la totalidad de los puntos de vista en continuo cambio. Es lo que hace que sus ensayos sean tan modernos, ya que ha de ser contemplado una y otra vez desde nuevas perspectivas para mostrar lo mudable, polifacético y complejo que es su propio Yo. Montaigne resulta moderno porque, al igual que el hombre contemporáneo, se ocupa de confirmarse a sí mismo en relación con el mundo. En este intento resulta especialmente interesante la manera de vivir, ya que el "estilo de vida" es la forma más simple de que dispone el ser humano para procurar expresar su unicidad. Por esa razón, Montaigne no se cansa de describir cómo vive: lo que hace, lo que le gusta, lo que puede y lo que desprecia. Montaigne, el primer observador de sí mismo en la cultura europea, vislumbró rápidamente la dificultad del asunto: la observación del Yo sólo podía ser realizada desde el propio Yo. "¿Cómo saber, entonces, que soy yo el que juega con mi gato, y no él conmigo?".

4 comentarios:

malvisto dijo...

Ensayo: o vivir en aventura. O vivir a la ventura. En todo caso, no estar, no ser; en cambio pasar. Me los leí hace unos diez años, pero tienes razón, deben ser leídos continuamente y en su totalidad para ver y saber, e incluso oír, las resonacias que causan en esta caja que es uno. Un abrazo.

Mita dijo...

Da igual quién juega con quién, saben que están jugando.
El concepto de amistad como el mayor de los amores posibles, eso sí era interesante. Aunque supongo que por la época solo se refería a hombres.
Kuss

Tesa dijo...

Envidio de Montaigne su lucidez y que pudiera retirarse a hacer lo que le diera la gana a los 35 años.

No sé si sería capaz de leer todos sus ensayos de corrido, pero si me he ido quedando con frases que se le atribuyen y con las que me identifico.

Una que me va al pelo:

"Yo no me encuentro a mí mismo cuando más me busco. Me encuentro por sorpresa cuando menos lo espero"

Paco, me parece muy interesante siempre lo que nos cuentas y la manera magistral de contarlo.


Un beso,

39escalones dijo...

Montaigne tuvo la inmensa suerte de no ser español. ¿Qué es eso de sentarse a pensar? En España, o más probablemente, en Castilla, hubiera acabado en la hoguera junto con sus ensayos. Como diría Woody Allen, "un tipo de vida alternativo" el nuestro.
Abrazos