Actualmente, la superficie del planeta aparece cubierta por una red de mallas de irregular densidad y de fabricación exclusivamente humana. Por esta red circula la sangre de la vida social. Transportes, informaciones que se cruzan, etc. Este flujo incesante aturde a la humanidad, de la que se apoderan los espasmos agónicos de su propia actividad. En las intersecciones de sus vías de comunicación, el ser humano ha construído metrópolis feas y gigantescas en las que cada cual, aislado en un apartamento anónimo en mitad de un edificio idéntico a los demás, está convencido de ser el ombligo del mundo y la medida de todas las cosas. Para ello han recurrido al ámbito donde bajo una funeral luz de neón, se han firmado millones de empréstitos y eternas hipotecas. Aparece lo Indecible en el umbral de la noche.
Asaltados por abominables percepciones, los personajes de H. P. Lovecraft se comportan como observadores mudos, inmóviles, totalmente impotentes, paralizados. Querrían huir, o sumirse en el letargo de un misericordioso desvanecimiento. Pero no hay nada que hacer. Se quedan clavados en el sitio, mientras la pesadilla se organiza en torno a ellos. Mientras las percepciones visuales, auditivas, olfativas y táctiles se multiplican y se despliegan en un crescendo aterrador. Aparece lo Innombrable.
El mundo de lo no dicho, en Lovecraft, es un mundo abrumadoramente cotidiano, de un realismo minucioso y casi testimonial y poco a poco lo Indecible gana terreno. Los sustantivos desaparecen y son sustituidos por inconcretos pronombres, los adjetivos se van haciendo más y más abstractos, mientras que llega la gran noche de los adverbios: desquiciadamente, abominablemente, inexorable y enloquecedoramente, se hacen dueños de todo el campo verbal, del que se van borrando los perfiles más definidos para difuminarse y entrar en el mundo de puros modos, de sensaciones invasoras entre las cuales crea la fantasía sus prodigiosas estructuras ya sin apoyo ni obstáculo de indiscretos comodines lingüisticos. Lo que no puede ser dicho es preferible callarlo, cierto, pero después de haberlo sugerido suficientemente y haber lanzado tras su pista a los sabuesos voladores de la imaginación.
Pero, ¿de qué están hechos los terrores del genio de Lovecraft, ya que las palabras no aciertan más que a sugerirlas?
Para definir a los Innombrables, las palabras no bastan porque lo importante de ellos no son sus formas, su color, su número de cabezas o la materia de que están hechos, sino el conjunto de pasiones atávicas que simbolizan, los presagios amenazantes o el pasmo fatídico que en ellos encuentran cifra y conjuro. Es en la descripción de esos movimientos del alma en lo que destaca Lovecraft, en la creación de un clima hecho de sentimientos y zozobras; cuando la Bestia por fin aparece, ya no hace falta describirla, porque no es más que lo que el lector está sintiendo en ese preciso momento de su lectura. Cualquier precisión verbal, cualquier detalle mal venido sólo logrará distraerle del espacio terrible, infinito y helado que se abre en él mismo y donde hunde sus raíces la verdad de todos sus cuentos. Como le ocurrió al desventurado "extraño" de Lovecraft, el monstruo que alza su forma abominable frente a él no es sino su reflejo especular: distinto para cada uno, sólo uno podríamos, en su susurro osado, describir el rostro irrepetible de nuestro miedo.


7 comentarios:
Amigo Machuca, llevas un ritmo endiablado. Cuando aun estoy saboreando lo de Brando y last but no last,lo de chita,veo que atacas con Sarrión y de ahí nada menos que a Lovecraft. Tu eclecticismo y tu hondura son de buena ley. En el caso Lovecraft, estoy plenamente de acuerdo. Uno se desliza sin darse cuenta por un tobogán extraño que sin saber como te conducen a las montañas de la locura. Y es verdad que el lector no vive la experiencia desde fuera sino que poco a poco nos vamos impregnando de su particular forma de entender el caos y el terror.
Es el suyo un universo muy particular poblado de sensaciones atávicas que dibujan un averno que muchas veces va contra toda lógica física. Lo cuentas sensacional. Un saludo.
Es casi como un Dorian Gray mirándose en el espejo de su pintura. Posiblemente los miedos de Lovecraft sean, en mi opinión, la más acertada recreación de nuestra naturaleza más oscura, de nuestro miedo a nosotros mismos.
Abrazos
V
Bueno,mi querido amigo,lo del ritmo te llevo toda la razón y aprovecho este momento para decirte que la mayoría de los artículos ya los tenía escritos desde hace años,incluso antes de que se inventara Internet.Los temas que expongo ya hablan de por sí,son viejos,rancios de todas aquellas lecturas juveniles y películas color sepia.Tenía unos cajones repletos de papeles escritos a mano y como ahora vivo en un espacio reducido necesito espacio para colocar mis calcetines y mis calzoncillos,y no es broma,te lo juro.Pero no te preocupes,ya me quedan pocos y después ya no sabré de qué escribir.
Mi eclecticismo es debido a que lo único que he hecho en mi vida ha sido leer mucho y de todo,sin compasión.Todos los géneros me gustan,y,ver películas que ya nadie ve,que son precisamente las que más me gustan.Fuera de todo esto me quedo en nada,me quedo en calzoncillos (volvió a salir la prenda).
Gracias por tus palabras.Me reconforta saber que todavía tienen algún interés esos viejos papeles que en su día estuve a punto de tirar a la basura.
Un fuerte abrazo,amigo.
39escalones
Totalmente de acuerdo,amigo Alfredo.La literatura de hoy y el cine muestran descaradamente al monstruo de látex (si la película es barata)o en digital (si es cara),y no podemos evitar reírnos ante semejante estupidez surgida de la imaginación de unos tipos ante un programa informático.
Un abrazo.
Lovecraft es una peregrinación. Un regreso. Releí esta navidad El caso de Charles Dexter Ward. Una lumjuria de lectura. Un placer sin el sr. Scrooge. Le escribí a Ferré, Providence como lectura también de regreso, que no podía leer a Lovecraft en verano. HP necesita frío, necesita nubes grises. Me falta un caserón, Francisco.
Me parece estupendo que te preocupes por tus calcetines y calzoncillos, tanto leer no nos hace nada bien (Mira que ya lo decía Cervantes y no hemos aprendido nada)
Yo ahora tengo mucho trabajo en mi casa-que tampoco es grande- ¿y sabes que hago mientras me ocupo de poner todo bonito -va a durar mucho porque no consigo abstraerme de lecturas-? -mira qué casualidad- oir a Lovecraft
http://albalearning.com/audiolibros/lovecraft/
Besos -lo bueno nunca envejece
Emilio Calavo de Mora
Mira que llega a ser bueno el libro Providence de mi buen amigo Ferré y este país todavía sin enterarse con tanta sobra y tanto viento,lo digo por Carlos Ruiz Zafón y sus innombrables secuelas; todo un horror pero del malo.Lo dijo Roberto Bolaño: "Primer requisito de una obra maestra:pasar inadvertida".Y a él lo descubrieron los yanquis,para que veas el panorama.
El caso de Charles Dexter Ward puede que sea uno de sus mejores relatos.El arranque de la historia es brutal.Y lo de la casa no te preocupes,con la CAPITALISMO actual y los especuladores todos nos veremos a la corta de acampada en las calles y los edificios vacíos y controlados por seguratas para que nosotros,los nuevos okupas no tengamos la posibilidad de serlo del todo.Qué contradicción,amigo,salir de la cueva para acabar de esta manera.Vienen tiempos de nubarrones y presiones atmosféricas que se acercarán más a The Walking Dead que a las obras de Lovecraft.
Un abrazo,amigo.
Mita
Me pongo en ello,es decir,a escuchar a Lovecraft y no a ordenar los cajones.Gracias por tus palabras,amiga.
Publicar un comentario en la entrada