"La vida es un proceso de demolición."
F. Scott Fitzgerald
F. Scott Fitzgerald
Pocos escritores se han identificado tanto con su obra como Scott Fitzgerald. En algunos-Ernerst Hemingway o Evelyn Waugh-ya es bastante difícil separar al hombre de la leyenda, pero en el caso de Fitzgerald uno tiende a pensar que desde el principio sólo existió la leyenda. Niño bonito de la época del jazz, genio malogrado y escritor alcohólico que muere románticamente la muerte lenta de Hollywood. Fitzgerald interpretó estos papeles como si fueran los de una película cuyo guión él mismo se vería forzado a escribir más tarde; conmovedora determinación de triunfar, de correr más rápido que el sueño y de abrazarlo. "Pensando en el futuro que año tras año retrocede frente a nosotros, y se nos escapa pero no importa, mañana iremos más deprisa", decía El gran Gatsby.
Hijo de un fracasado fabricante de muebles de St. Paul, Fitzgerald se sintió diferente desde el principio. Desesperado por despertar admiración, luchó por ser parte del equipo de fútbol del colegio, pero lo tildaron de presumido. En Princeton, que consideraba un club de campo para chicos ricos, conoció su primer éxito social. Sin embargo, su expediente académico era un desastre, y ya había empezado a racionalizarlo como un poderoso mito del fracaso romántico. Los poemas y cuentos que publicó en la revista universitaria tocan muchos de los temas de su ficción madura: el hombre de talento arruinado por una mujer egoísta, el héroe que buscaba la destrucción sin demasiada conciencia de ello, y la fuerte vena masoquista.
Pronto se puso a satisfacer sus propias obsesiones. El paso de Fitzgerald por el ejército fue otro fracaso parcial. Se lo consideró un oficial irresponsable y no lo mandaron al extranjero. El capitán a cargo de su pelotón de adiestramiento fue Dwight D. Eisenhower; por desgracia no se conoce la opinión de éste sobre Fitzgerald, pero los otros oficiales le tenían antipatía y le gastaban bromas muy pesadas. Pero mientras estaba estacionado en Montgomery, Alabama, conoció a Zelda Sayre, su futura esposa y una fuerza destructiva que superaba todos sus sueños. La última de las bellezas sureñas, Zelda era atractiva, temeraria y exhibicionista, una conservadora brillante y entretenida. Fumaba en la calle, coqueteaba con desvergüenza y ya había escandalizado a varios estados. Con el objeto de conquistarla, y de ganar dinero que necesitaba para cubrir sus propias exigencias de éxito. Su publicación en 1920 fue un triunfo comercial y de crítica, dio comienzo a la era del jazz y convirtió a Scott y Zelda en una leyenda que sólo acabaría treinta años después con la muerte de ella en el incendio de un manicomio.
Fitzgerald fue siempre un puritano con respecto al sexo, y su visión del matrimonio era asombrosamente convencional. "Estar enamorada ya es suficiente trabajo para una mujer. Si ella (...) se arregla para estar bonita cuando su marido vuelve a casa por la tarde, y lo ama y lo ayuda con su trabajo y lo anima..., bueno, pienso que ése es el tipo de trabajo que la salvará", dijo una vez Scott.
Dada su naturaleza totalmente opuesta, Zelda habrá sido un poderoso estímulo para Fitzgerald, al avivar sus sueños más profundos del rechazo romántico. Cuesta imaginarlo escribiendo su obra maestra de nostalgia y de lamento, El gran Gatsby, sin la ayuda de esa mujer trágica pero extraordinaria. La primera crisis mental de su esposa en 1929, y de América, año del crac, marcó el fin para Fitzgerald, y su imaginación ya nunca se recuperaría.
Hijo de un fracasado fabricante de muebles de St. Paul, Fitzgerald se sintió diferente desde el principio. Desesperado por despertar admiración, luchó por ser parte del equipo de fútbol del colegio, pero lo tildaron de presumido. En Princeton, que consideraba un club de campo para chicos ricos, conoció su primer éxito social. Sin embargo, su expediente académico era un desastre, y ya había empezado a racionalizarlo como un poderoso mito del fracaso romántico. Los poemas y cuentos que publicó en la revista universitaria tocan muchos de los temas de su ficción madura: el hombre de talento arruinado por una mujer egoísta, el héroe que buscaba la destrucción sin demasiada conciencia de ello, y la fuerte vena masoquista.
Pronto se puso a satisfacer sus propias obsesiones. El paso de Fitzgerald por el ejército fue otro fracaso parcial. Se lo consideró un oficial irresponsable y no lo mandaron al extranjero. El capitán a cargo de su pelotón de adiestramiento fue Dwight D. Eisenhower; por desgracia no se conoce la opinión de éste sobre Fitzgerald, pero los otros oficiales le tenían antipatía y le gastaban bromas muy pesadas. Pero mientras estaba estacionado en Montgomery, Alabama, conoció a Zelda Sayre, su futura esposa y una fuerza destructiva que superaba todos sus sueños. La última de las bellezas sureñas, Zelda era atractiva, temeraria y exhibicionista, una conservadora brillante y entretenida. Fumaba en la calle, coqueteaba con desvergüenza y ya había escandalizado a varios estados. Con el objeto de conquistarla, y de ganar dinero que necesitaba para cubrir sus propias exigencias de éxito. Su publicación en 1920 fue un triunfo comercial y de crítica, dio comienzo a la era del jazz y convirtió a Scott y Zelda en una leyenda que sólo acabaría treinta años después con la muerte de ella en el incendio de un manicomio.
Fitzgerald fue siempre un puritano con respecto al sexo, y su visión del matrimonio era asombrosamente convencional. "Estar enamorada ya es suficiente trabajo para una mujer. Si ella (...) se arregla para estar bonita cuando su marido vuelve a casa por la tarde, y lo ama y lo ayuda con su trabajo y lo anima..., bueno, pienso que ése es el tipo de trabajo que la salvará", dijo una vez Scott.
Dada su naturaleza totalmente opuesta, Zelda habrá sido un poderoso estímulo para Fitzgerald, al avivar sus sueños más profundos del rechazo romántico. Cuesta imaginarlo escribiendo su obra maestra de nostalgia y de lamento, El gran Gatsby, sin la ayuda de esa mujer trágica pero extraordinaria. La primera crisis mental de su esposa en 1929, y de América, año del crac, marcó el fin para Fitzgerald, y su imaginación ya nunca se recuperaría.
Entre 1920 y 1929, Fitzgerald ganó 244.967 dólares, que en la actualidad equivaldría por lo menos a ocho veces, pero a partir de ese momento sus ingresos disminuyeron bruscamente. Si los locos años veinte habían mimado y animado a Fitzgerald, los años treinta se olvidan de él.
A mi juicio, lo más valioso de su obra es su descripción del fracaso en recuperar las emociones del pasado, y parecería que la serie de calamidades que azotaron su vida madura hubieran sido conscientemente dispuestas para provocar ese lamento patético. Mientras duró la interminable fiesta de champaña de los años veinte, este lamento parecía romántico y conmovedor, pero ya no fue en los treinta, en medio de un fracaso y desesperación reales.
"Me eché a llorar porque tenía todo lo que quería y sabía que no sería tan feliz nunca más."
A mi juicio, lo más valioso de su obra es su descripción del fracaso en recuperar las emociones del pasado, y parecería que la serie de calamidades que azotaron su vida madura hubieran sido conscientemente dispuestas para provocar ese lamento patético. Mientras duró la interminable fiesta de champaña de los años veinte, este lamento parecía romántico y conmovedor, pero ya no fue en los treinta, en medio de un fracaso y desesperación reales.
"Me eché a llorar porque tenía todo lo que quería y sabía que no sería tan feliz nunca más."


5 comentarios:
Qué bonito acercamiento a uno de los más grandes y a su tormentosa relación con Zelda, al romanticismo, al fin y al cabo. Un abrazo.
La novela de EL GRAN GATSBY me fascina. La he leido más de una vez. Ahora me entero de que van a realizar una nueva versión cinematográfica con Leonardo DiCaprio como Gatsby.
Hace poco conseguí una edición en castellano de la inacabada EL ÚLTIMO MAGNATE y lamenté que no pudiera terminarla pues me estaba fascinando.
Los alegres años veinte de Fitzgerald terminaron en pesadilla y tragedia...
Bonito texto.
Besos
Hildy
Precisamente estos días estoy leyendo yo "El Gran Gatsby". Me hizo ilusión leer este texto. Qué oportuno...
Un fuerte abrazo, amigo.
Fantástico texto. Scott Fitzgerald, sin querer ni pretenderlo, se erige así en símbolo de una América que desaparece precisamente en 1929, el país cándido e inocente que despierta una mañana, repentinamente, convertido en escarabajo. Y, no sé cómo, pero él lo sabía, lo vio antes que nadie. La catarata de imitadores baratos que le siguieron no ha terminado aún hoy. Y cada vez son más baratos, cada vez valen menos.
Abrazos
¿Dónde diablos estaba yo en fechas próximas al 13 de enero, que se me escapó esta entrada tuya sobre el bueno de Scott? Ay, he leído tantas biografías sobre él y sobre Zelda que he llegado a conocerle bien, y, en cierto modo, a sentir una empatía muy intensa.
Por cierto que tu comentario en el Loser no ha aparecido, de modo que voy a subirlo yo mismo.
Un abrazo, old sport.
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