"... esas largas paredes negras, tediosas para el ojo, siniestro cinturón del anchuroso cementerio que llamamos una gran ciudad."
Baudelaire
Es de noche, un hombre corre desesperado por una calle desierta, llena de alargadas sombras amenazantes y con el pavimento mojado, sabe que no podrá escapar, que está perdido, que ha llegado su final, aunque siga huyendo desesperado. Se oye un disparo y cae lentamente.
En el cine negro la ciudad es el mal, provoca el pecado y la perdición de unos personajes que ya son perdedores antes de iniciarse la acción. Esta comparación entre ciudad y maldad no surge espontanemente y sin motivos. En los albores de los Estados Unidos como nación primaban los planteamientos de Jefferson y los puritanos en los que la comunidad agraria de pequeña escala era el fundamento del orden democrático. Ese mundo se va perdiendo paulatinamente a lo largo de la última midad del siglo XIX, mientras el territorio se va transformando en una nación industrializada, al mismo tiempo que se idealiza y añora el estado de gracia con que se vivía en aquella Arcadia bastante falsa, se anatemiza la ciudad que va creciendo como un monstruo que devora a quienes emigran desde el campo. Una ciudad donde además de múltiples avances técnicos que disfrutan muchos de sus habitantes, surgen nuevos términos para expresar hechos terribles, palabras como marginalidad, explotación, chantaje, mafia, gangsterismo, etc. Las calles de la ciudad son un verdadero campo de batalla donde se libra una guerra no solo entre bandas antagónicas sino fundamentalmente contra la ciudad.
Un campo de batalla delimitado por las fachadas de los edificios, que no son planos rígidos e impermeables, sino que tienen adosadas escaleras y vallas tras las que hay patios ingleses abiertos hacia una vía y cuyo suelo está más bajo que la calle. Lugares donde apostarse para iniciar la lucha o donde esconderse para evitarla. Las fachadas además son permeables, hay escaparates que se hacen añicos, ventanas y puertas por donde escapar o para disparar desde ellas. Un campo de batalla que discurre entre elementos urbanos como farolas, bancos... y hasta una boca de incendios que inevitablemente acabará rota para permitir que salga un gran y estético chorro de agua. La ciudad es también el centro de la brutalidad. Es una verdadera extensión expresionista de la violencia latente en ese universo moral; la creación del hombre, esa antinomia de la naturaleza, se ha convertido en una jungla feroz y brutal en la que algunos personajes pueden sobrevivir porque conocen sus reglas.
La ciudad está construida en función del automóvil y en el cine negro esta relación es importante, no solo en los planos generales en los que se ven las evoluciones de los distintos coches, sino en los planos más cercanos donde las luces de la urbe se reflejan en el parabrisas delantero o desaparecen detrás de los personajes al verse cómo la calle se va alejando por el cristal trasero.
Hasta aquí la ciudad. Pero ¿qué pasa detrás de esas fachadas ennegrecidas por el humo y el tiempo? ¿Cómo son los espacios donde se mueven los personajes del cine negro? Lo significativo es que ese submundo suele ser más atractivo que el lugar donde habitan las fuerzas de la ley y el orden. Se establece así una tipología de los espacios en el cine negro, que curiosamente responde a términos morales abstractos como el bien y el mal. El detective y el policía soltero viven en pequeños apartamentos con raídos papeles pintados en sus paredes, en los que la ciudad está siempre presente a través de las ventanas, gracias a la música, habitual y afortunadamente de jazz, los ruidos de la calle o un molesto letrero luminoso de neón que intermitentemente anuncia algún antro. (Recuérdese la mala suerte del alcohólico que intenta rehabilitarse, Jack Lemmon en Días de vino y rosas, y se muda a un piso en cuyas paredes se refleja incansablemente la luz de un letrero luminoso con la fatídica palabra bar). Si están casados quizá tengan la fortuna de poseer una vivienda con jardín en un suburbio para que su monstruosa prole pueda corretear, al tiempo que ellos asan pedazos de carne cruda con sus compañeros.
Volviendo a la calle y terminando otra vez en la ciudad hay que decir que las vías urbanas del cine negro son casi intercambiables, aunque la película suceda en una u otra ciudad real, sus calles modelo o estándar, porque lo que interesa son sus sombras o sus elementos y no su configuración o la arquitectura que la limita. El cine se anticipa a las ciudades actuales, esas no ciudades en las que se desconoce dónde se está, ni en cuál de ellas, porque son todas iguales. El cine predice la crítica de la ciudad contemporánea y en el cine negro esta crítica es aún más feroz.
Por eso la única opción que queda es salir de la ciudad e ir al campo, ya que, como dice Dix Handley (Sterling Hayden) en La jungla de asfalto (1950): "Lo primero que haré será bañarme en el río para no tener de la ciudad ni el polvo".
Aunque el campo solo le sirve a Dix para morir.





5 comentarios:
Ir a morir al campo... por qué no. Hace tiempo la ciudad dejó de ser aquella de mi barrio de pueblo, la calle que era el escenario para la aventura entre jardines con flores y plantas y pequeños muros fáciles de franquear que era mi lugar predilecto de juegos cada día y compartía con los niños de las familias vecinas.
En realidad eran para nosotros verdaderos sets de filmación: allí nos convertíamos en los héroes de la pantalla.
Un abrazo.
... Qué pasada la ciudad y el cine negro.
Pasear por esas calles de niebla, penumbra y lluvia.
La noche.
Los garitos.
Las habitaciones solitarias.
Las comisarias oscuras o los despachos cerrados.
Un grito en el callejón.
Unos pasos tras los tuyos.
Un gato que corretea.
Un perro que ladra.
Una pistola que dispara...
Una farola.
Un hombre solo.
Una mujer que corre sin mirar atrás.
El silencio.
Un coche que frena.
Un cadáver oculto.
Un grito.
Qué pasada, Francisco.
Vaya paseo.
Besos
Hildy
PD: Por cierto se perdieron unos magníficos comentarios tuyos por mi blog..., claro, corrían por las calles de la ciudad, ya están recuperados.
Mi nombre es Ciudad
Un petó
Ese universo blanco y negro y áspero inspirado en escritos de Hammett o Chandler, relatos desgarradores como rayos con un resto de olor a pólvora mojada, relatos crudos y febriles como la época en la que fueron escritos, visualizados en esas películas de profunda huella sin cuya existencia el cine carecería de sentido.
Un abrazo.
Qué texto!! Magnífico!! La noche y la ciudad, el hombre enfrentado a los terrores urbanos, a la indiferencia y la soledad. La ciudad como metáfora de la loca carrera humana por lo material y el abandono de lo espiritual y de lo intelectual. La ciudad dormida. La ciudad muerta.
Fenomenal texto, amigo.
Abrazos
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