martes, 21 de febrero de 2012

Nostalgia épica



 " Uno que pide compañía. Dos cabalgan juntos. Me pido empezar la conversación con una taza de café humeante, imagino que asqueroso, alrededor de una hoguera en mitad de la noche, en ningún sitio, rodeado de peligros, vivos y degustando (como no podía ser de otra manera) la conversación. La estamos perdiendo. La conversación digo. La suple el google de los cojones. No tenemos campo desnudo en el que volcarnos. Deberíamos fundar en el salón familiar un reducto tipo western, un fuerte para defendernos de los indios. Hay muchos afuera.¿Los identificas? Algunos van enchaquetados y lucen un verbo escandalosamente ortodoxo. Un abrazo, buen amigo."

Comentario dejado en este espacio por Emilio Calvo de Mora.

Dice Andre Gide en su diario que toda nostalgia es un fervor decaído. Puede que no le falte razón al sátiro. Quizá la nostalgia no sea todo lo que solía ser. La nostalgia ya no es lo que era: con este título de redoblada añoranza encabezó sus memorias Simone Signoret. Y es que a veces, ciertamente, lo que uno echa de menos es la nostalgia misma. Una especie de impaciencia de lejanía nos distancia del propio momento que vivimos y que ya nos urge considerar pretérito. Nostalgia del velo del recuerdo, de la pátina de añoranza que embellece con su pérdida y su sfumato la crudeza demasiado chillona de la actualidad. Todo gana cuando se ha perdido, todo mejora en cuanto ya no es.


 El caso del cine es particular también a este respecto. En cierto sentido, toda película pertenece ya a la memoria desde la primera vez que la vemos. Es decir, que incluso la primera vez la vemos como recordada. Cada película es una objetivación de la memoria, una línea hilvanada de recuerdos perennizados. El cine se presta a ser recordado, se hace aún más cinematográfico en la memoria, precisamente porque la esencia misma de lo fílmico tiene tanto que ver con el mecanismo mnémico. Y, claro está, la nostalgia es inseparable de la afición cinematográfica. Incluso películas que no he visto o que llego finalmente a ver rodeadas ya del aura prestigiosa de la memoria, realzadas por el peso de los recuerdos de quienes las vieron en el pasado.


Mi nostalgia particular deplora la extinción de una cierta épica cinematográfica. Y se me intensifica con la desparición de uno de sus más grandes encarnadores, el inolvidable, incomparable Henry Fonda. Cuando Fonda murió en 1982, yo tenía 18 años y repusieron por televisión Fort Apache, de John Ford. ¡Qué película! Quizá Ford pudo hacer alguna mejor; pero desde luego solo el mismo Ford. La perfección sencilla y directa del argumento, el incomparable recital de las interpretaciones, el majestuoso y descarnado embrujo de los paisajes... Ni los cerros y monolitos del Oeste de Ford pueden encontrarse en Almería ni sus apaches tolerarían entre ellos a un Anthony Quinn disfrazado. Y luego la sorpresa para el "progre" al que algún Jack Lang de la prehistoria le habló del fascismo y el militarismo de Ford y de cierto John Wayne dedicado sistemáticamente al tiro al indio: Fort Apache es una película de 1948, en pleno triunfalismo posbélico y en la era inmediatamente anterior a la caza de brujas, en la que el ordenancista que no sabe dar cuartel ni respeta a su adversario origina el aniquilamiento de sus hombres, en la que los indios son dignos y leales a su palabra, en la que el pacto y el tratado son abiertamente preferidos al enfrentamiento a toda costa. Lo que diferencia a películas como Fort Apache de discursitos ideológicos a lo Novecento es que en Ford no hay moralina, sino moral. Ésa es la verdadera prueba de una leyenda.


¿En qué se basa la inmensa superioridad de este tipo de épica sobre la seudoépica de ingestos productos actualmente laureados? En primera lugar, en la distancia que media entre un gran talento cinematográfico y un pelmazo medio lelo por la cámara lenta como un tonto por un lápiz.

Las mejores escenas de Fort Apache están concebidas a ritmo de comedia. La seriedad del arrojo y de la muerte se enmarca en una humanidad sonriente, cuya espontaneidad antilúgubre prepara algo mejor para el día de la paz. Al final de Fort Apache, John Wayne recuerda a todos sus compañeros perdidos y dice, en tono legítimamente nostálgico: "No han muerto, aún están entre nosotros". En sobreimpresión cabalgan todos esos queridos amigos, Henry Fonda, Victor McLaglen, Ward Bond, Pedro Almendáriz, a los que hay que unir al propio Wayne y al maestro Ford, a William Holden y a Robert Ryan, a Warren Oates, Emilio Calvo de Mora, Alfredo Moreno, Raúl Ariza, Josep, Jimarino, Kine, Miguel Sanfeliu, Paco Ortiz, Likantropunk, Juan Herrezuelo, Marcos, Victor V, Juanjo, Vicente, Luis Recuenco, Alberto Q., Mariano Zurdo y a Howard Hawks, a cuantos dieron a la épica en cine su auténtica dimensión de estimulante amor a la vida, que es valor y peligro, sin reducirla a glorificación de la muerte y de las estupideces librecambistas de la realización personal.

¡Buena cabalgada, compañeros, y hasta siempre!



6 comentarios:

39escalones dijo...

El tema principal del cine de Ford es el triunfo de la tolerancia por encima de la violencia, y de cómo ésta nunca es una solución, sino desolación. La clave del final de "Fort Apache" es una evidencia de ello.
Ya no hay épica: ¿qué épica cabe en un videoclip?
Abrazos

V dijo...

Esto es una provocación amigo Machuca. Hasta tal punto que te informo, que esa memoria de la que hablas de modo magistral y ese cine moral me van a llevar a hablar en mi próxima entrada,por influencia tuya, de un asunto de Ford. Ni te imaginas cual.Uno que contiene tal vez el personaje más fascinante y a menudo olvidado de toda su filmografía. Y no es Wayne,ni Fonda, ni Maureen O`hara,ni Stewart, ni Gable,ni Ward Bond, ni Victor Mclaglen, ni Woody Strode, ni Spencer tracy, ni Lee Marvin,ni Pedro Armendariz, ni Roddy Mcdowall,ni Clark Gable ni Claudette Colbert, ni Tirone Power, ni John Carradine, y ni siquiera el que está sentado con Jimmy Stewart y cabalgó con él. Es alguien mucho mejor,si nes que ello es posible, y creo ya que estoy dando demasiadas pistas. Me pongo a ello antes de que lo averigues.Y todo por culpa de tus excelentes relatos sobre el western y Ford.Un saludo

Raúl dijo...

No puedo estar más de acuerdo, en todos los sentidos.

En 1º lugar, que el cine es memoria es algo que ya sabía el primer camarógrafo que enfocó un plano. Previamente lo había soñado, imaginado o recordado -seguro- y según atacaba el manubrio, revivía lo que ya antes había vivido.
El cine debe de ser algo así como una especie de liquen, una garrapata que se aferra a nuestras neuronas, ávida de convertir nuestro día a día en un recuerdo de algo que con anterioridad vimos en la pantalla.

En 2º lugar, decir que la épica es el último paso antes de la desesperación. Me pasa que, antes del derrumbe, mi última carta en la manga es imaginarme solo, sincero, honesto y cabalgando. De esa guisa encuentro el refugio de mi dignidad, las últimas cuatro paredes que me han de albergar antes de que las circunstancias (mis circunstancias nunca son indios honorables, si no, más bien asquerosos tramperos sin escrúpulos) me atrapen y me desollen.

Y en 3º lugar, reiterar que, efectivamente, "Fort Apache" se carga todo el estereotipo fordiano de un plumazo, en un solo fotograma.

Hasta en esto estoy de acuerdo.

39escalones dijo...

Pues ya podíamos cabalgar al lado de Gloria Grahame, joder...
Abrazos

Licantropunk dijo...

Leo un hasta siempre al final que me deja helado por su evidente tono de despedida.
Calma, calma, seguro que no es verdad, es cosa mía, que tengo tendencia a los epitafios.
Gracias por el recuerdo, amigo, por incluirme en una lista que no me merezco. También me deja perplejo esa extraña comparación entre "Fort Apache" y "Novecento", alguna fobia aparece por ahí, ¿no? En contra de lo que dices de la memoria cinéfila, la mía debe ser bastante mala: la de Bertolucci la tengo olvidada (será porque es mala, como dices), la verdad, pero hace poco vi otra suya, "El conformista", y me gustó.
Suscribo lo que dices de recordar películas que aún no he visto: si me sucede es porque leo sobre ellas en párrafos como los tuyos.
Saludos.

V dijo...

Amigo Machuca. Restan todavía muchas y jugosas cabalgadas por agrestes terrenos. Yo por mi parte,ya cumpli con lo prometido. De mi ultima entrada eres en gran parteresponsable,delo cualme alegro.Va por usted,camarada.Un saludo