jueves, 1 de marzo de 2012

La mujer era él




Dicen que cuando se estrenó Sunset Boulevard (1950), el mundo del cine se retorció de rabia al verse reflejado en el esperpéntico espejo del director y le acusó de haber ensuciado la imagen idílica de la fábrica de los sueños. Algo parecido debió ocurrirles a los periodistas de la época cuando, al comienzo de Primera plana (1974), vieron a uno de ellos que asomaba la cabeza por una ventana y se quejaba porque los operarios hacían mucho ruido mientras construían un patíbulo en el patio, y ese estruendo no les dejaba trabajar. Y peor llegarían a sentirse cuando además se descubre que su trabajo consistía en jugarse los artículos a las cartas.

El viejo zorro de Wilder fue periodista, como Hildy Johnson (Jack Lemmon), y a lo mejor por eso se permitió ser especialmente cruel con un mundillo que era tan suyo. No extraña escuchar qué opinión tiene Wilder de los periodistas y de la profesión, de la boca de Hildy: "Un hatajo de pobres diablos, con los codos raídos y los pantalones llenos de agujeros, que miran por la cerradura y que despiertan a la gente a medianoche para preguntarle qué opina de Fulanito o Menganita. Que roban a las madres fotos de sus hijas violadas en los parques. ¿Y qué? Pues para hacer las delicias de un millón de dependientas y amas de casa. Y, al día siguiente, su reportaje sirve para envolver un periquito muerto".


Resulta curioso escuchar al propio Wilder despreciar su propia idea de volver a llevar a la pantalla Primer plana después del éxito de Luna nueva (1940), de Hawks, diciendo que poco nuevo se podía aportar para mejorar la anterior película. Sobre todo cuando se descubre que Wilder puso la mala baba y la visión más moderna; pero, sobre todo, Wilder aportó la verdadera dimensión de la historia de amor que cuenta la obra. Porque, para Wilder, Jack Lemmon era la mujer perfecta, en todas sus películas. Travestido o no, Lemmon fue retratado como la imagen de la mujer que hoy, en tiempos de lo políticamente correcto, sería considerada falta de gusto de haber sido interpretada por una actriz. Débil, caprichosa, irritantemente ordenada y hacendosa, era la mujercita de su casa que, resignada, recogía los restos de una fiesta que no era suya y se sentaba embobada frente al televisor, esperando a que llegase el momento de colar los espagueti con la raqueta. Era la que se escandalizaba ante la propuesta de timo por parte de su hombre en En bandeja de plata, pero también se dejaba llevar por él y le seguía en su ilegalidad. Y era aquella que bailaba salsa llena de felicidad porque había recibido una proposición de matrimonio de un millonario ridículo que la haría feliz. Por eso, solo Jack Lemmon podía ser Hildy Johnson.


A Wilder no le importaba que dos grandes actrices interpretaran los demás papeles femeninos de la película - nada menos que Susan Sarandon y Carol Burnett -, porque con Lemmon no había rival. Y por supuesto estaba Walter Matthau, que no era, ni con mucho, su hombre ideal - ése era William Holden -, sino más bien su alter ego, la representación de todos los defectos que solo odiamos cuando los vemos en los demás, pero nos resultan irresistiblemente graciosos, malévolamente divertidos en nosotros mismos. Bueno, y en Walter, claro.

Solo un cerebro lleno de cuchillas de afeitar - como decía William Holden - era capaz de darle la vuelta a la historia de Hecht y MacArthur y de darse cuenta de que Hawks ya había transformado el papel de Rosalind Russell en Luna nueva en el de un hombre aún más varonil que el propio Lemmon o, cuando menos, en una de esas mujeres fuertes que a él tanto le gustaban.


En la era del remake fácil el tiempo juega en favor de Primera plana, como de casi todos los fracasos del viejo Wilder, y demuestra cómo una nueva visión de un texto magnífico puede ser una nueva obra maestra. La diferencia está en que años después se hizo otra película sobre esa obra inmortal, llamada Interferencias (1988), de Ted Kotcheff con, afilen bien los ojos, Burt Reynolds y Christopher Reeve, y ésa sí que de verdad solo servía para envolver un periquito muerto.

7 comentarios:

V dijo...

Excelente todo el repaso que estásdando al amigo Wilder y sus maldades. Se ve que hay conocimiento y hondura. Y gran pasión. Muy buena esta teoría tuya sobre la identidad de Hildy.
Wilder demostró que ese sarcasmo también podía ser masculino.Mi pareja ewsperiodista. Le voy adecirque leatu artículo para que vea lo que pensaba el viejo zorro. Igual hasta lo suscribe. Un saludo.

Anónimo dijo...

¡Gracias mil!

Como siempre letras y letras a las que sacar mucho jugo, muchas reflexiones y mil y una lecturas.

Tu análisis de Jack Lemmon como arquetipo de 'mujer perfecta' con matices Wilder es interesantísimo.

Besos con mucho orgullo por texto dedicado...

Hildy

Licantropunk dijo...

Menudo repaso le estás pegando a Wilder. A dios, como dijo el otro ¿no? Me viene a la memoria una entrada que le dedicaste hace unos años al "El gran carnaval", que yo no la había visto y después de leerte la vi y te estaré eternamente agradecido, je, je.
Saludos.

39escalones dijo...

Jack Lemmon, el perfecto travesti... aun cuando no lo es.
Ese parrafada de Lemmon siempre me ha parecido soberbia, como sus réplicas al sheriff que comercia con las entradas a la ejecución. Por cierto, hay un periodista español que cada día se parece más a Walter Burns, de lo cual dejaré constancia próximamente.
Abrazos, amigo.

Raúl dijo...

Una buena historia puede ser mejorada por un genio, pero ni un genio sería capaz de leventar una mala historia.
Esta historia es sencillamente genial hasta el punto (sonrío) de que incluso el periquito muerto envuelto por "Interferencias", haría un uen caldo.
Excelente tu artículo.

Mita dijo...

Ha sido estupendo todo lo que nos has ido contando sobre Wilder :)
Besos

Juan Herrezuelo dijo...

Bueno, a los periodistas ya los había puesto en el lugar que les corresponde en ese despiadado retrato de la profesión que es "Ace in the Hole". Qué rato estoy pasando con ese largo homenaje al maestro Wilder que has estado haciendo en mi ausencia. Y qué acertado decir que la interpretación de Rossalind Russel en "Luna nueva" era más varonil que la de Lemmon aquí...
Sigo leyendo, amigo.