miércoles, 11 de abril de 2012

En busca de la ballena blanca


 John Huston quiso llevar al cine Crónicas marcianas, de Ray Bradbury. Había quedado maravillado por la belleza de aquella obra, y veía en ella muchísimas posibilidades de realizar una gran película. Escribió a Ray y le comunicó sus intenciones. Ray le dio carta blanca. John era uno de sus ídolos cinematográficos. Su libro no podía estar en mejores manos. John recorrió los estudios de Hollywood, tratando de interesar a alguna productora en la empresa. Pero, desgraciadamente, no tuvo suerte. Entonces John decide realizar Moby Dick y piensa en Ray como el hombre ideal para escribir el guión. Moby Dick es una obra que Ray había intentado leer, de pequeño, en muchas ocasiones, y siempre tuvo que dejarla a la mitad, desbordado por el mundo - tan barroco, tan simbolista, tan impenetrable - de Melville. Ray, en ese momento, coge de nuevo el libro de su biblioteca y empieza a leerlo desde la primera página, Ray se halla fascinado por una obra tan colosal como apabullante. Ahora se explica por qué de adolescente no pudo penetrar en ella. Era preciso tener esa madurez (esa lucidez) y esa objetividad crítica que solo dan los años. Moby Dick es, además, algo cercano a su sensibilidad; tanto, que nunca lo hubiera imaginado. Tras leer la novela de Melville, no sería exacto decir que a Ray le agradaba la idea de escribir una película sobre ella: le apasionaba. Así que contesta a John afirmativamente. Semanas después parte, con su mujer, hacia Dublin. Se inicia una nueva experiencia en su vida.


Cuando Ray le conoce y le trata, encuentra que todo lo que se ha dicho de John, es apenas un pálido reflejo de la realidad. El primer día que se encuentran, en Dublin, se siente empequeñecido ante su personalidad irresistible, ante ese estallido de vitalidad. Tras los primeros saludos, John le invita a dar un paseo para que conozca la campiña irlandesa. Va con ellos Peter Viertel, un escritor que suele colaborar con John. Cruzan un campo cuando de repente John advierte que por allí cerca se encuentra un enorme toro negro. El toro se detiene y se queda mirándolos fijamente. Entonces John, antes de que puedan darse cuenta Ray y Peter, se quita la chaqueta y se va hacia el animal. Mueve la chaqueta como si fuera la capa de un torero. Se coloca frente a su hocico, y le girta: "Eh, toro, eh!"... Ray y Peter se quedan paralizados. Finalmente, el toro sacude la cabeza y se marcha. John se queda abatido y regresa decepcionado porque el animal no ha querido embestir. 
 Conozco muchas anécdotas referentes al encuentro de John y Ray, pero me temo que no hay suficiente espacio para contároslas, amigos, pero lo que es cierto es que ambos no paraban de hacerse bromas. Os lo juro. Yo estuve allí.


Personalmente, Moby Dick me parece uno de los más hermosos e importantes filmes que he visto. La adaptación de Ray respeta fielmente el espíritu de la novela. Y eso que tuvo que suprimir varias partes y personajes importantes del texto. John quería, además, centrarse únicamente en la compleja figura de Achab y pedía a Ray, continuamente, que simplificase la novela. De todas formas, el guión, como resultado en cuanto a servir la novela de Melville - y desde un punto de vista estrictamente cinematográfico -, es de una atmósfera apocalíptica que la envuelve, constantemente, dándole dimensiones gigantescas, o, mejor dicho, titánicas. Estéticamente es una película bellísima. El color evoca constantemente estampas románticas del siglo XVIII. Gracias al tratamiento del color, éste le sirve para rodear de un cerco trágico a la obra. El tratamiento es una huida constante de los tonos violentos. Hay bastantes ocasiones en que se tiene la sensación de estar viendo una película en blanco y negro. Predomina los grises, los marrones, los negros. Hay un contraste dramático, casi siempre, de colores. Moby Dick, muy blanca, cuando aparece por primera vez, en medio de un mar siniestramente oscuro. Ese escudo de oro, clavado en el mástil, brillando sobre un barco y una tripulación apagados, mates. El colorido - las brumas en las escenas de New Bedford - adquiere una dimensión casi física.

 Ray Bradbury y John Huston

El único fallo reside, quizá, en la interpretación que de Achab hace Gregory Peck, aunque John decía siempre que la consideraba muy acertada; pero a Ray, en cambio, no le gustó su labor. Difícilmente puede asociarse el físico del capitán Achab y actor Gregory Peck. Los demás, sin embargo, estaban perfectos: Richard Basehart (Ismael), Leo Genn (Starbuck), Orson Welles (padre Mapple), Friedrick Leidebur (Queequeg), James Robertson-Justice (capitán Booner), Harry Andrew (Stubg)...

Una experiencia, en suma, inolvidable para Ray, en la cual el conocimiento y amistad con John ocupan un lugar privilegiado. Un John arrollador, verdadera fuerza de la naturaleza, hombre de talento impar, que desbordaría al tímido Ray con su vitalismo incontrolable. John dijo de él: "Para él, Júpiter, es como el café de la esquina, y, sin embargo, ¡jamás subirá a un avión! Tiene un estilo limpio, lleno de unas imágenes maravillosas y poéticas. En cambio, creo que conversando es uno de los hombres más deslucidos que jamás haya encontrado. No abre la boca más que para decir frases hechas. Es como una banalidad ambulante. Pero, por el contrario, es capaz de escribir historias fantásticas".

Posiblemente por ser tan opuestos de carácter, lograron entenderse a la perfección y supieron seguir a Melville - sin equivocarse de ruta -, en un complicado viaje, a través de los inexplorados mares del espíritu, en busca de una ballena blanca.


8 comentarios:

V dijo...

Me parece apasionante tu texto. Efectivamente los mundos de Huston y Bradbury no parecen homogeneos de partida.
A mi la novela me parece colosal. Pero entiendo que puede ser dificil para un chaval de 15 años. Y lo cierto es que a mi me la recomendaron a esa edad, y no pude. Más tarde si.
La película me parece asombrosa, y la interpretación de Peck es que tiene que resultar desagradable,puesto que es una especie de anticristo.
Pero lo más formidable detodo es que estuviste allí, amigo Machuca. Eso no tiene precio. Ser testigo directo de una bronca de Huston es algo de lo que pocos pueden presumir.Y desu socarrón sentido delhumor. Pero bueno que te voy a contar yo a ti...Un abrazo.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Tocado, hundido. Como en el juego. Ganas (otra vez) enormes de leer Moby Dick. Luego (lo haré, no lo dudo, en cuanto acaben unos días de ajetreo en varios asuntos) me meteré en la película. Sirven estas cosas nuestras, esta rendición humilde de nuestros vicios, para vivir mejor. Eso.

Raúl dijo...

Hasta hace no más de cinco años, yo tampoco pude acabar de leerla. Hasta entonces, varias aproximaciones (literatura juvenirl, cómics, intentos inacabados e interrumpidos,...). Una obra apabullante, sin duda alguna.
Y puestos a opinar, coincido con Ray en cuanto a la idoneidad de haberle dado a Peck un personaje tan esdrújulo como el de Ahab.

39escalones dijo...

Magnífico texto, Paco.
Suscribo tu comentario sobre la película (incluido lo de Peck; yo, de haber sido posible, hubiera puesto al propio Welles como Achab). A mí, especialmente, el comienzo, esa misa en una iglesia llena de lápidas de marinos naufragados, con el pastor encaramado a ese mascarón de proa que hace de púlpito, me parece de las cosas más grandes vistas en una pantalla.
Abrazos

Licantropunk dijo...

Pues a pesar de que no le gustara Gregory Peck en el papel, a estas alturas no hay otro que se lo quite. Y el de Lincoln, tampoco.
Saludos.

jimarino dijo...

El año pasado tuve que escribir un texto largo sobre Moby Dick, novela que leí de jovencito fascinado y sin entender de la misa la mitad. Con los años, me parece uno de los textos más innovadores y extraordinarios de la historia de la literatura, tocado por la magia y el misterio, sujeto a cientos de interpretaciones y fascinantes encrucijadas. La relectura fue tan hermosa que a veces aún vuelvo a coger el libro para adentrarme en algunos capítulos. Es enrome. Joyce lo leyó por su innovación técnica. Cormac McCarthy es heredero directo de esa literatura aunque sus estructuras narrativas sean más sencillas -posee un espíritu similar-. Vi la película, que has descrito extraordinariamente bien, y además no sabía que el guión fuera de Bradbury. En efecto es maravillosa, distinta al libro por razones obvias de extensión, pero respetuosa con la historia y estéticamente deliciosa. Mi hijo a veces me pide que le ponga la última escena, cuando Moby Dick embiste al barco de Ahab -el la llama papá ballena, curioso-, y eso es un síntoma de su extraordinaria fuerza visual. Pero lo más interesante, querido compañero, es que la película, es la visión de John Houston de la novela. Una visión heroica, muy americana, acertada casi siempre, deliciosa, que revela el espíritu de artista que quiso compararse con ese narrador fundamental del siglo XIX que fue Melville.
De nuevo deliciosos tus textos.
Espero que estés bien.
Un abrazo muy fuerte.
Por cierto, terminó de comprar dos novelas de Ballard, escritor que siempre quise leer y nunca me atreví, recomendación que te debo.
Hasta pronto.

Anónimo dijo...

... que te voy a decir. ¿Que me quedo enganchada leyéndote? ¿Que me traes a la cabeza fotogramas de la película de Huston? ¿Y de la novela de Melville?

Preferiría no hacerlo... (adoro esta frase melvillana)

Te cuento que hace poco lei una enorme biografía de Huston y contaba que su relación, cuando no se conocían, era de amor y admiración y a partir de la relación profesional... tormentosa.

Parece ser que Huston terminó diciendo cosas como "es un hombre de talento, pero un pelma indescriptible".

Y Bradbury tuvo pesadillas... y una bronca monumental al final de su relación profesional durante una cena de despedida. Posteriormente no quiso opinar personalmente del director.

No obstante siempre agradeció poder haber escrito ese guion para el hombre que admiraba como cineasta.

Beso
Hildy

Mita dijo...

Muchas gracias, es un texto precioso
Besos