jueves, 10 de mayo de 2012

Ronda Ariza


... esa voluntad de minutos en sucesión que llamamos vivir...
Dámaso Alonso

Ayer me llegó por correo La suave piel de la anaconda (Ed. Talentura), de Raúl Ariza. Abrí el libro y descubrí una dedicatoria del autor: "Mis palabras correrán el riesgo de no ser capaces de llegar a transmitirte la estima que te tengo, Paco". Me leí el libro entre las horas inciertas de la tarde y parte de la noche infiel. Cuando terminé de leerlo ya era tan tarde que no valía la pena irse a dormir, además de tener los 51 relatos todavía en mi mente. ¿Escribo otra reseña? ¿Qué podría decir yo de más, tras el excelente prólogo del escritor Ángel Olgoso y la magnífica reseña de Juan Herrezuelo? ¿Para qué repetir lo ya dicho sobre La suave piel de la anaconda? Es lo que pasa cuando uno conoce al autor personalmente, y, para más inri, este tipo tuvo la desfachatez de arrastrarme a sus endiabladas aventuras por toda la geografía española. No, no se contentó solo con ésto, sino que me cogió por la oreja y me introdujo en un avión, yo, que tanto pánico le tengo a volar. Pero no, tampoco tenía suficiente. ¡Una vez me sacó a bailar! Y bailé. Bailamos.Carraspeo, fue el alcohol, que nadie se lleve a engaño. A quien pueda interesarle cómo nos conocimos (aquí). Es mi manera de correr el riesgo y no ser capaz de transmitir la estima que le tengo.

Bailando en la oscuridad muy cerca del abismo de la noche en Barcelona

No quiero escribir una reseña, quiero hablar de él, y la culpa es de la anaconda de los cojones, con su suave piel que te atrapa y no te suelta. En estos relatos vuelvo a reconocer el fulgor de la genialidad, la fuerza concentrada, sintética, de una escena, de un personaje atrapado en una situación. Se diría que las palabras y frases de estos cuentos tan breves son más punzantes, más profundas que en su anterior libro Elefantiasis. Las frases parecen más difuminadas, se encadenan unas a otras con una cadencia distinta, más lenta y melancólica. El alma difusa se muestra más despacio, y es un alma más compleja, más incierta. "La carretera, mientras tanto, pasa a un palmo escaso del abismo". El día de todas las cosas.

Estoy escribiendo una reseña y no la quiero escribir. Hay más sombras y claros aquí y allá. Adivino muchas vidas alrededor de esa vida que se despliega ante nuestros ojos sin llegársenos a mostrar del todo, porque Raúl, que en dos palabras define a un personaje, que con dos pinceladas configura una atmósfera, siempre se mueve en los umbrales, se interna y se echa atrás, y yo lo sigo, me asomo a la oscuridad del zaguán, de una vida, retrocedo, miro el portal, la vida, desde la acera de enfrente, ese trocito de acera, la invento con él, la imagino con él. Eso es lo que me ofrece Raúl, que comparta su mirada, y su mirada viene y va, a veces muy deprisa, otras, más lentas, de dentro afuera de los personajes, de afuera a dentro. Su mirada me dice, aquí tienes a este hombre o a esta mujer, esta es la vida que lleva, y yo soy el que mira, es mi mirada lo que te estoy mostrando, a través de mis ojos ves a este hombre a esta mujer. Haz tuya mi mirada. Comparte conmigo lo que siento al verles, esta mezcla de dolor, de compasión, este deseo de belleza que, pese a todo, algunos sienten. Lo siento dentro de mí, y es lo más poderoso y verdadero, lo mejor que puedo ofreceros.

Estoy intentando describir mi amistad con Raúl y me está saliendo una reseña. Esto es lo que me da Raúl con su literatura, la belleza siempre; en la amargura, en el dolor, en la tristeza, la belleza de la vida, llena de contrastes, de ironía, de miedo, de ilusión. No me propone, como mi admirado Cervantes, que crea otra realidad, sino que mire lo que veo con ojos nuevos, unos ojos que sepan ver en la oscuridad. Porque la vida es, en verdad, muy oscura. Y puede llegar a ser terriblemente amarga, cruel, dolorosa, triste como la muerte. Por eso escribe Raúl, porque la vida es oscura y solo la mirada puede iluminarla, la mirada transformadora en palabras, en relatos. Las palabras de Raúl nacen de la oscuridad y a ella vuelven. Un relato de Raúl es un estallido de vida, un trozo de vida expuesto con luz casi cegadora.

Bebiendo cerveza dorada como el sol en la época elefantiásica bajo el cielo de Alemania

Y ahora voy a hablar de Raúl: "emoción", palabra rara vez mencionada en sus presentaciones. Creo que  escribe movido por la emoción, por la incertidumbre de no saber qué pueden hacer los personajes con sus emociones. Creo que le interesa lo más íntimo de las personas, ese núcleo que los hace ser y comportarse de determinada manera. Muchas veces presenta a estos personajes en un momento decisivo de sus vidas, cuando el alma asoma necesariamente a la superficie, cuando aflora la verdad esencial. Aunque no exista en términos objetivos la verdad, cada ser humano tiene su verdad. Siempre deja un amplio margen para el juicio del lector, para la discusión y la lectura inagotable. Es que, por encima de todo, le interesa el mundo interior de sus personajes, su estupor - muchos de ellos son presentados ante nosotros en el instante de mayor perplejidad -, sus dudas, su dolor - también muchos de ellos nos miran en un momento de intenso dolor - y sus melancolías - sobre todo, que en el fondo de sus almas sienten verdadero horror hacia la sociedad en la que viven. Raúl acaba situando a los personajes en el lugar central, y, aunque los males que aquejan a la sociedad no empalidezcan, el personaje se impone. Sus relatos no buscan nuestro asombro, no persiguen sorpresas, no recurren al golpe de efecto. Buscan algo mucho más intenso, una reacción en el mundo de nuestras emociones. Las emociones que están ligadas a nuestra ética y estética en un mundo en descomposición.

Esto se está haciendo largo y sigo sin hablar de él. Sin embargo, más que ninguna otra cosa, es el gran equilibrio de Raúl lo que nos emociona y admiramos, nuestra conciencia como lectores de que relato a relato, paso a paso en la esfera de la existencia humana observable, la medida de Raúl es perfecta. Dado los temas, los personajes y las acciones que pone en juego, automáticamente tenemos la sensación de que todo lo importante está siempre presente en él. Y por esa razón nuestras imaginaciones se ven espoleadas a saber exactamente a qué responde esa gran equilibrio, cuál es la urgencia subyacente por la que casi todos los relatos de La suave piel de la anaconda nos llevan a sentirnos, gozosa y dolorosamente, más asentados en la vida. El perturbador efecto de belleza exquisita en la vida cotidiana: pérdida, dolor, pesar. Una perspectiva muy poco halagüeña. Pero ¿quién no la ha vislumbrado de manera fugaz entre los encantos más prometedores de la belleza, y la ha apartado bruscamente de su vista? Apenas nunca da a entendernos que la vida no merece la pena vivirla, ni nos hace sentir desorientados o demasiado en deuda con su genialidad. Por el contrario, en un acto de empatía cuyo mensaje es que la vida es básicamente como la conocemos en nuestros esfuerzos por aceptarla y seguir adelante.

Raúl, te prometo que te llamaré el domingo por la tarde.
A tu manera.


12 comentarios:

Lo Siento por Interrumpir dijo...
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39escalones dijo...
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Elena Casero en Veges tú dijo...
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Mita dijo...
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chanclas dijo...
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Juan Herrezuelo dijo...
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Juanjo Montoliu dijo...
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Miguel Sanfeliu dijo...
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Raúl dijo...
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Francisco Ortiz dijo...
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Raúl dijo...
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Francisco Machuca dijo...

Pido disculpas por todos los comentarios eliminados.Ha sido debido por un fallo técnico.Espero que pronto se solucione.

Gracias.