sábado, 26 de mayo de 2012

Utopía y distopía


"Las mejores utopías son aquellas que más ampliamente fracasan".
Fredric Jamenson, Arqueología del futuro, Akal, 2009

Milan Kundera sostuvo en una entrevista que toda utopía comienza siendo un enorme paraíso que tiene como anexo un pequeño campo de concentración para rebeldes a tanta felicidad; con el tiempo, el paraíso mengua en bienaventurados y la prisión se abarrota de descontentos, hasta que las magnitudes se invierten. Como elemento psicológico de la psique humana, lo utópico, la impresión de que algo mejorará en el futuro, de que todo será mejor, guarda poderosas relaciones con nuestra búsqueda del sentido de la vida y de los objetivos que nos planteamos en ella. Cada vez que nos decimos a nosotros mismos: "mañana me levantaré antes y podré desayunar tranquilamente en el bar que está cerca de mi trabajo" o "cambiaré de trabajo y desarrollaré todas esas ideas que siempre he querido promover", en realidad estamos dando rienda a nuestra faceta utópica. Y a partir de las características de dichos deseos podríamos reflexionar sobre nuestro propio ser.

Utopía ha habido y habrá siempre en la historia de la humanidad a menos que seamos lobotomizados y se nos extirpe la fantasía. Como muestra, escribo justo tras los levantamientos en Egipto y Túnez, con el sueño de un mundo diferente, en medio de la spanish revolution que está teniendo lugar en la Puerta del Sol de Madrid, en mayo de 2011, y a las puertas de lo que podría quizá ser futuras iniciativas utópicas frente a la complejidad actual del planeta. Sean cuales sean las posturas personales ante estos movimientos, sirven para demostrar que lo utópico no es algo del pasado, de los sueños ilustrados del XVIII o de los grandes proyectos político-económicos del XIX, sino un movimiento siempre vivo y dinámico.


 Del mismo modo, si aceptáramos de que la utopía constituye un sentimiento innato de cualquier ser humano, deberíamos aceptar que lo distópico representa la realización de nuestros temores en el futuro: "Si este tipo llega a jefe, se acabará la posibilidad de diálogo y toda la oficina caerá en una era de oscuridad" o "si me casara con esta chica, mi vida sería una lucha para que su familia no invadiera todos mis fines de semana y gran parte de mis vacaciones". Por consiguiente, podemos afirmar que vivimos en un juego constante entre lo utópico y lo distópico.

La palabra utopía, del griego ou-topos, fue acuñada por Thomas More con el sentido de "lugar que no existe". El filósofo escribió el conocido ensayo Utopía (1516), donde proponía una sociedad ideal en la que los seres humanos podrían alcanzar la felicidad, y dicho término es el que se utilizó a partir de entonces para denominar todas las propuestas literarias de idéntica temática. Pero conviene recordar que ese tipo de obras ya existían con anterioridad al libro de More. Al respecto, el ejemplo más célebre es la República, de Platón, del siglo IV antes de nuestra era.


El término distopía fue propuesto por primera vez por John Stuard Mill, quien lo usó en un discurso parlamentario para designar una utopía negativa. A menudo es sustituido por el de anti-utopía, menos extendido, pero que tiene significado idéntico. Dado el origen y significado etimológico de la palabra utopía, el término "dis-topía" no parece muy acertado desde un punto de vista literal, punto que estrictamente significaría algo así como anti-lugar. No obstante, es el término que más se ha extendido, con su giro etimológico poco culto, pero con una mayor eufonía que el menos afortunado antiutopía que, con todo, es usado a menudo por la academia anglosajona. Sin embargo, la Real Academia Española sigue hoy en día sin admitirlo en su diccionario, la necesidad de definirlo ya no parece tan superflua.


Si pensáramos que el tiempo es un esquema cíclico como el referido por la célebre frase del Eclesiastés: "Nada nuevo bajo el sol", no podríamos aceptar que las sociedades cambian, que ningún sistema es único ni eterno. El mundo gobernado por la nobleza y la religión postulaba que no era posible, ni siquiera deseable, un cambio en los sistemas sociales. Los siglos XVIII, XIX y XX demostraron que tales cambios no solo eran posibles, sino inevitables. Ante estas ideas agobiantes de que el futuro no ha de parecerse al presente, nuestro paradigma posmoderno preconiza que ese futuro no tiene por qué ser mejor. En este punto nos encontramos enfrentados, por desgracia, con los ideales de la entusiasta Ilustración. Evidentemente los fascismos de principios del siglo XX (con la especial relevancia del nazismo), los desastres provocados por la Segunda Guerra Mundial. la Guerra Fría, los terribles conflictos bélicos, el miedo al holocausto nuclear, la pobreza mundial, el avance vertiginoso y relativamente incontrolable de los cambios tecnológicos y el progresivo e impune dominio de las empresas multinacionales han desembocado en una explosión de distopías a través de numerosos lenguajes estéticos. Por este motivo la distopía se ha convertido en el síntoma más expresivo del paradigma posmoderno, si entendemos dicho paradigma con aquel en el que todo sistema cultural es sospechoso de falibilidad.


Distopía no es más que la extrapolación de los inconvenientes derivados de la aplicación absoluta de un determinado sistema a partir de un sofisma, tal y como el ser humano ha aprendido tras la puesta en práctica de numerosos sistemas de todo tipo. Contra los postulados idealistas del comunismo, nos encontramos con el desastre soviético; contra los del capitalismo, la pobreza del Tercer Mundo y la crisis económica e intelectual, además de sus permanentes choques con los descubrimientos científicos; contra la democracia, las minipulaciones e imposiciones del presente. A mi juicio, el problema de las utopías es que pretenden ser universales, válidas siempre y para todos los seres humanos, independientemente de su individualidad. Y esto, por muy arrogante que me ponga, solo puede ser una fantasía.

"La estupidez es una enfermedad mortal, contra la que deberíamos vacunarnos, porque en un plano personal produce desdicha y en el plano social injusticia, que es otro tipo de desdicha".
José Antonio Marina, La inteligencia fracasada

De momento, mi pequeña utopía, tras redactar este texto, es servirme un whisky, encender un cigarrillo y poner en mi equipo de música Take Five, de Dave Brubeck, antes de que la distopía me la arrebate. Al tiempo.


23 comentarios:

Kinezoe dijo...

Supongo que, como bien dices, es siempre una lucha constante entre utopía y distopía lo que vivimos. Curioso que la RAE aún no haya aceptado el término. Se resiste al cambio... En fin, me uno a tu pequeña utopía del whisky y el jazz.

Un fuerte abrazo y que sea lo que tenga que ser.

Marián dijo...

Le acabo de descubrir y estoy impresionada...

Mita dijo...

Te encontrarás con el "Devenir", se te acabará el whisky, el disco y el cigarrillo
Todo en un continuo movimiento bucando definición a través del lenguaje.
Besitos

Luis Recuenco dijo...

En las clases de economía te dicen que un empleado es alguien con 'aversión al riesgo', que suena a síndrome patológico, un síndrome que el empresario, en cambio, no padece. Es tan enorme la estupidez que abandoné las clases de economía.Pero tras leer tu post una certeza íntima se me ha hecho patente, y es que el ser humano, paradójicamente, tiene aversión a lo utópico, a la perfección. Y no por vocación o convicción sino porque lo lleva en los genes. Existimos para sufrir y para hacer sufrir, aunque sea sin querer, y no podríamos existir en la isla de Utopía porque no sabríamos adaptarnos a un entendimiento perpetuo.

Un abrazo.

Juan Herrezuelo dijo...

También yo, leído tu texto, me enciendo un cigarrillo –es mi última semana de fumador- y doy rienda suelta a mi imaginación llevado por ese tema musical que uno lleva grabado en la memoria pero del que nunca recuerda ni el título ni el autor, y que parece hecho para la ejecución en solitario de un robo de guante blanco minuciosamente planeado. Tal vez esa ciudad por la que tú me preguntas en el Loser sea esa utopía de la que hablas aquí, pero abandonada y fantasma y con un rótulo nuevo que dice “Loquepudohabersidoynofue”, que es como acaban llamándose todas la utopías. Un abrazo.

Francisco Machuca dijo...

Kinezoe

Lo malo de las utopías modernas es que se han convertido en un canto de sirena muy rentables para los del poder.Nuestras actuales utopías personales se reducen a tener un trabajo fijo,seguir consumiendo cosas innecesarias y jubilarnos con una buena paga,al fin y al cabo,para acabar mirando la tele y con las manos cruzadas sobre nuestros riñones contemplando una obra abandonada por falta de capital.

Un abrazo.

Francisco Machuca dijo...

Marián

Bienvenida.Impresionada por la utopía o la distopía,seguramente.

Besos

Francisco Machuca dijo...

Mita

Muy bien expresado,amiga."Devenir" de lo irreparable.

Besitos

Francisco Machuca dijo...

Luis Recuenco

Tus comentarios siempre enriquecen,amigo.

Un abrazo.

Francisco Machuca dijo...

Juan Herrezuelo

Un mundo imaginario interior,sinceramente ayuda.Materializarlo nos convierte en dictadores.
¿Ya dejas de funar? Si lo consigues cuéntame el secreto.Estaría bien poder escribir sobre las cosas que abandonamos y las que nos abandonan.

Un fuerte abrazo.

39escalones dijo...

Querido Paco, yo me quedo en esa célebre sentencia, no sé si de Mark Twain, que dice eso de "un optimista cree que vive en el mejor de los mundos posibles; un pesimista sabe que es cierto".
A tu salud, amigo.
Abrazos

Hermes D. dijo...

Me gustó mucho este texto.
Intuyo que ambas caras de la moneda son inevitables, pero sin duda la humanidad ha avanzado a partir de utopías, por más que esos avances nunca hayan llegado ni remotamente a concretar las ideas utópicas que los motivaron. En cambio, en esta actualidad distópica (¿existirá esta palabra?) nos hemos acostumbrado a volar bajo, convencidos (equivocadamente) de nuestra incapacidad para cambiar el mundo. Y entonces buscamos nuestro ideal contemporáneo: el confort. Una utopía: que caiga el imperio de los anestesistas.
Un abrazo.

Licantropunk dijo...

Fíjate si es distópico tu texto, que parece ser que lo escribiste durante la primavera árabe del año pasado, tiempo de esperanza y cambio, y nos lo ofreces ahora: sí que ha habido cambio, sí, pero poca esperanza en él. El futuro que se avecinaba a degenerado en un peor todavía.
Saludos.

Francisco Machuca dijo...

39escalones

Dos citas más de Twain que me gustan mucho:

"El hombre es un experimento;el tiempo dirá si valió la pena".

"Yo no pregunto de qué raza es un hombre;basta que sea un ser humano;nadie puede ser nada peor".

Un abrazo

Francisco Machuca dijo...

Hermes D.

El progreso que ha ido desarrollándose ha sido para los que pueden costeárselo.Los derechos más básicos de una sociedad como la vivienda,la salud,la educación,etc.,vuelven a estar en aras de su desaparición.La mayoría de los avances de la civilización se han convertido en una trampa.La vivienda,después de abandonar la cueva hemos llegado a las grandes hipotecas.No hay nada más lamentable que trabajar para un banco.La salud se esta encaminando para quien pueda pagarla.¿Qué sucedera cuando desaparezca el petroleo?No queda mucho.El hambre nunca ha desaparecido de este cochino mundo.El mundo laboral es un infierno.El progreso ¿para quién?Estamos condenados a la barbarie.La civilización es una fina capa de barniz.

Un abrazo.

Francisco Machuca dijo...

Licantropunk

El antes y el después.Las ilusiones de un momento determinado y a lo que llegamos.No tenemos remedio.No hay solución.

Un abrazo.

Raúl dijo...

Tu lado existencial -no sé yo si algún otro lado del poliedro que eres tiene alguna otra naturaleza distinta- provoca en mí reflexiones que, la mayoría de las veces, me acojonan.
Tómatelo como un cumplido.

V dijo...

En ocasiones uno tiene la tentación de ver ambos conceptos como las famosas dos caras de una misma moneda. No es así como bien demuestra este texto tan formidable. Lo distópico no tiene por que ser necesariamente el reverso de lo utópico, sino una desviación que lleva a otra parte no deseada. Excelente una vez más, y muy rico. Me encantó como enlazaste a Moro con el Eclesiastes. Perfecto.

Francisco Machuca dijo...

Raúl

Es que la inquietud se palpa hasta en los pájaros.Vivo en la parte alta de la ciudad y por las noches las gaviotas se asientan en el tejado de mi edificio y se pasan toda la noche girtando como locas.¿Por qué no se van al mar?Me están perturbando el sueño.Parece una película de ciencia ficción apocalíptica. Hitchcock sabía más que yo de todo esto.Todo se vuelve extraño,enrarecido,perturbados,inquietante si añadimos el giro que ha dado el mundo.

Un abrazo.

Francisco Machuca dijo...

V

Leí hace muchos años la Biblia y el desastre ya está en el Génesis.

Un abrazote.

Anónimo dijo...

Aún sigo pensando...
Besos
Hildy

Francisco Machuca dijo...

Hildy

Ojalá fueran unos pocos más,mi querida amiga.

Besos

Marcos Callau dijo...

Take five y whiskey es una utopía inmejorable. Si me lo permites, me identifico con el utópico que describes al comienzo del texto, que se levanta más temprano para desayunar en una coqueta cafetería, al lado del trabajo. Lo hago frecuentemente. Me gustan los Cafés, no lo puedo remediar. Por mucho que en casa tenga una cafetera nueva, debo irme al bar. Supongo que el ser humano necesita de la utopía como del aire para vivir. Qué sería de nosotros si sólo fuéramos distópicos. Ahora que lo pienso, mi mayor utopía puede ser Sinatra... Compartamos, entonces, ese whiskey! Un abrazo.