jueves, 21 de junio de 2012

En ruta



Oregón, 1933. A través de las desventuras de un violento revisor de tren, Shack (magnífico Ernest Borgnine), evoca a la perfección el clima de la Depresión, que estaba presente en el mundo rural como un fantasma de miseria humana, tanto material como moral. Shack, orgulloso de su tren, está dispuesto a defender por la fuerza el convoy de polizones y vagabundos. Pero, al final, será derrotado por un desheredado de la fortuna.

Aparentemente sin argumento, su guión literario es denso: ese tren que cruza el Estado viene a ser como el símbolo del progreso, del resurgir de un país en crisis, que intenta coger en marcha el vagabundo protagonista, A- número 1 (el gran Lee Marvin), para no quedarse atrás: el pueblo, con ánimo de sobrevivir; mientras el jefe del convoy - el temido tren número 19 - viene a representar el poder, la autoridad constituida, que encarna el duro Shack, tan exuberante como de costumbre. Y el enfrentamiento de ambas fuerzas es neutralizado en parte por un representante de la nueva generación, la juventud (el personaje que incorpora Keith Carradine) creída y fantasiosa, pero inoperante. Ésta es una segunda lectura que podemos hacer a la trama del filme El emperador del norte (1973), de Robert Aldrich, con voluntad hermenéutica.


Todo ello ha sido narrado con buen ritmo por el siempre excelente Robert Aldrich, con apenas concesiones a la galería, sin baches de interés ni lagunas de fondo, con una violencia interna que a veces se concreta en una brutalidad guiñolesca, de una dureza escalofriante al final y un tanto desmedida como ya es habitual en este realizador de la generación perdida. El relato, perfectamente subrayado por la balada A Man and a train, original de DeVol, testimonia el ambiente rural de los años 30 y describe con precisión a unos tipos humanos. Al mismo tiempo, ofrece una profundidad psicológico-existencial poco corriente en esta clase de películas, la cual de algún modo desvela la postura algo ácrata de su desaparecido autor, quien había aprendido el oficio como ayudante de dirección de Lewis Milestone, Jean Renoir, Joseph Losey y hasta de Charles Chaplin que, en 1954, ya había fundado su propia firma productora The Associates and Aldrich.


El emperador del norte es una película con clase, inolvidable. Secuencias tan logradas como las correrías del tren al amanecer o las de los vagabundos haciendo ladrar a un policía, son buena prueba de ello.



Si sois de aquellos que gustan de las historias de trenes de cuyos vagidos estremecieron los amaneceres y cruzaron los paisajes de la desoladora Historia con orgullo, pero con el inconveniente de aquellos audaces vagabundos que no se resignaron a la pasividad, os recomiendo En ruta, del gran Jack London.


12 comentarios:

Anónimo dijo...

... ¡El emperador del Norte! es una de mis películas siempre perseguidas... y todavía no vistas.
Me interesa mucho Aldrich (y me queda mucho por conocer de su filmografía). Qué bueno leer tus impresiones. Qué bueno. Tengo muchísimas ganas de conseguirla...
De Aldrich me fascinan muchas de las que he podido ver pero intensamente The Big Knife.

¿Sabes? Hoy me voy a ver en pantalla grande, CENTAUROS DEL DESIERTO. Qué ganas.

Beso
Hildy

Marcos Callau dijo...

Si, me identifico plenamente con aquellos que adoran las películas de trenes. Además Lee Marvin y Borgnine son razones más que convincentes. Un abrazo.

Luis Recuenco dijo...

No sabes hasta qué punto me estremece el cine. Y tu detalle me ha estremecido casi hasta ese punto.

Un abrazo

Luis Recuenco dijo...

Por cierto, mi padre, Ray Bradbury, ha fallecido, y tengo la seguridad de que estaría orgulloso de nosotros.

39escalones dijo...

Pe-li-cu-lón. Del cine que ya no se hace, ni se hará (¿cómo, si ahora todos montamos en AVE?). Marvin y Borgnine están soberbios. Además, como todas las cintas de trenes (me acuerdo de "El tren", de Frankenheimer, filmada en instalaciones inoperantes de la red de ferrocarriles francesa con material obsoleto pero auténtico), se trata de una película complicadísima de rodar, en la que hubieran podido fallar millones de cosas, pero cuya perfección formal y narrativa resulta asombrosa. Extraordinaria.
Abrazos

chanclas dijo...

El TREN con mayusculas ha tenido siempre un gran atractivo para mi. Cuantas escenas soberbias del cine han tenido como protagonista o escenario el tren.
Mas alla de esta magnifica pelicula está ese actor que siempre me cautivó. Ese camaleonico Ernest Borgnine, tras cuyo rostro duro y feo se adivina un ser humano todo corazón.
Un abrazo

Mita dijo...

Al ver raíles lo primero que he pensado ha sido en Europa de Lars von Trier.
La música de este video me va animando la tarde, me gusta.

Besos

Licantropunk dijo...

Qué gran película. Mencionas a Aldrich como ayudante de Jean Renoir (en vez de Ronoir, supongo). Por edad no debió ser con "La bestia humana" ¿verdad? Nunca monté en tren como en las imágenes del genio francés.

Saludos.

Raúl dijo...

Esos planos generales en los que al pasar el tren por algún puente se ve la depresión, la pura realidad de un país esquilmado por el hambre y la avaricia, en lugar de descansillos oxigenantes, resultan todavía más claustrofóbicos para la historia.
maravillosa película.

J.C.Alonso dijo...

“El emperador del Norte” es una pequeña obra maestra de ese artesano de la cámara que fue Robert Aldrich. Comparto todo lo escrito en tu reseña y añado otras películas de trenes basadas en esplendidas novelas con las que me he identificado; “Deseos Humanos” de Fritz Lang sobre Emile Zola remake de “La bestia humana” y misma obra de Jean Renoir, “Extraños en un tren” adaptación del maestro Hitchcock de la gran Patricia highsmith con Raymond Chandler en el guion. Luego, vi esta rareza “Al otro lado del puente” basado en una novela de Graham Greene muy curiosa. Otras que me encantan a partir de guiones originales son: “El Tren” de John Frankenheimer y “Europa” de Lars Von Trier, exquisitas. Me gustan los trenes, las historias de vagones, los raíles y ahora la alta velocidad. Tengo muchos recuerdos de viajes con mi familia de sur a norte y aquellas interminables largas horas de tren, hermosas y nostálgicas. Me gusta tu blog. No sé cómo hacerme seguidor, pues no veo barra del google friend. Yo voy a ponerme el tuyo entre mis blogs preferidos, que sigo. Es un placer leerte. Si quieres darte una vuelta por mi casa ahí te dejo la url. Saludos cordiales
http://elinquietantebypass2010.blogspot.com.es/

Luis Recuenco dijo...

El 21 de junio, este día, es por casualidad mi santo. Menudo regalo. Gracias.

Luis Recuenco dijo...

Por cierto, Borgnine también ha muerto. Nos vamos quedando sin referentes.