miércoles, 27 de junio de 2012

La belleza de la autodestrucción


 "Ahora es más tarde; aquello era entonces."

"Me gustan las grandes viejas lágrimas."
Duke Ellington

Cojo de nuevo el maravilloso libro de Geoff Dyer, Pero hermoso. Suena en mi equipo de música Ben Webster. Geoff, con agudos conocimientos de las biografías de los músicos y la impresión de la misma música de los artistas y las fotografías que va mirando, fabula siete relatos con una poética hechizante, acerca de Lester Young, Bud Powell (que fue al piano lo que Charlie Parker al jazz en general), Charles Mingus, Chet Baker, Ben Webster (si te gusta el jazz tiene que gustarte Ben porque podría gustarte el jazz y no Ornette, tal vez, incluso Duke, pero es imposible amar el jazz y no amar a Ben), Thelonius Monk y Art Pepper, todos hilvanados por una guía general, también imaginada, acerca de un viaje en coche a través de la América de Duke Ellington y Harry Carney en una de sus giras. Es todo un placer leer estos cuentos dedicados a estos grandes artistas y escuchar su música al mismo tiempo, y así lo recomienda Geoff, y así lo constato ahora.

Ben Webster

En estos relatos amenaza el caos procedente del arte o del pensamiento, irrumpe siempre en la vida allí donde la seguridad amenaza con convertirse en lo realmente amenazante: en lo que en verdad genera el caos. Cuanta mayor sea la seguridad tanto más exiguo será el interés que el ser humano posea en la vida. Para el mundo actual que en nada está tan unido como en su constante demanda de seguridad, nada es tan necesario, si no quiere dejar totalmente de vivir, como la conciencia del caos que lo rodea.

Billie Holiday

Si debo ser sincero, echo en falta en este libro a Billie Holiday y Charlie Parker. A Billie porque tenía la cualidad de penetrar en la intimidad de quien la escuchara. En el dramatismo de su estilo hay siempre algo de la soledad que todos hemos padecido y padecemos, están el desamparo del huérfano, y el desconsuelo de quien nunca podrá encontrar el amor y lo sabe. Billie, la más dolorosa de todas las cantantes de jazz, la voz maestra de cada pena, la voz que no nos atrevemos a escuchar en nosotros mismos pero que ella se echa encima, en nuestro nombre, como un Cristo negro femenino, Cristo crucificado que carga con todos nuestros pecados. Y Charlie Parker, que ya conocemos todos su genialidad como músico y su trágica vida. El jazz es fuerza, sentimiento y autodestrucción.

 Lester Young
Art Pepper que se abrió paso hacia un estilo maduro, influido por Parker, de profunda emotividad. Pepper que ha pasado más tiempo en cárceles y reformatorios que fuera de ellos, es otro ejemplo especialmente lamentable de los efectos desastrosos que ha tenido la heroína sobre las vidas de los mejores músicos de jazz. Muy recomendable su conmovedora autobiografía.


Suena ahora la obra maestra de Miles Davis, Kind of Blue. ¿Qué decir entonces del jazz, que desde su comienzo parece que ha causado estragos entre quienes lo hacen? ¿Cómo hubiera podido un género artístico desarrollarse con esa velocidad y con esa intensidad emocional sin exigir un enorme tributo humano? Prácticamente todos los músicos de color de jazz fueron objetos de la discriminación racial y los malos tratos (Art Blakey, Miles Davis y Bud Powell recibieron palizas de la policía). Mientras que los contemporáneos de Coleman Hawkins y Lester Young, que dominaron el jazz en los años treinta, acabaron alcohólicos.

 Miles Davis

El daño producido en los músicos de jazz es tan grande, que uno se pregunta si no habrá algo en el género mismo que exige un tributo terrible a sus creadores. En un lugar común en el arte que el trabajo de los expresionistas abstractos los empuja de alguna manera hacia la autodestrucción.

En cuanto música de rebeldía, ahora el jazz es una cosa a la que la gente llega tras hartarse de la vulgaridad de la música actual, es poco probable que el jazz vuelva a alcanzar la misma concentración de emociones que en los tiempos de Parker o Coltrane, y, por otro lado, el jazz nunca será música para un público de masas y las vidas de quienes lo practican son aún económicamente precarias.

Suena en estos momentos Chet Baker. Leo otro relato de Geoff, lleno de sentimientos y autodestrucción. Un mundo difícil... pero hermoso.


7 comentarios:

Axis dijo...

AMO EL JAZZ,
y definitivamente ADORO a BEN!!!!

Y esa trompeta de Chet sonando y esa voz... ahhh...este tema es maravilloso!!

Por cierto, quiero ese libro! jajaj
Yo tengo uno de Herman Leonard muy hermoso.

Besos querido,
después de un largo tiempo ;)

39escalones dijo...

¡¡Qué maravilla de texto!! De todo, sobre todo, me quedo con las referencias a Billie.
Abrazos

Kinezoe dijo...

Esta entrada me ha encantado, Francisco. Por el tema tratado y porque me has puesto tras la pista de uno de esos libros que sé que disfrutaré. No puedo estar más de acuerdo con todo lo que dices. El jazz es un género que lleva mucho de autodestrucción en sí; es inherente a su naturaleza. Algunas piezas son auténticos y desgarradores lamentos.

El otro día volví a ver "Alrededor de la medianoche" de Bertrand Tavernier, con un magnífico Dexter Gordon en la piel de Lester Young. Impresionante. Como impresionante es también el tema musical que nos has dejado. Chet Baker... otro que acabó destrozado por las drogas... Cuánta belleza hay en la autodestrucción del jazz, amigo. Me voy a una librería a preguntar por ese libro ;-)

Un fuerte abrazo.

J.C.Alonso dijo...

Francisco,amo el Jazz y el Noir.Chet,Billie,Charlie,Peppe o Blakey.La noche,el insomnio,el olor a tabaco,alcohol y todo lo que uno necesita para saciar la soledad.Tengo unas fotos que queria colocar en el blog com el titulo malditos del Jazz.Hay que estar dentro y escuchar los deliciosos epitetos que le dedicaba K.Richards a estos genios,gracias por este homenaje y perdon x la ortografia,pues el post lo estoy redactando desde un movil. Un abrazo

Anónimo dijo...

Jazz y literatura... qué mezcla más atrayente. Jazz y cine... cuánta pasión

... y la belleza triste en el proceso de autodestrucción...

Cuántos nombres, cuánta buena música, cuántas voces, cuántas letras desgarradas...

La frase con la que abres el post de Duke me transmite todo un mundo de sensaciones, historias, palabras... "Me gustan las grandes viejas lágrimas"...

Un gusto como siempre leerle y aprender.

Besos
Hildy

Marcos Callau dijo...

Voy a puntarme este libro del que nos hablas hoy, Paco. Ahora mismo mi poco tiempo libre está ocupado, entre otras cosas, por los documentales de Ken Burns que se recopilan bajo el tìtulo "La historia del Jazz" y creo que la obra que hoy nos traes complementaría a la perfección. Enhorabuena. Me ha gustado mucho este texto. Un abrazo.

Josep dijo...

Ese libro no lo conocía, amigo Paco, así que lo apunto rápido: de lo que escribes, diría que lo suscribo todo y aún diría más: escuchar jazz de toda esa gente -y más de Webster, para mi gusto el mejor saxo forever- es recomendable no tan sólo como obligado acompañamiento de esas páginas que recomiendas: diría que para leer cualquier buen libro, el jazz es la música acompañante ideal.

Un abrazo.