sábado, 7 de julio de 2012

22 minutos de dos grandes silencios


Film (1965) es un cortometraje de veintidós minutos dirijido por Alan Schneider y escrito por Samuel Beckett. Es la única experiencia específicamente cinematográfica de Beckett, y, sigue siendo casi cincuenta años después de su realización una especie de obra maldita. La incursión de un escritor en el campo cinematográfico no dejaba de ofrecer un atractivo morboso para quienes disocian cine y literatura como universos significativamente distintos antes que como lo que son, dos formas diferentes, específicas, de significar una realidad más común a menudo de lo que a primera vista parece.

En el caso de Film el interés se acrecentaba por la presencia en el cast de Buster Keaton, lo que para muchos puristas momificadores era poco menos que una sacrílega desfachatez. Unos tacharon a Beckett de explotador del nombre de uno de los más grandes del cine. Otros, con miopía similar, dijeron que Film era, en el fondo, una biografía de Keaton. Ni los unos ni los otros demostraron tener la menor idea de lo que representaba o intentaba representar la escritura beckettiana, ni, al parecer, entendieron en absoluto Film.

 Samuel Beckett podía estar con alguien y marcharse una o dos horas después sin haber pronunciado una sola palabra.

Lo curioso del caso  es que Film, sin dejar de ser específicamente beckettiana (la culminación en cierto sentido de toda su trayectoria) es asimismo tan de Keaton como sus grandes clásicos anteriores a la venida del sonoro. Esta aparente ambivalencia es una de las razones de su riqueza significativa. Keaton aceptó participar en este proyecto porque necesitaba el dinero, aunque nunca entendió nada de todo aquello. La escena del encuentro entre el gran dramaturgo y el gran actor parece tomada de Esperando a Godot. Aparentemente fue un encuentro absurdo. Sin embargo no deja de ser simbólico que lo más comunicativo de aquella inexistente conversación fueran precisamente los silencios, tratándose de dos genios que han hecho del silencio su lenguaje. Ese especial tipo de silencio es lo que une dos obras aparentemente dispares.

 Buster Keaton es modernismo, actual. Hoy estamos viviendo, junto a él, situaciones, acontecimientos que nos llenan de un estupor que nos paraliza, nos petrifica, nos fija, nos inmoviliza, incapaces ya de reaccionar, tal como era él.

Ni el histrionismo de Zeno Mostel ni el sentimentalismo chapliniano tiene nada que ver con la frialdad y la indiferencia distanciada  de los personajes de Beckett. Solo la impasibilidad keatoniana se acerca. Que Keaton rechazara  representar Esperando a Godot en el estreno americano no niega esta evidencia. En todo caso obliga a matizarla. En efecto, lo que separa los respectivos mundos de Keaton y Beckett es quizá, el carácter más violentamente primario, celular de aquél frente a la elaboración y celebralismo de la concepción beckettiana. Desde el punto de vista del material de trabajo la trayectoria de Beckett tiende a un espacio que desde un principio fue propio de la obra de Keaton. Si el actor no lo supo entender así lo único que puede concluirse es una verdad tan evidente como generalizada: no siempre el artista es capaz de medir el alcance y la significación de su propia obra.


Film me sigue fascinando, quizá, por el enorme aprecio que siento por estos dos grandes artistas del silencio, y porque tienen muchos puntos en común, como por ejemplo, la inexistencia afectiva de las clases sociales así como la ausencia del trabajo y el dinero. El espacio en que sus personajes se mueven tiene, en efecto, pese a que en ocasiones aparente lo contrario, un carácter absolutamente abstracto. Si Shannon busca empleo en la maravillosa El Cameraman (1928), es porque desea trabajar junto a la mujer que ama, no porque objetivamente lo necesite. Si Rollo en El navegante (1924) es millonario, su posición no posee ningua incidencia en el desarrollo de la acción. Asimismo en Siete ocasiones (1925) Jimmy lucha por conseguir una herencia, pero solo en la medida en que tal tarea forma parte del sostén argumental de la película, sin mayor significación. En El maquinista de la General (1926) lo que hace que la chica le rechace no es su evidente desigualdad social, que nunca se plantea como barrera, sino el que se le considere un cobarde por no alistarse en el ejército.


Tampoco trabajan los personajes de Beckett, y si lo hacen (caso de Murphy o Watt, o muy remotamente de Molloy) su trabajo cumple más que un simple papel accesorio y tangencial. Por lo que respecta al dinero, tampoco cumple ningún papel en su obra.

Tema común a todo Keaton y a Film es la imperturbabilidad y constancia con que el personaje persigue lo que desea, sin inmutarse por los obstáculos. Jimmy debe casarse antes de las siete de la tarde para así cobrar la herencia. Rollo debe conseguir a su amada, etc. Que por una vez en Beckett la persecución acabe favorablemente para el perseguidor (Keaton), no deja de ser una curiosa y simbólica coincidencia. Por eso el que dos datos mínimos de Film remitan al mundo keatoniano (al parecer lo que sirvieron a los críticos, aludidos más arriba, para atacar a Beckett) no es nada extraño. Así Keaton, en Film, mira a la pared y cuya estampa rompe a pedazos puede recordar la fotografía del capitán en El navegante, fastidiando la intimidad de Rollo y a su amada, y del mismo modo la fecha en que Beckett sitúa la acción de su obra - 1929 -es a un tiempo la fecha en que se sitúa el fin de Keaton como cineasta y el inicio de su decadencia.


Que Keaton afirmara no haber entendido nada de lo que hacía en Film no elimina que Film sea tan obra suya personal como sus clásicos de la etapa muda en los que su nombre no aparecía como director. La elección de Keaton para el papel protagonista de Film, lo que habría que agradecer es haberle permitido así cerrar con dignidad una de las más lúcidas y brillantes trayectorias de la historia del cine, lejos de la mediocridad de The Railroader, Due marine e un generale y del no por respetuoso menos deprimente pequeño papel de Erronius en Golfus de Roma, de Richard Lester, películas en las que Keaton no hace sino arrastrar la sombra de un pasado glorioso.


4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha encantado este texto... para mí FILM fue todo un descubrimiento. PRIMERO me encontré con el guion y con toda la historia de este proyecto en un pequeño librillo... Después he visto varias veces FILM y me atrae por un montón de motivos. Al igual que crea una gran cantidad de incógnitas, reflexiones...
De lo que estoy segura es que la unión entre Keaton y Beckett no deja en absoluto indiferente.
Siempre que empiezo a ver FILM (últimamente la he visto bastantes veces) siempre me arrastra e hipnotiza. Me provoca un estado extraño.

Besos y gracias
Hildy

Licantropunk dijo...

Habrá que "descubrirla".
Saludos.

39escalones dijo...

Se podría escribir un libro con la cantidad de actores y actrices que han manifestado en algún momento de un rodaje no entender nada de lo que estaban haciendo. En Keaton puede ser incluso un gag; pero, por ejemplo, Cary Grant también dijo al gran Hitchcock no entender nada de lo que hacía durante la filmación de "Con la muerte en los talones", y mira cómo les salió.
A mi "Film" me resulta, curiosamente o no, mucho más entrañable que "Golfus de Roma". El papel de Keaton en esta me parece una "limosna". En "Film" él es la película.
Abrazos

plared dijo...

La verdad es que lo vi hace tiempo y me pareció pretencioso y aburrido. Pero bueno, tu comentario me ha resultado mas entretenido que el recuerdo que tengo de el. Quizás debería de volver a verlo..Los años hacen estragos. Cuídate