miércoles, 4 de julio de 2012

Hoy empieza el mundo



Hoy se puede decir que ha empezado el nuevo mundo, porque las sirenas de la policía, de las ambulancias y la de los bomberos han dejado de sonar y  se han incrementado los disparos y las explosiones en la lejanía, frenazos y derrapes de los conductores suicidas, los gritos de terror, las risas chabacanas y el interminable destrozo de cristales. Muchos cristales rotos.

Lo que empieza hoy no es más que una consecuencia  del otro mundo desaparecido. No aprendimos nada porque no se pudo aprender nada. Nunca hubo tiempo de aprender nada. Sonrío ahora al pensar que en mis últimos años solo vivía preocupado por la amenaza de ser despedido de mi absurdo y explotador trabajo. Nunca llegaba  a final de mes y el sobrepeso de la hipoteca  no me dejaba dormir, y también, podría añadir esa interminable batalla librada con mi esposa ante los tribunales. Me pregunto ahora cómo le irá o si está viva todavía. Y mi hijo Carlos, que se fue con ella y no he vuelto a saber más de él. Creo que será un buen superviviente.


Vivo en una sexta planta y ya ha empezado a subir una horda de salvajes por las escaleras hasta la primera planta. Ruido de puertas que se echan abajo. Saqueos, voces guturales y peleas. Todo esto me lleva a pensar que lo que  rapiñan  no se reparte a partes iguales. Hienas.

No hay electricidad. Toda el agua potable que queda está en los depósitos a muy bajo nivel. Los alimentos escasean y todos los supermercados han dejado ya de abastecer tras los primeros saqueos vandálicos por parte de la policía cuando todavía merodeaban por las calles. Me siento verdaderamente jodido, incapaz de integrarme a esta nueva situación. No me veo saliendo a la calle como un depredador en busca de sustento a cualquier precio. La ley de la nueva supervivencia se me hace demasiado grande. Mi agotamiento psicológico y físico derivado del mundo desaparecido ha hecho mella en mi persona y en mi debilitado carácter. Este nuevo mundo no es para mí. Soy leyenda, como el personaje de la novela de Matheson, pero sin haber realizado todavía ninguna proeza.  
  
Ruido ensordecedor en la tercera planta. Siguen subiendo. Los pasos se multiplican y las reyertas de vuelven más violentas. Me asomo cautamente por la ventana y miro hacia abajo, hacia la gran plaza. El espectáculo es de lo más desolador. Una mujer lampiña y embarazada sigue fielmente a un hombre que camina con paso cauto aferrando un bate de béisbol. Un grupo de jóvenes desaliñados corren tras un perro cojo. Dos mujeres y una niña están rapiñando unos harapos en un escaparate hecho añicos y cien veces ya saqueado. A lo lejos el brutal quejido del perro confirma el éxito de la cacería. ¿Adónde va ese pobre idiota? Camina furtivamente encorvado con un ordenador que acaba de rapiñar. Los cables que se arrastran por el suelo le hacen tropezar continuamente. Se nota que todavía el hambre no está haciendo estragos en algunos de ellos y se aferran como último recurso desesperado a los artilugios del mundo anterior. Creo que estos apegos todavía tardarán en desaparecer, cosas materiales que ya no tienen cabida aquí.  Por una de las calles aparece un hombre que corre aterrorizado y ataviado con un traje hecho trizas y la cara sanguinolenta. Una horda va tras él. No puedo dejar de sonreír. Imagino que el pobre desgraciado podría haber sido un banquero, un ejecutivo o un político que por caprichos del destino ha acabado desprotegido en mitad de la calle y encontrado por las supuestas víctimas que él generó en el otro mundo. Una limusina, sin el parachoques delantero,  entra rauda en la plaza llevándose por delante al hombre del bate de béisbol y a la mujer embarazada. Da un golpe de volante y se sube a una de las aceras y arremete contra las dos mujeres y la niña que todavía estaban rapiñando en el escaparate destrozado y desaparece por otra calle dejando atrás un reguero de polvo, papeles y plásticos.  La única gasolina que queda está en los depósitos de los coches, autobuses y camiones abandonados. Otra explosión a lo lejos. Más disparos. Un camión se acerca con la marcha forzada…


Un fuerte golpe en la cuarta planta. Gritos ensordecedores. Me dirijo hacia la puerta y la abro con mucha cautela y salgo al rellano. Miro por el hueco de la escalera y veo  unos brazos arrojando un cuerpo vivo al vacío. Me introduzco de nuevo en mi piso y echo la cadena. Abro la única botella de vino que me queda. Está caliente pero me sirvo una copa. Enciendo lo que posiblemente será mi último cigarrillo.

Han llegado a la quinta planta. Sigo escribiendo en esta libreta. Echo de menos mi portátil con su corrector y su conexión a internet. Es una lástima que esto que estoy escribiendo no pueda ponerlo en mi desaparecido blog a modo de ficción y saber de la opinión de mis amigos blogueros.
 Me pregunto qué habrá sido de ellos.

Han alcanzado la sexta planta.

    

8 comentarios:

Josep dijo...

Estresante, Machuca: creo que en las rebajas me compro una escopeta, por si las moscas...

Un abrazo.

Kinezoe dijo...

Alguna vez he soñado algo parecido. Tal y como están las cosas actualmente, puede que llegue el día en que se haga realidad...

Un texto apocalíptico muy "disfrutable", amigo. Te dejo. Ya suben por la tercera.

Abrazos.

39escalones dijo...

Pues imagínate: yo vivo en un primero...

El mundo que nos aguarda, ni más ni menos. El político y el banquero embrutecidos por el dinero nos van a asilvestrar a todos.

Abrazos

Raúl dijo...

Apocalíptico, irremediable,... y muy bien construido.

V dijo...

Eres mucho mejor que Richard Matheson, te lo aseguro. Impactante y sin vuelta atrás. Y cuantas cosas dices,compañero. Bueno, en el hipotético caso de que quede alguien para leer esto...Un abrazo.

Miguel Sanfeliu dijo...

Tus amigos blogueros están a punto de llamar a la puerta... :)

Ágil relato posapocalíptico. Angustioso. Y muy bien escrito.

Un abrazo.

Marcos Callau dijo...

Antes de que nombraras "Soy leyenda" en el texto, me estabas recordando ya a Charlton Heston, parapetado en aquel viejo caserón como "The Omega Man". Un relato muy apocalíptico. Sinceramente, espero que no tengas la capacidad de adelantar el futuro que tenía Verne. De lo contrario, habría que echarse a temblar. Un abrazo.

plared dijo...

Me ha gustado ese tema apocaliptico, desde luego esta ultimamente de moda. si le pones unos zombies de relleno, digamos que igual hasta triunfas literariamente. Saludos