¿A qué tuerca se refería Henry James al titular asi su obra maestra Otra vuelta de tuerca? Sin duda, a la tuerca del terror, a su oficio mismo de novelista que, al escribir esta narración, había conseguido el más difícil todavía, había dado una vuelta más a esa tuerca, que había conseguido crear en su relato una auténtica espiral de terror, una espiral que ha fascinado a sus lectores y, a la vez, ha intrigado a la crítica que la ha recorrido una y mil veces a lo largo de todo el siglo pasado, pero que ha sido incapaz de llegar al fondo de ella.
A primera vista, la historia es muy sencilla. Una joven inglesa llega a una vieja mansión en el campo para encargarse de la educación de dos niños que han quedado huérfanos. Poco tiempo después de su llegada, descubre que los niños reciben periódicas visitas de sus antiguos preceptores, un hombre y una mujer que habían muerto hacía más de un año. La institutriz, horrorizada, decide hacer lo posible por defender a los niños, cuya custodia se le había encomendado, y trata de interponerse entre ellos y los dos fantasmas. Escuetamente, esta es la historia que James nos relata en su novela.
El intríngulis del asunto está en la persona que narra la historia. James pone la narración en boca de la institutriz. ¿Hemos de fiarnos de su versión de los hechos? Y más importante aún, ¿quería James que sus lectores tomaran al pie de la letra las palabras de la institutriz? ¿No sería que James mismo había dado otra vuelta de tuerca a la historia, escribiéndola de forma que las palabras de la institutriz pudiesen ser cuestionadas por el lector? ¿O sería eso pasarse de la rosca?
Después de una lectura exhaustiva de la novela, no he encontrado ninguna evidencia de que los niños vieran fantasmas. Los niños siempre, desde luego, nunca admiten haberlos visto. Se trata siempre de conjeturas, de indicios, de suposiciones que recoge y nos transmite la institutriz, que es la que narra la historia. Mi conclusión es que los fantasmas no existieron más que en la mente enferma y perturbada de la institutriz. Es una mujer neurótica, o, más exactamente, una solterona reprimida. Al principio de la historia se había enamorado del hombre que le había ofrecido el empleo, el tío de los niños a los que debía cuidar. Ahí está la clave de la cuestión. Esta soltera reprimida quiere hacer méritos ante el hombre a quien ama y se inventa la historia de unos fantasmas. He aquí la institutriz convertida en una nueva Juana de Arco, desafiando a las fuerzas del mal que supuestamente la amenazan y salvaguardando así la inocencia de los niños que tiene a su cuidado. No se trata, pues, de una historia de fantasmas, sino de un relato psicológico, del análisis de una mujer mentalmente desequilibrada.
Los fantasmas son, pues, representaciones del trasmundo, del subconsciente, de la "otra realidad" que todos llevamos dentro. Lo que ocurre es que la institutriz había reprimido este mundo oscuro y oculto hasta el momento de su llegada a la mansión de Bly. En ese momento, y por diversas circunstancias, aflora a la superficie de su conciencia, se materializa en unos seres fantasmales. El horror que siente la institutriz hacia ellos es el horror que siente hacia sí misma, al descubrir zonas oscuras de su alma ignorada. La institutriz es hija de un pastor protestante, sometida a la rígida moral propia de la Inglaterra victoriana. Los fantasmas que ella ve son consecuencia del choque entre su moral puritana y sus deseos más íntimos e inconfesables. Más que en Freud, habría que buscar en el inconsciente colectivo de Jung, los móviles de la cordura de la institutriz.
Otra vuelta de tuerca es una historia tan rica en posibilidades, que cada lector ha de hacer su propia lectura, aunque esta lectura sea totalmente diferente a la mía. Una lectura que debe servir de aliciente para que el lector la destruya... y construya su propia lectura.
¿Qué es, en definitiva, Otra vuelta de tuerca? ¿Es una novela gótica con su castillo y sus fantasmas? ¿Es una historia criminal, un relato de la serie negra en la que solo falta la presencia de Sherlock Holmes? ¿Es un análisis psicológico, que hay que abordar desde una perspectiva freudiana o jungiana? No es, mi más ni menos, que una escalofriante novela de terror.
Los fantasmas son, pues, representaciones del trasmundo, del subconsciente, de la "otra realidad" que todos llevamos dentro. Lo que ocurre es que la institutriz había reprimido este mundo oscuro y oculto hasta el momento de su llegada a la mansión de Bly. En ese momento, y por diversas circunstancias, aflora a la superficie de su conciencia, se materializa en unos seres fantasmales. El horror que siente la institutriz hacia ellos es el horror que siente hacia sí misma, al descubrir zonas oscuras de su alma ignorada. La institutriz es hija de un pastor protestante, sometida a la rígida moral propia de la Inglaterra victoriana. Los fantasmas que ella ve son consecuencia del choque entre su moral puritana y sus deseos más íntimos e inconfesables. Más que en Freud, habría que buscar en el inconsciente colectivo de Jung, los móviles de la cordura de la institutriz.
Otra vuelta de tuerca es una historia tan rica en posibilidades, que cada lector ha de hacer su propia lectura, aunque esta lectura sea totalmente diferente a la mía. Una lectura que debe servir de aliciente para que el lector la destruya... y construya su propia lectura.
¿Qué es, en definitiva, Otra vuelta de tuerca? ¿Es una novela gótica con su castillo y sus fantasmas? ¿Es una historia criminal, un relato de la serie negra en la que solo falta la presencia de Sherlock Holmes? ¿Es un análisis psicológico, que hay que abordar desde una perspectiva freudiana o jungiana? No es, mi más ni menos, que una escalofriante novela de terror.


7 comentarios:
... es buenísima esta novela... y de las películas que se han acercado a este universo de Henry James y a la 'mirada' que propones y compartes con todos nosotros... se encuentra la impresionante, inquietante y maravillosa SUSPENSE de Jack Clayton con una Deborah Kerr fantástica...
Besos... inquietantes
Hildy
La novela no la he leído -James es una de esas grandes deudas que aún he de saldar con la literatura-, pero recuerdo el efecto que me causó la película hace muchos años, cuando la pusieron en La Clave, de Balbín, mítico e irrepetible programa.
Me fascina esa idea de que nuestros fantasmas/temores adquieran forma más allá de nosotros, de nuestra mente –la criatura de Mary Shelley, por ejemplo-. Por lo demás, seguramente hoy esos fantasmas tendrían muy diferentes rostros, arrastrarían muy diferentes cadenas y emitirían muy diferentes ululatos: los miedos son otros.
Un fuerte abrazo.
Una brillante novela que leí en Octavo de EGB. Precisamente el trabajo que nos encomendó la maestra consistía en averiguar cuál era esa vuelta de tuerca. Nadie lo acertó...ni siquiera la profesora, ya que su teoría se refería a lo enrevesado de la trama y a su final. En cualquier caso, he de leerla de nuevo porque con 17 años sé a qué conclusiones llegué yo en aquel octavo de EGB. Un abrazo!
Le he dado vueltas a la tuerca en innumerables ocasiones, tratando de desentrañar el enigma. Creo como tu que todo el relato está teñido de ambiguedad a propósito. Y siempre nos quedará esa duda. Por mi parte creo que el hecho de que no esté resuelta hace aun más atractiva la novela y la adaptación de Clayton. Saludos.
Estoy contigo, mi querido amigo.
Imitadísima, desde Amenábar a esa versión bizarra española con Harvey Keitel y Lauren Bacall titulada "El celo". Una obra que ha influido decisivamente en el cine gótico; sin ella, "Gaslight" de Cukor o los cuentos góticos de Charles Laughton o Robert Aldrich no podrían ser igual.
Una novela inquietante, casi tanto como pensar si Marcos fue en verdad a octavo de EGB con 17 años, cuando lo normal era cursarlo con 14...
Abrazos
No... en octavo de EGB tenía 14 años... Me han bailado las fechas jeje
Me encantó esta novela, lo primero que leí de Henry James. Me gustó tanto que decidí leer más a Henry James y me compré "Retrato de una dama"... pero luego comprobé que no tenía nada que ver. Ese ritmo que tiene "Otra vuelta de tuerca", que nos hace leer sin parar, esa manera de sumergirnos de lleno en la historia, no están en "Retrato de una dama", libro que aún no he podido terminar. Y no es solo porque el ritmo sea lento o porque dé la impresión de que no sucede nada, es simplemente que no veo por ninguna parte al Henry James que me había cautivado.
Me parece que con esta novela también le dio otra vuelta de tuerca a su forma de escribir.
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