miércoles, 25 de septiembre de 2013

En algún rincón secreto


"Dos verdades que las personas nunca creerán: que no saben nada y que no son nada. Hay que añadir una tercera que depende mucho de la segunda: que después de la muerte no hay nada que esperar."

Giacomo Leopardi, 1798-1837

Me gusta visitar tumbas de poetas y novelistas. Cuando voy a una tumba, es para rendir homenaje a alguien que ha sido importante para mí, es como una peregrinación, una peregrinación laica. Tengo una gran deuda hacia ciertas personas que, por su vida, por su obra, me han hecho tal como soy. Muchos otros, aparte de mí, viven en mí, y, postrarme ante sus tumbas es un acto simbólico, un testimonio de gratitud por lo que me han aportado. Cuando llego a la tumba de uno de estos amigos siento la alegría del encuentro, de sintonizar simbólicamente con alguien que ha poblado mis sueños. Y también está el sentimiento de no ser el único que he hecho ese viaje, que otros lo han hecho antes, que otros lo harán después: hay en ello como una cadena, una filiación secreta.


Tumbas de poetas y pensadores, de Cees Nooteboom habla precisamente de todo esto y mucho más. Es uno de los libros más bellos que he leído en los últimos tiempos, y en él, Nooteboom nos lleva a través de un viaje emotivo por cementerios y tumbas de sus escritores favoritos; además de las magníficas fotografías a cargo de Simone Sassen.


Cees Nooteboom y Simone Sassen

"Unas veces he emprendido el viaje solo por ellos; otras, me encontraba casualmente en las inmediaciones, yendo a otra cosa." Es preferible no estar varios a la vez ante una misma tumba; la sensación experimentada ha de ser privada, íntima por naturaleza. Dice Nooteboom ante la tumba de Marcel Proust en el cementerio de Père Lachaise, París:


"En el largo rato que para entonces ya llevaba allí se habían ido formando un pequeño grupo junto a la tumba; y un rato permanecimos allí todos. Unos extraños reunidos al azar. una pequeña hermandad sumida en un silencio casi de conspiradores, unas personas que no tienen nada que decirse y sin embargo saben algo unas de otras."

A veces encuentro inscripciones de gente que te ha precedido, y eso sí puede ser interesante. Me gusta la paz de los cementerios. "Árboles añosos, desvencijados bancos de madera, sombras que tiemblan al atravesarlos un rayo de sol, paz." Pero si los visito a menudo es por el efecto de los vivos por quienes ya no están aquí, y porque me siendo heredero o hijo espiritual de tanta gente. "Miro con los ojos de muerto y todo es exactamente así. Él había visto con los ojos de su imaginación y yo miro con mis ojos vivos la tumba, que él nunca vio."


Los muertos me han dado mucho, y ante sus tumbas establezco con ellos una complicidad; una complicidad, claro, melancólica: es mi lado crepuscular. A veces veo alrededor de las tumbas el azul de ese nomeolvides. "Encontrar lo que no se busca: eso es lo que le ocurre a uno en los cementerios."

Nooteboom se pregunta: "¿Por qué visitamos la tumba de alguien a quien no hemos conocido en absoluto?", y se responde: "Como se trata de tumbas, todo es irracional. Llevamos flores a nadie, arrancamos los hierbajos para nadie y aquel por quien vamos no sabe que estamos allí. Sin embargo, lo hacemos. En algún rincón secreto de nuestro corazón albergamos la idea de que esa persona nos ve y se da cuenta de que seguimos pensando en ella. Pues eso es lo que queremos; queremos que los muertos reparen en nosotros, queremos que sepan que seguimos leyéndoles, porque ellos siguen hablándonos. Cuando nos hallamos al lado de sus tumbas, sus palabras nos envuelven."


Cuando visito la tumba de un poeta o un novelista tengo la sensación de que lo sé todo acerca de él, pues la admiración es una forma de saber. O, acaso, veo junto a la tumba lo que otro no ve. 

"Cada visita a la tumba de un poeta es una conversación en la cual la respuesta ya está mucho antes que todo lo que nosotros mismos pudiéramos decir. Es una paradoja. Algo se ha dicho ya, pero sin que se haya formulado una pregunta. Hemos venido a dar nuestra aquiescencia, a estar cerca de las palabras que ya se han dicho. el que escribió esas palabras murió, pero las palabras mismas siguen viviendo. Podríamos pronunciarlas en voz alta, como si se las dijéramos a otros. Por eso vamos allí: para oír esas palabras en el silencio de la muerte y a pesar de la muerte."


                                    

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Ed


Ed Wood: nacido en 1924, en Poughkeepsie (Nueva York), pronto  encaminó sus pasos hacia el mundo del espectáculo, formándose en su juventud en arte dramático. Combatiente en la Segunda Guerra Mundial, allí parece que nació su afición a vestirse con ropas de mujer (Ed declaró haber entrado en combate con lencería femenina bajo el uniforme). Tras una ridícula incursión en el teatro con una esperpéntica obra ambientada en la Segunda Guerra Mundial, titulada The Casual Company, Ed decide, ya en la década de los cincuenta, dar el salto a la gran pantalla para rodar una serie de títulos que, como ya sabemos, le harán merecedor del honorable título que carga todavía sobre su huesuda espalda: El peor director de la historia del cine. Tres de los títulos más conocidos: Glen or Glenda (1954), Bride of the Monster (1955) y Plan 9 from Outer Space (1959), el filme que según Ed le convertiría en el nuevo Orson Welles, su verdadero héroe.

Ed Wood

Para mí, Ed viene a representar una metáfora acerca del lado más amargo del mundo del cine, una cruel y sincera imagen sobre ese otro Hollywood, un lugar poblado por una variopinta lista de personajes abocados al fracaso y condenados a vagar por los márgenes de la fábrica de sueños, pero al mismo tiempo, como sucede con Ed, eran capaces de mantener a prueba la bomba un desaforado y constante optimismo en su trabajo, con lo que la historia de este particular director, estandarte de los perdedores del cine, vendría a ser una especie de sentida y emotiva declaración de amor hacia el séptimo arte.

Plan 9 from Outer Space (1954)

La figura del viejo Ed se ha convertido en objeto de culto en los Estados Unidos desde principios de los ochenta, no por su optimismo y entregado amor al cine, sino por ser el creador de los títulos que ocupan los primeros puestos en las listas del cine basura, un cine en el que todo lo que era registrado adquiría ante sus ojos un valor supremo, inestimable. No importa que se trate de planos de archivo, secuencias rodadas en sacabocados, actores atontados o efectos ridículos, aquello que contaba era el registro sobre película.


Siempre que hablo de Ed digo que debe ser contextualizado dentro de una irónica y tendenciosa corriente revisionista, obsesionada con rastrear en el submundo de Hollywood para rescatar productos de infame calidad, con el burdo objetivo de crear ciertas corrientes de culto, que parecen responder a vacías y simplistas propuestas underground que obedecerían al posmodernista y banal lema del todo vale. En esta línea es en la que debemos agrupar el debate creado en torno a Ed, tanto por la crítica como en los libros que he podido leer sobre él, donde le es asignada al cineasta la etiqueta ya mencionada más arriba, así como la de responsable del peor filme de toda la historia del cine, Plan 9 from Outer Space. Tal y como están las cosas creo que si se diera hoy una invasión extraterrestre sería más o menos como él la cuenta. Además he visto peores películas, os lo puedo asegurar, y muchas de ellas con enormes recaudaciones de taquilla y atesorando cuantiosos premios de academias y demás. ¿Recordáis la primera temporada de Star Trek? serie de culto con esos efectos especiales primitivos, villanos ridículos, vestuario más apropiado del país de OZ que del espacio exterior, tema musical enloquecedor e imposible de sacar de la cabeza. ¿Os podéis imaginar a George Lucas dirigiendo su famosa saga en los años cincuenta sin un duro, sin efectos especiales y con actores surgidos de las cloacas de la sociedad? ¿Os imagináis a James Cameron dirigiendo Avatar con unos dragones de trapo cosidos por él mismo y de cuyo interior dos tipos totalmente descerebrados discuten por no ponerse de acuerdo hacia qué dirección ir? Cuando lo imagino me digo que sería fan de todos eso. Como la vida misma, señores.


Para mí, Ed es una pureza subversiva, una bola errante que no quiso comprender su visión de las cosas, incluso si estaba terriblemente equivocado. Un anti-gran hombre que presenta un enorme dramatismo, porque está constantemente irritando a todo el mundo. Si debo definir con una palabra la vida de Ed sería subversión. Cuando me pongo a pensar en la clase de gente con la que debo lidiar cada día, yo me quedo con esos personajes de los que Ed se rodeó para la filmación de sus películas, una verdadera cuadrilla de freaks.

Ed consumiría sus días redactando baratas movelas pornográficas, hasta fallecer en 1978 a causa del alcohol y las drogas. El mundo de Ed es ahora el nuestro. Vivimos en un alucinado y esperpéntico mundo en el que realidad y ficción se confunden constantemente.


Tim Burton realizó su mejor película con la excelente Ed Wood (1994) demostrando que el cine se convierte en el gran elixir contra la sociedad que menosprecia y margina a los diferentes, y que a la postre es capaz de convertirse en el único medio en donde todavía es posible hacer realidad las más osadas historias. Incluso la de un tipo como Ed.

martes, 17 de septiembre de 2013

Esperando


No podemos hacer otra cosa que esperar. Eso supone, simplemente, vivir. Pero, a veces, decimos que la espera es larga. También podrìamos decir - con más exactitud - que es corta, pues consume espacios enteros de tiempo que no llegamos a vivir ni a utilizar de ningún modo. Ay, recuerdo aquella tarde en la que Federico Fellini se pasó más de una hora esperando en alguna esquina del Trastevere a Marcello Mastroianni - buen amigo a quien quería contar que lo había elegido, olvidándose de Laurence Olivier, para ser para siempre su alter ego cinematográfico -, y cuando éste por fin llegó borracho, descamisado y disculpándose atropelladamente, el gran Federico le dijo: "Al contrario, Marcello, te doy las gracias, que en esta puta mierda de mundo uno solo tiene tiempo para pensar cuando se ve obligado a esperar a alguien".