jueves, 16 de febrero de 2017

El crimen en el cine francés


Espoleada por la popularidad del cine policíaco norteamericano durante la posguerra, la influencia de Marcel Carné y las tragedias urbanas, en el cine francés de los 50 se produjo una auténtica "oleada de crímenes".

El thriller francés de los 50 fue mucho más que un simple intento de beneficiarse del deseo de los espectadores por contemplar la variedad norteamericana del mismo. Es indudable que las consideraciones comerciales jugaron un importante papel pero, aparte de sus grandes dosis de oportunismo, estas películas forman de hecho parte esencial de la larga tradición literaria y cinematográfica de Francia.



Una de las primeras novelas policíacas de la historia fue escrita en Francia: se trata de las Memorias de François Vidocq, publicadas en 1828. Vidocq era un delincuente reformado que destacó por su habilidad con la espada y por su talento innato para robar, engañar y escapar sin problemas de cualquier situación, y en 1811, se convirtió en jefe de la reté, y posteriormente fundó la primera agencia de detectives moderna, la Bureau des Renseignements. La figura moralmente ambigua de Vidocq ha ejercido una gran influencia literaria directa como indirectamente. Ofreció a Balzac el modelo en el que se basó Vautrin, el maestro de la delincuencia convertido en detective, y anticipó la figura de Jean Valjena, el simpático héroe delincuente de Los miserables, de Victor Hugo. También inspiró numerosos folletones policíacos, tan populares en el XIX, como Los misterios de París, de Eugène Sue. 


A través de su influencia sobre Edgar Allan Poe, cuyo personaje C. Auguste Dupin es en realidad el primer detective privado de la literatura. Vidocq inició asimismo la estrecha relación entre las obras de ficción policíacas de Francia y Estados Unidos. Resulta significativo que Poe ambientara las tres historias de Dupin en París.


En general, las historias policíacas francesas del siglo XIX no se ocupaban de la Policía, hacia la que mostraban un gran desprecio por su brutalidad, corrupción y actividades represivas (conviene no olvidar que el auténtico "malo" de Los miserables no es otro que el policía Javert, que persigue implacablemente a Jean Valjean). Los representantes de la ley y el orden solo aparecieron como héroes literarios cuando Emile Gaboriau presentó a un nuevo personaje, el inspector Lecq, en L' Affaire Lerouge, publicada en 1863, y cuando Alejandro Dumas padre creó la figura de Jackall en Los mohicanos de ParísPero seguían siendo los delincuentes los que fascinaban al público francés; por ejemplo, en 1907 Maurice Leblanc introdujo el personaje del ladrón de guante blanco Arsène Lupin, un delincuente que, sin embargo, se ponía frecuentemente del lado de la ley. Todavía sigo siendo un ferviente seguidor de estas novelas.


Hubo que esperar hasta la década de los 30 para que se desarrollara una variedad específicamente francesa de película policíaca, ejemplificada por el sombrío fatalismo romántico de El puerto de las brumas (1938), de Marcel Carné, y Le Jour se Lève (1939), del mismo director, que son de hecho las primeras películas negras de la historia del cine.


Anatole Litvak realizó en 1947 un remake de Le Jour se Lève con el título de The Long Night, mientras que otro claro ejemplo del género, Pepé-le-Moko (1936), de Julien Duvivier, fue también objeto de sendos remakes, Argel (1938), de John Cromwell, y Casbah (1948), de John Berry. Una vez acabada la guerra, Carné filmó su canto del cisne del cine negro con Les Portes de la Nuit (1946). En la inmediata posguerra se pusieron los cimientos del llamado "cine negro" francés, empezando con Mission à Tanger (1949), de André Hunebelle.


La primera aparición del héroe creado por Peter Cheyney, Lemmy Caution, tuvo lugar en 1952, en uno de los episodios de la película de Henri Verneuil, Brelan D' As, titulado Je suis un Tendre. Cheyney y Caution prefiguran claramente a Mickey Spillane, y Mike Hammer en su gusto por la violencia y el sadismo, y tanto autor como personaje alcanzaron gran popularidad en Francia. La primera de las novelas de Lemmy Caution, Este hombre es peligroso (This man is dangerous), se publicó en 1936, y a finales de los 40, Cheyney vendía más de 300.000 ejemplares al año en Estados Unidos y 900.000 en Francia.


La Môme Vert-de-Gris (1953) señala la histórica fusión entre Lemmy Caution y Eddie Constantine, el cantante y actor que llegó a identificarse con ese personaje durante largos años, gracias a títulos como Este hombre es peligroso (1953), Femmes s'en Balancent (1954) y sobre todo Alphaville (1965) de Jean-Luc Godard. Constantine también interpretó papeles de "malo", pero siempre en la línea de su Lemmy Caution, en Votre Dévoué Blake (1954), y en Ça Va Barder! (1955), dirigida por John Berry, uno de los exiliados menos conocidos a causa del maccarthismo, y quien había realizado otra excelente película negra, He Ran All The Way (1951), con John Garfield.



El éxito de Constantine animó a otros cantantes como él a probar suerte en el género, como, por ejemplo, Georges Ulmer, quien interpretó en 1954 Una Balle Suffit, o Armand Mestral, quien apareció en Pas de Coup Dur Pour Johnny (1955). Las películas de Constantine darían también lugar a otras secuelas, como A Toi de Jouer Callaghan (1955), e incluso las típicas comedias de "boulevard" se vieron influenciadas por su estilo.



Mientras duró la época dorada del cine negro de Hollywood, el francés no pudo brillar con luz propia; pero con el declive del primero, cuyos últimos coletazos fueron The Big Combo, de Joseph H. Lewis, Kiss Me Deadly, de Robert Aldrich, y Phenix City Story, de Phil Karlson (las tres de 1955), el segundo empezó a andar con sus propios pies. Para 1953 el thriller galo estaba consolidado y, en los años inmediatamente siguientes, aparecieron los que ahora se consideran como sus títulos maestros. El primero de ellos fue Touchez Pas au Grisby (1954), de Jacques Becker, que es al mismo tiempo el estudio de un delincuente envejecido (interpretado por Jean Gabin) y una meditación sobre la amistad. Ese era uno de los temas favoritos de Becker, quien lo abordó también en Goupi-Mains-Rouges (1943), París, bajos fondos (1952) y Le Trou (1960). Al ser sobre todo un estudio de personajes y ambientes, Touchez Pas au Grisby se aleja claramente de las películas policíacas de Lemmy Caution, basadas en la violencia y la acción.



Dice François Truffaut:

"... lo que les ocurre a los personajes de Becker importa menos que cómo les ocurre. Sus tramas, poco más que pretextos, se hacen menos importantes de película en película. Touchez Pas au Grisby cuenta simplemente el traslado de 96 kilos de oro. Pero, según el propio Becker, lo más interesante para él eran los personajes. Los verdaderos temas de su película son, por tanto, el envejecimiento y la amistad."



Razzia sur la Chnouf se estrenó en 1954. Se trataba de un modesto thriller rodado en escenarios naturales por Henri Decoin y que narraba la infiltración policíaca en una banda de traficantes de drogas. Su argumento se parece bastante al de Puerto de Nueva York (1949), de Laslo Benedek, así como al de La ciudad desnuda, de Jules Dassin, y al de Call Northside 777, de Herny Hathaway (ambas de 1948). Pero Razzia sur la Chnouf más que una película policíaca es un tratamiento del submundo de la droga y el París de noche, sin las limitaciones impuestas por el puritanismo y la censura anglosajones a esa clase de historias. Ni qué decir tiene que la película fue prohibida en algunos países.



Como ya he señalado antes, las historias sobre policías no han gozado nunca de demasiada oportunidad en Francia, salvo algunas excepciones, como Un flic (1947), Quai des Orfevres (1947), Identité Judiciaire (1951) y Serie Noire (1955). La ausencia de policías resulta especialmente notable en Rififí (1955), de Jules Dassin, que, al igual que Razzia sur la Chnouf, estaba basada en una novela de Auguste le Breton, y, al igual que Touchez Pas au Grisby se preocupaba más de las relaciones humanas y de las costumbres del mundo del hampa. La película de Dassin contenía además una de las secuencias de robo más famosas de la historia del cine y algunas persecuciones espléndidamente montadas. Truffaut consideraba que, a pesar de tratarse de un obra posiblemente inmoral, poseía una profunda nobleza trágica. Se trata además de una película desmitificadora en la que los delincuentes no son presentados ni como monstruos ni como superhombres, sino simplemente como seres de carne y hueso que realizan una determinada tarea.



Al igual que La ciudad desnuda y Noche en la ciudad (1950) eran retratos de Nueva York y Londres respectivamente, Rififí es un retrato de París, y no solo un reportaje documental, sino una evocación sugerente y lírica de la atmósfera de la ciudad. Liberado de la censura norteamericana y del Código Hays, Dassin pudo realizar su película más auténtica y personal sobre el mundo de la delincuencia, una película que resiste incluso la comparación con la vigorosa La jungla de asfalto (1950), de John Huston.



En 1956 se estrenó la primera película policíaca de Jean-Pierre Melville, Bob le Flambeur, la historia de un delincuente maduro y jugador empedernido. Como las posteriores obras maestras de Melville, Le Doulos (1963) y Le Deuxieme Souffle (1966), se trata de un examen intenso, intimista y casi microscópico de temas como la amistad, la lealtad y la traición, en el que hasta el último gesto y la última palabra tienen importancia. Al mismo tiempo ofrece una visión sencilla, pero enormemente lírica, de Montmartre de noche, en un intento por parte de Melville de recuperar el París de la preguerra.



Aparte de las películas policíacas en sí, el cine francés de los 50 produjo también toda una serie de interesantes películas de suspense, derivadas de la enorme popularidad en Francia de títulos como los de Hitchcock, Siodmak y otros. Bonnes à Tuer (1954), de Henri Decoin, estaba basada en una novela del norteamericano Pat MacGerr, y se parecía bastante a las historias de Hitchcock, mientras que Obsessión (1954), de Jean Delannoy, se inspiraba en un texto de William Irish, otro autor norteamericano muy popular en Francia. Dos de sus obras, La novia vestida de negro y La sirena del Mississippi, fueron llevadas a la pantalla por François Truffaut. Pero el apogeo del cine de suspense francés está representado por El salario del miedo (1953) y Las diabólicas (1955), ambas de Henri-Georges Clouzot. De hecho, El salario del miedo no es simplemente un elaborado vehículo para provocar tensión (aunque también lo consiga), sino también un duro alegato contra el imperialismo económico norteamericano en América del Sur.



Por otro lado, Las diabólicas es un brillante ejemplo de grand guignol basada en una novela de Pierre Boileau y Thomas Narcejac, también autores de la obra en la que se inspiró Hitchcock para Vértigo (1958).



En 1957, Arsène Lupin fue llevado a la pantalla en Las aventuras de Arsenio Lupin, de Jacques Becker, con guion de Albert Simonin, que también había escrito Touchez pas au Grisby. Pero entonces empezó a surgir la Nouvelle Vague, que supo extraer las lecciones del cine negro americano y ponerlas a su propio servicio, recurriendo a actores desconocidos, escenarios naturales y métodos de rodaje más rápidos y baratos.



Todavía en 1959 Claude Sautet se unió a Jean Redon para escribir el guion de Le Fauve Est Lâché para Maurice Labro. Sautet deseaba escribir un papel para Lino Ventura, al que había admirado enormemente en Touchez Pas au Grisby, y Le Fauve Est Lâché dio a este actor, hasta entonces casi desconocido, una enorme popularidad. Posteriormente aparecería junto a Jean-Paul Belmondo en el primer largometraje de Sautet como director, Classe Tous Risques (1966), estrenada en París una semana después de Al final de la escapada, de Godard, película que supuso una gran renovación cinematográfica, y que supuso una bomba, mientras que la de Sautet pasó inadvertida.


                                     

                       


13 comentarios:

Jimmy FDZ dijo...

Me encantan los películas francesas sobre criminales, mafiosos, etc., tienen una muy fascinante dureza y tratamiento de la violencia, de los bajos fondos o bajos instintos. Lamentablemente no he leído novelas de este tipo. A propósito, y sé que no sale en el post, ¿has leído novelas de Leo Malet (que era admirador de Eugene Sue)? El único acercamiento que he tenido es gracias a Jacques Tardi, que ha adaptado a excelentes cómics algunas de las novelas protagonizadas por Nestor Burma.
Un agrado pasar por acá, como siempre.

Melmoth el errabundo dijo...

Jimmy FDZ

Mi querido amigo, hay muchas cosas que me dejo en el tintero, como la gran obra de Georges Simenon, el maestro de todos, sobre todo de los ambientes, de las atmósferas, las nieblas, las calles mojadas y las motivaciones de los asesinos, que casi siempre son inexpertos. Y sí, conozco la magnífica obra de Léo Malet, sobre todo Calle de la Estación, 120, y Niebla en el puente de Tolbiac (vuelve a salir la niebla). Yo emparento a Malet con Pierre Mac Orlan, otro gran escritor francés totalmente desconocido en nuestro país y donde se puede todavía adquirir sus misteriosas obras; él es el responsable de la novela El puerto de las brumas, por ejemplo. A Pierre le dediqué una vez un artículo en este espacio.

Gracias amigo y fuerte abrazo.

ethan dijo...

Menuda colección de obras maestras nos traes aquí. Muy buen repaso al cine negro francés, más diverisifcado que el norteamericano y en muchos aspectos más atractivo. Con la etiqueta de "Realismo poético francés" ya nacieron cosas como El muelle de las brumas (obra maestra definitiva del género), con la de "polar" todas esas que nombras con Melville, Dassin, Becker, etc. Luego vinieron Chabrol y Truffaut para darle frescura y desdramatización al género, para darle un chapuzón con su nueva ola. La historia es larga y apasionante. Gracias por recordarla.
Abrazos.

Melmoth el errabundo dijo...

Ethan

Sí, a mí me fascina esa literatura y ese cine francés. Primero por el rechazo a las fuerzas del orden y segundo por decantarse hacia el otro lado. En la mayoría de las películas americanas los ladrones (aunque tengan motivos de fuerza para cometer un robo)siempre fracasan al final. Fíjate, por ejemplo, en la figura del comisario de policía Maigret es la gran creación literaria del novelista Georges Simenon, bien conocido de todos los devotos del género policíaco, aunque lo más valioso de sus novelas no sea precisamente la intriga (averiguar quién es el culpable), sino el admirable retablo social de la Francia de mitad del siglo XX, precisamente tomada al nivel que hace de esas novelas auténtico género negro. Simenon posee una bella prosa que suena en la noche por las calles mojadas. En sus novelas hay pocos tiros, más bien se oye un piano que toca una señorita junto a la ventana abierta del estío, en la pequeña ciudad provinciana, Carcassonne o un pueblecito pesquero de Normandía. Por otra parte, los asesinos de Simenon suelen ser sastres o sombrereros de vida muy ordenada, que matan sin ruido."No te juzgo de ninguna manera - dice Maigret -. Estoy tratando de comprenderte."

Un abrazo, amigo.

39escalones dijo...

Me gusta mucho el cine criminal francés, esos nombres asociados a los rostros de Jean Gabin o Lino Ventura, por citar dos, tan cosmopolita como asfixiante. Siempre me ha parecido más tangible que el norteamericano, este más onírico, y por ello más próximo, pero igualmente demoledor. Es un cine que en Francia tampoco existe ya. Recogía espléndidamente la atmósfera de un país desorientado tras la división de la Segunda Guerra Mundial y enturbiado por las guerras coloniales en Indochina y Argelia. Todo el espectro humano generado por estos acontecimientos enriquece este cine con personajes y situaciones magníficos.
Abrazos

Juan Herrezuelo dijo...

Desde luego no es por casualidad que el género negro haya acabado popularizándose entre los cinéfilos con denominación francesa, film noir, una cinematografía por la que los directores norteamericanos han sentido siempre un vivísimo interés, que los franceses supieron corresponder con una incondicional admiración por el cine norteamericano. Aquí traes nombres de muchos quilates, a la máquina de escribir (o la pluma, cuando te remontas al XIX, con Vidocq en el lejano horizonte) o delante y detrás de una cámara. Uno se imagina a un Gabin y un Ventura mezclados en alguna historia policíaca francoamericana con un Bogart y un Mitchum: qué bárbaro. Te has guardado bazas para alguna otra entrada, claro, donde quepan ese Bogart a la francesa que a veces parece Montand y el impagable samurái Delon, probablemente mi película negra francesa favorita, junto con El círculo rojo, en el que Melville reunió a los dos.
Un abrazo

Melmoth el errabundo dijo...

39escalones

Además está esa niebla, esos adoquines, esos puertos... y esa gran tradición literaria como cinematográfica, amigo mío.

Abrazos

Melmoth el errabundo dijo...

Juan Herrezuelo

Desde luego que sí, amigo Juan. No se puede poner todo en un artículo, por suerte. Montand fue otro ejemplar de calidad. Fue el Sinatra y el Bogart francés. Seguiremos hablando de todo este asunto.

Fuerte abrazo.

Anónimo dijo...

http://www.criticadelibros.com/ciencia-ficcion/rascacielos-j-g-ballard/

http://fmaesteban.blogspot.com.es/2009/08/homenaje-jgballard-1.html

Me he quedado alucinado.
¿Plagio descarado?

Saludos.
Licantropunk.

Anónimo dijo...

Pero cómo nos ofreces siempre estos lujos y estos viajes tan fascinantes entre páginas y páginas de libros y fotogramas y fotogramas. Viaje a la literatura y al cine francés... y al mundo del crimen. Y además con una selección de carteles de películas tan bonita... En las brumas me quiero quedar, con un Jean Gabin con gabardina y un cigarro o en plan Pepe le Moko (también puede ser Charles Boyer, claro): "Vente conmigo a la Casbah".

Beso entre páginas
Hildy

Melmoth el errabundo dijo...

Licantropunk

No es la primera vez que me encuentro con mis artículos en otros lares. Es lo que tiene internet, amigo mío.

Fuerte abrazo

Melmoth el errabundo dijo...

Hildy

Me apasionan incluso esos carteles, por este motivo los pongo aquí en tamaño grande. Es todo un mundo, que incluso te diría mágico.

Besos

miquel zueras dijo...

Un repaso muy interesante -y con maravillosos carteles- por el "Noir" francés. De Melville recuerdo especialmente (aunque no sea del mismo género) "El silencio del mar" protagonizada por Howard Vernon con el que colaboraría en otras ocasiones. No sé si se podría incluir la magnífica "La travesía de París" con Jean Gabin y Bourvil, sobre dos estraperlistas que transportan un cerdo cortado en piezas de una punta a otra del París ocupado.
Abrazos!
Borgo.